Al lado suyo los cristales caían con estruendo. Él ignoraba todo lo que acontecía a su alrededor; estaba perdido en las pálidas mejillas de la dama, al fin había logrado dirigirle la palabra tras muchos intentos fallidos… su faceta de ‘héroe encantador’ no conseguía estimar la gran brecha entre vida y muerte; sobrevivir o ser engullido por las circunstancias.
Las pocas personas que quedaban en el edificio caminaban presurosas, buscando erráticamente una salida de emergencia; pronto colapsaría la estructura de concreto. A pesar de esto, el tácito amante no reaccionaba… no podía comprender lo imposible de esperar por una flor en el desierto de la ausencia vital; ella había muerto… y él seguía escudriñando entre sus restos, en un búsqueda de partes dispares y pueriles.
Las hendiduras en las paredes se hacían más amplias, una nube de polvo inundaba todo el lugar y empezaba a cubrir sus fosas nasales; aunque él probablemente obviaría la inhalación de aire, tan humana, para estar tomando trazos de su esencia… al fin podría unirse, entregarse, a ella sin interrupciones ni contratiempos.
(…) Así se le vio aquella vez, bajo los escombros… abrazando el olvido. Él, con una lucida sonrisa; mientras que ella exhibía facciones repudiables, de lo que fue y sigue siendo su condena.





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía