El pasado de Nia era un tema prohibido de tocar, ya que cuando la madre de Nia falleció, Nia comenzó con una depresión que paulatinamente le fue borrando la memoria de su pasado anterior a los trece años, no olvido todo, pero si tenía espacios en en su mente que fueron borrados totalmente, olvido personas, lugares que visitó, cosas que realizo, pero Nia no lo sabía, ella solo despertó un día pensando que era la misma, nunca se dio cuenta que había olvidado parte de su historia. Así como quien olvida que dejo algo en un lugar y solo se va. Pero de pronto esa persona algo ve u ocurre, que le hace sentir que dejo algo atrás. Y que esto sucediese con Nia era algo de especial cuidado como menciono el doctor de la familia. Si Nia se daba cuenta que había olvidado su pasado, era potencialmente peligroso para su cerebro, le podría producir un golpe tan fuerte que podría implicar una hemorragia, además de lo que implicaba a nivel emocional. Nunca le dijeron que había perdido parte de su memoria, y decidieron cuidarla de cada cosa y detalle que le trajera dolor y confusión.
Demian no era de confianza para Sebastián, el solo hecho de que se juntara en ese entonces con Nia a escondidas le parecía suficiente. Pero la negación para con Demian no era un asunto personal. Sebastián conoció a Demian a los 7 años, tiempo después de que llegara vivir a la casa de Jeremías y Sabina junto a su madre.
Demian era el hijo de Baldo, en ese entonces, amigo de Jeremías y alcalde de ciudad Blanca. Baldo provenía de una elite familiar que escondía un gran secreto, los nacidos con la sangre de esta familia eran irremediablemente más hábiles físicamente que cualquier ser humano, más rápidos y también más fuertes. Los nacidos con la sangre roja, como se le denominaban, tenían la capacidad de mover objetos sin tocarlos o retenerlos en el aire el tiempo que quisiesen. Sus ojos se tornaban rojos ante el peligro, la emoción o las peleas. Pero estas habilidades traían consigo consecuencias, siempre eran cazados por científicos, políticos, y generalmente se les culpaba por los crímenes que no se lograban resolver. Fue así como Jeremías conoció a Baldo, ayudándolo a salir de prisión por un crimen que no cometió. Jamás lo juzgo por lo que era, ni le menciono a alguien más su secreto. Aún cuando el secreto de la Familia roja era un secreto a voces.
Una vez por semana se juntaban en casa a tomar el té y a conversar sobre el futuro del país. Baldo siempre mencionaba la importancia de mantener las ciudades unidas, ya que los conflictos bélicos estaban siempre al dar vuelta la esquina y la nación debía estar preparada para olvidar sus egoísmos y asuntos internos por un bien mayor. Eran largas tardes de conversación, de risas y buenos momentos. Baldo al enterarse del éxito que estaban teniendo los negocios de Jeremías tubo el presentimiento que se convertiría en el futuro alcalde de Amaranta y una de las semanas de diciembre llego a casa como de costumbre, pero esta vez acompañado de su esposa y su hijo Demian el menor. Baldo tenía tres hijos, Adri, su hija mayor tenía un importante puesto en la empresa textil de su madre, Calistar el segundo hijo llevaba las cuentas de ciudad Blanca, por último, Demian, el menor de tan solo 11 años.
La crianza de los hijos recaía especialmente en su esposa, ya que Baldo pasaba más horas trabajando. La madre de Demian era estricta, tenía una cierta preferencia por sus hijos hombres ya que serían quienes heredarían el poder, por ende, los crío como se crían a los futuros grandes emperadores o al menos eso es lo que ella decía, con normas y reglas especificas, regulando cada uno de los círculos de sus hijos, y dejándole a Adri la tarea de atenderlos cuando ella no estuviese en casa. Fríos como la ciudad donde vivían. Pero Demian era su obra maestra, de sangre roja y con una personalidad que hasta a los adultos les nacía respeto.
