Todo lugar es aqui

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Salí de Lambeth Hospital como a las cuatro de la tarde, justo para contemplar el atardecer en Londres. Me picaban los brazos por los pinchazos y las sondas de los últimos días, pero parecía estar en buena forma, o eso dijeron los médicos. Además, llevaba un cheque de 500 libras, mi sueldo tras cuatro días de ensayos clínicos.

Había visto un anuncio en el periódico en el que pedían voluntarios jóvenes y sanos, y acudí junto con otros muchos desempleados, estudiantes y vagabundos –estos últimos fueron derivados a otro proyecto- . Tras un reconocimiento, firmé un montón de papeles en los que les eximía de cualquier responsabilidad penal, así como de cualquier tipo de compensación por invalidez mental o física; tras esto, ingresé en una planta especial.

Unos enfermeros me acribillaron concienzudamente, extrayendo e inyectando, sin perder una media sonrisa, y sin dar jamás una explicación. Luego mejoraron las circunstancias, me trasladaron a una habitación individual con televisión y unas áreas comunes cuyo mayor atractivo eran unas mesas de ping-pong.

Al estar en Reino Unido, pronto nos organizamos para establecer unos torneos, y por la misma razón, surgieron las apuestas. Poníamos cinco libras por participar y el vencedor se los llevaba todo.  Fui finalista dos veces, aunque había un tal Robert que siempre ganaba. Era un negro alto, medio jamaicano, medio holandés. Pasadas unas partidas, vimos que era imposible batirle, y perdimos el interés. Nos explicó que ganaba  gracias al budismo.

– Os venzo gracias a vuestra angustia…Por ejemplo, toda esta ansiedad que habéis formado con las apuestas–y dicho esto, procedió a devolvernos casi todo nuestro dinero- Me quedaré esta parte como un donativo por mis consejos. La gente cree que meditar es “comerse la cabeza” acerca de las cosas, cuando es precisamente lo contrario, estar en el presente, y solo así, y con paciencia, se ven el problema y la solución. No es una práctica complicada, todo el mundo puede hacerlo.

– Perdona Robert, tengo una duda: Cuando veo porno o juego a un videojuego estoy absolutamente  concentrado en el presente, ¿significa eso que estoy meditando? –dije-

– Jaja, temo que no, Óscar, diría que estás concentrado, pero en un presente que NO es el tuyo. De todos modos, si quieres iniciarte hay unas sesiones gratuitas en Brixton, en el Zen Studio, los martes a las 17,00.

Era martes cuando me dirigía de vuelta a casa, ingresé el cheque y me dirigí al Zen Studio. El cielo de atardecer de Londres parecía el fondo de una chimenea, lleno de ceniza y algunas brasas. Llegué unos minutos antes de la hora, y había una chica dubitativa frente a la puerta. Su apariencia me era familiar.

-Hola –dije-

-Hola –sonrió- Tu eres…

-¡Claro! Soy Óscar y tú eres Chandrea.

Ah, Chandrea, una antigua compañera de una fábrica de cables en Maidstone. No la había reconocido al principio, porque en aquel empleo iba maquillada como una especie de geisha pasada por el glam rock. Estaba mucho mejor ahora, más delgada, y resultó que tenía una cara bastante interesante sin aquellas pinturas de guerra. Era mitad camboyana, mitad francesa.

En la fábrica se la conocía  por sus excentricidades, como sus pelos de múltiples colores; también reía y lloraba a menudo. Decía de sí misma que era bruja y una vez en que la abroncaron prendió fuego a  la instalación. No hubo víctimas y fue absuelta porque el tribunal entendió que padecía esquizofrenia o algo así, creo que le dieron un subsidio. El caso es que yo también pensaba a menudo en quemar aquel mierdoso lugar, así que, por si acaso, dejé el trabajo.

-Vaya, no sabía que eras budista.-Me dijo-

-Bueno, venía a ver cómo es esto de la meditación.

-Te va a gustar, Mike es un tío genial.

Subimos al primer piso, había bastante gente. Dejé un par de libras en la hucha de donativos, y la chaqueta y los zapatos en una habitación. Me alegré de que los agujeros de los calcetines fueran pequeños, menos mal, porque no había caído en ese detalle. Nos sentamos y Michael comenzó a explicarnos lo que íbamos a hacer. Parecía un hombre bastante razonable, quizá incluso con un punto barriobajero. Me cayó bien por eso. Después de unos ejercicios respiratorios, cerramos los ojos y continuamos escuchándole…

