Alzó su mano para tocar su hombro y poder abrazarla. Deseaba demostrarle lo mucho que la quería, que la amaba, pero a milímetros de su piel se detuvo. Ella volteo la mirada hacia atrás, pero no encontró más que una habitación vacía. El entonces comprendió que si no la había podido amar en como debiera en vida, menos podría hacerlo en la muerte. Y se marchó.
En ese momento ella sintió un vacío en el pecho y también una inigualable paz en el alma, por fin era libre.
Angel.E-m




LOUE
Muy buen texto Angel, el amor verdadero nunca debiera ser una cadena. Un saludo !
Mabel
¡Excelente! Un abrazo Angel y mi voto desde Andalucía
Klodo
Me gustó tu prosa, Angel.
Sigue perseverando.
Desde mi Chile y mi voto
Sergio