Por eso el día en que Baldo decidió llevarlo a casa de Jeremías, la madre de Demian desesperó y se negaba rotundamente a vincularlo con la familia de Nia y Sebastián por mucho que eso implicara en el futuro una alianza política. Pero Baldo sabía que era él quien tomaba las decisiones y sin volver a preguntarle le dijo a su esposa que se vistiera con sus mejores ropas, porque irían a como dé lugar a casa de Jeremías a presentarle a su hijo Demian quien se convertiría en el prometido de Nia con el fin de consolidar la alianza.
Fue ese día cuando Sebastián lo conoció. Ninguno de los dos tenía idea que hacían en ese lugar. Sebastián no acostumbraba a recibir ese tipo de visitas y Demian no solía abandonar su casa. Su pelo rojizo, la piel blanca como la nieve, su mirada perdida, parecía que por él no pasaba ni el viento. A Sebastián no le gustaba el frío que emanaba Demian. Aquel día, Baldo, su esposa, Jeremías, Sabina y Edelia, pasaron más horas que nunca conversando mientras dejaron a los niños en el jardín conociéndose. La idea que tenía Baldo de comprometer para un futuro a Demian y a Nia era un tema que se hablo profundamente.
Jeremías le pidió a Baldo que si Demian iba a ser parte de la familia entonces tendría que venir al menos una vez por semana a la casa, ya que él quería enseñarle los valores que acá se practicaban, además de que pasara vacaciones, eventos importantes y algunos viajes con la familia. Baldo en ningún momento se opuso a los requerimientos de Jeremías, es más, incluso le ofreció que si Nia en un futuro decidía no estar con Demian no existiría mayor problema. Sentimiento que la madre de Demian no compartía en lo absoluto, tan solo pensar que su hijo tendría que lidiar con esta gente le producía malestar.
Mientras tanto en el jardín Sebastián y Demian no se mencionaban ni una sola palabra, Sebastián jugaba por su parte y Demian solo estaba sentado con la mirada perdida. Fue cuando Nia rompió el silencio; con un cuaderno en mano y muchos crayones entró al jardín a mostrarle a Sebastián lo bien que había dibujado.
Fue entonces cuando vio a Demian por primera vez, se acercó a él lentamente y se sentó a su lado, permaneció así unos segundos observándolo, luego se levantó y volvió a la casa. Sebastián se preguntaba qué era lo que tramaba Nia, mientras terminaba su montaña de juguetes. Entonces volvió con unos guantes puestos y una mariposa azul de papel coloreada por ella. Se acerco a Demian para dársela.
- Ten, es un regalo, es una mariposa – Dijo Nia
Sebastián sorprendido de que Nia no sintiera ningún tipo de miedo contra Demian y su actitud fría, siguió observando la situación con cuidado. Él sabía que Nia era de esas personas que te abrían las puertas a su mundo, así fue con el también, pero Demian era distinto a él, Demian era frio ni siquiera se impresionaba con las cosas, parecía inerte.
Demian cogió la mariposa y la tiró al piso. Sebastián se inmuto, sin embargo, Nia se acerco a la mariposa la cogió y otra vez se la entrego.
- Ten, la dejaste caer. – Dijo Nia
Demian muy molesto se levantó miró a Nia con desprecio y dijo:
- Niña a mi no me gustan las mariposas.
- Lo siento, si quieres puedo hacerte otro dibujo – Dijo Nia
- No quiero nada tuyo – Respondió Demian caminando hacia la casa.
Entonces apareció la madre de Nia, que fue a buscar a su hija y a Sebastián para presentársela a la familia de Demian, mientras que la esposa de Baldo llamaba a su hijo con un grito. Se encontraron otra vez en la sala, Nia seguía mirando a Demian con ojos curiosos, Sebastián por su parte lo observaba con recelo. Demian, sin embargo, no presentaba ninguna expresión.
- ¿Hija porque tienes guantes con esta temperatura? déjame quitártelos – Dijo Sabina
- Esta niña no conoce lo que es el frío – interrumpió riendo la madre de Demian
- No mamá, por favor, me da vergüenza – Se negaba Nia y le decía entre dientes a su madre.
Toda la sala incluyendo a Demian estaban mirando cuando Sabina le saco los guantes a su hija. La gran impresión que se llevo Sabina al darse cuenta que las manos de su hija estaban todas lastimadas, fue compartida por todos con la excepción de la madre de Demian que libero una suave carcajada para ella misma.
- Hija, ¿Cuántas veces te he mencionado que no hagas manualidades tu sola? – Dijo Sabina angustiada.
- Nia es una muchacha muy valiente – dijo Baldo, tratando de subir el animo a Nia, quien se encontraba muy avergonzada.
- Me disculpan un momento, iré a lavar sus manos – prosiguió Sabina llevándose a Nia a otra habitación
En ese momento Sebastián alcanzó a percibir como el rostro de Demian cambió. Éste al notar el esfuerzo que había puesto esta pequeña niña en él, y la forma en que había menospreciado su trabajo, paso de estar sereno a estar completamente inundado de una sensación que no había sentido nunca, salió de la sala con dirección al jardín, busco aquella mariposa que tanto rechazó, pero ya no estaba. Con rapidez busco por la casa papel y lápices mientras los demás permanecían en el salón, varias veces escucho que su madre lo llamaba, pero la ignoró, como nunca antes. Con lo poco que encontró construyo una estrella, y cuando estaba lista corrió a buscar a Nia.
Nia estaba sola en el comedor cuando vio que Demian se le acercaba con apuro. Este le entrego la estrella y Nia alegremente le devolvió la mariposa que ella había hecho para él.
Este fue el principio de su vínculo, Sebastián lo sabía bien, el pudo ver como Demian se fue convirtiendo cada semana que pasaba en algo que solo la magia de Nia podía convertir. Todos los viernes Demian llegaba para estar el fin de semana con ellos. Nia esperaba el día viernes como quien espera un sueño. Anhelaba ver entrar a Demian, por eso los días viernes por la mañana pasaba horas sentada en la escalara esperando que la puerta se abriera y cuando lo hacía y veía asomarse el cabello rojizo y la tés blanca de Demian, corría gritando su nombre para abrazarlo. Este la abrazaba y sentía que su verdadero hogar estaba en la mirada de esa niña. Con los años aprendió cada detalle de la casa de Jeremías éste que era como su segundo padre, depositó en sus manos el cuidado de Nia. A Sebastián lo quiso como a un hermano, a Sabina y a Edelia las respeto incluso más que a su madre y a Nia la amo como lo que era, su vida, su hogar, su todo, su Nia.
Demian respetaba y cuidaba a Nia más que a su propio ser, conocía cada uno de sus gestos, de sus miedos, sus gustos, lo que la alegraba, lo que no. Pero incluso así, el sentía que cada día a su lado aprendía algo nuevo. De a poco la crianza fría y desconsiderada que su madre le había impuesto se fue borrando con las sonrisas de Nia.
Cuando Demian cumplió los 16 años Jeremías le contó las intenciones de Baldo y le hizo prometer a Demian que este respetaría la voluntad de su padre, cuidando, protegiendo y honrando a Nia y jamás haciéndola sufrir. Además de pedirle a Demian discreción ya que en ese entonces Nia solo tenía 11 años.
A pesar de que nunca lo dijo, para Demian ese día fue uno de los más importantes de su vida, ya que él ya había pasado horas antes atemorizado con el día en que Nia conociera a su prometido. El saber que Jeremías le había brindado ese honor a él, lo llenaba de paz y felicidad y a medida que pasaban los meses, la ansiedad de saber que diría Nia cuando se enterara lo carcomía.
Cuando Demian estaba por cumplir sus 18 años, decidió que debía confesarle a Nia lo que sentía por ella sin decirle nada del acuerdo que existía entre sus familias. Nia estaba creciendo, ya tenía 13 años y los celos eran más grandes cuando la veía con otros hombres, además para Demian cada abrazo de Nia se volvía cada vez más difícil de rechazar. Así un día en la playa Demian le dijo a Nia. Ésta feliz lo abrazo fuertemente y le pidió a Demian que nunca se apartara de su vida.
Ese momento fue inolvidable para Nia hasta que falleció su madre Sabina.
Los recuerdos de Nia de pronto se habían ido, todo lo relacionado con Demian se borró de su memoria, no recordaba siquiera haberlo conocido. Esta triste noticia fue llevada por Jeremías a Demian, quien no pudo dejar de sentir la peor de las torturas.
Jeremías tuvo que explicarle a Demian, que Nia no estaba al tanto que había perdido la memoria, que los trabajos de recuperación de memoria eran contra indicadores para ella y que lamentaba mucho pedirle que se alejara de ella, puesto que si en algún momento ella comenzaba a sentir que lo conocía o recordaba imágenes, Nia podía caer en una enfermedad que la podía llevar a estar años en cama.
Jeremías y Demian lloraron ese día tanto como si ese día hubiese muerto Nia también.
Con el tiempo, todos en la familia se acostumbraron a vivir con Nia como si nada hubiese sucedido en su memoria, si ella no estaba al tanto, por qué tendrían ellos que estarlo, se decían. Sin embargo, Jeremías sabía cuánto amaba Demian a Nia, por eso le encargo a Sebastián que cuidara a Nia de encontrarse con él.
Demian por su parte jamás dejaría de velar por Nia, y los días siguientes a lo ocurrido, el se dedico a vigilarla desde las sombras, a cuidarla a su manera, con la esperanza de que algún día ella recordará ese pasado tan preciado para él. La veía salir de su casa siempre por las tardes, la seguía y se preocupaba de que volviera sana y salva, sabía que Nia después de la muerte de su madre había dejado de hablar. Y estaba al tanto de todo su bienestar ya que se escribía con Jeremías.
A pesar de todas las advertencias, Demian decidió probar un día ser visto por Nia. Y lo probo una y otra vez notando que Nia seguía igual que siempre. Cuando ya estuvo seguro de que su presencia no la perturbaba tomo la decisión de hablare.
Nia conoció a Demian esta vez como aquel ángel guardián que le traía una rosa.
Pasaron muchos meses donde Nia se juntaba a escondidas con Demian. Sebastián lo sabía, mas no decía nada, pues ponerse en los zapatos de Demian, era inevitable. Pero las cosas no duran para siempre y Jeremías se enteró. Éste le pidió a Demian que por favor por el honor de los viejos tiempos dejara de ver a Nia, que ya no le importaba que la cuidara escondido en las sombras, pero que compartir con ella era algo que no estaba correcto. Tanto como para ella y como para él, puesto que merecía rehacer su vida.
A pesar de que Demian no quería dejar a Nia, lo hizo por Jeremías, y le dijo a Nia que se iría de la ciudad. Lo que no fue cierto, ya que la cuido con el dolor de su alma incluso después de que conociera a Matt y viera como su Nia dejaba ya de serlo. Pero para Demian, la vida también seguía y tuvo que volver a ciudad Blanca a ayudar a su madre para que Calistar y Adri fueran bien aceptados como los futuros alcaldes de ciudad Blanca. Aun así, Demian siempre dejo su corazón puesto en Amaranta.
Por ende, no fueron más que las circunstancias de la vida lo que habían obligado a Sebastián a ponerle un alto a la relación que Demian había tenido con Nia. Para Sebastián era egoísta por parte de Demian no pensar que sus actos podían tener consecuencias en la salud de Nia.




Klodo
Hola Naiya
Muy buen relato….Te felicito.
Tienes un estilo que intriga y entretiene.
Una buena fórmula
Saludos y mi voto
Sergio
Naiya Viveros
muchas gracias 🙂