“Vamos a sentarnos, a concentrarnos, y a observar nuestra mente, esa loca que no para de dar saltos” Quizá fuesen las de los otros, la mía estaba más bien aturdida tras los días en el hospital, así que hasta ahí fue fácil…“Observa las emociones que te van atravesando, acéptalas, investígalas, pero sé consciente de que no SON tú” No sé si le entiendo bien, voy a pensar en mis emociones a ver… Vaya, esa morena que me estaba mirando antes, incluso me ha sonreído, y ya estoy recalculando si me la follaría, quizá estemos constantemente lanzando y recibiendo esporas de apareamiento, es nuestro trabajo como organismos vivos, ¿será esta mi obsesión? El chico siguió hablando “recordad que, al igual que nuestras ansiedades nos atraviesan y pasan de largo, nuestros apegos no tienen que encadenarnos…”, Creo que tienes razón Mike, el amor está sobrevalorado, solo queremos que nos que nos adoren, que nos pertenezcan, y creo que no debemos ser dueños de nadie, debemos pasar de largo… ¿estaré meditando? “Tenemos que vivir en el presente constante. No persigas tus sueños, deja de soñar, tienes que despertar”. En Londres, todo el mundo sigue su gran proyecto, se dice que en la vida has de  saber lo que quieres, y luchar por conseguirlo; pero yo no sé si quiero algo, y mientras tanto, sobrevivo al día, en silencio, como ahora. Y este tío me está haciendo pensar que tengo razón, el budismo es muy punk. El tipo siguió hablando, pero no recuerdo qué más dijo, porque de pronto, una especie de tapón que estaba atascado en mí se despertó y me entró un tremendo ataque de tos y una especie de llanto incontrolable.

Me levanté y salí sin mirar atrás, hacia los baños. Tosí y lloré y me sentí mejor, quién sabe por qué lo necesitaba. Respiré hondo y me sentí bien. Iba a volver, pero resultó que había terminado la clase. Chandrea se estaba poniendo los zapatos en el pasillo.

-Hola Chandrea, oye ha sido muy interesante esto.

-Ya te lo dije –sonrió-  aunque hay algunas cosas en las que no estoy de acuerdo.

-¿Y eso?

-Bueno, han hablado al final de un retiro en un monasterio, era muy interesante, pero cuesta un pastón. Al final no está muy en consonancia eso con la espiritualidad.

-Desde luego, es como ese escritor, Osho, y su imperio. Por no hablar de la iglesia católica.

-¿Sabes? Tengo una amiga súper creyente, a pesar de que yo echo las cartas y soy bruja, pero somos íntimas. Ella tiene un grupo de lesbianas cristianas.

Nuestra charla continuó escaleras abajo, y paseando por Coldharbour Lane. Era difícil tener una conversación más o menos específica o con mucho sentido, pero me sentía bien con ella. Y decididamente le había sentado bien salir de aquella fábrica.

-Cuando vivía en Marsella, ganaba un buen dinero con el tarot, y luego marché con los Hare Krishna, cerca de París, era una gente muy buena, pero muy radical, les parecía mal que tomase cerveza.

-A mí también me gusta tomar una pinta, vamos a tomar una.

-Eso es,  y hablando de cristianos, ¿Sabes una cosa que no me ha gustado? La sesión ha estado muy bien, pero normalmente te das un abrazo al final con los del grupo, como en la misa.

-Ahora que lo dices, cuando terminé me dieron ganas de saludar y despedirme pero como estamos en Londres y aquí no se expresan emociones…

-Ja ja, es verdad–concluyó-, las personas digamos más convencionales me asustan, hay muy poco amor en sus vibraciones, una mezcla entre agresividad y miedo.

-Estoy totalmente de acuerdo Chandrea…

-Creo que serías un gran profesor de meditación, ¿sabes?

-Ja ja, bueno, dame tiempo, es mi primer día. ¿Sabes qué?, te voy a dar ese abrazo que no nos hemos dado al final.

Nos quedamos abrazados un rato, demasiado. Sentí sus manos en mi espalda, y nos besamos.

-Chandrea, siento un gran deseo sexual hacia ti.

-Yo también, vamos a tu casa.

Sentía latir su verdadera personalidad turbulenta a punto de estallar en cada momento, pero me dejé llevar por el riesgo. Por fortuna, primero nos concentramos en el sexo, que estuvo muy bien,  el yoga y la brujería siempre ayudan. Gritaba como una leona y temí alertar al vecindario, por suerte nadie llama a la policía en Brixton.

Después rebusqué y encontré un poco de marihuana de hace meses –no fumo apenas- y abrimos un par de latas de cerveza. Se acurrucó en mi pecho y me habló de un mal novio que tuvo, un traficante, al final lo mataron en Pakistán, me relató también  sus dos años en el pabellón psiquiátrico en una cárcel de París, su alegría y su descubrimiento de la naturaleza en Saint Etienne con unas monjas que tenían una ONG…He conseguido ponerlo en orden, pero era casi imposible seguirla, pues intercalaba hechos y emociones con los arcanos del tarot, explicaciones sobre plantas medicinales o mágicas, además de parrafadas en francés y jemer. En conjunto, me resultaba más interesante que la inmensa mayoría de la gente.

Finalmente se levantó y con voz tierna, me dijo:

-¿Me perdonarás si me marcho y no me quedo aquí? No estoy preparada para toda esta emoción.

-Por supuesto, yo también estoy un poco abrumado…

-Bueno pues…¡Nos veremos! –dijo, con una sonrisa maravillosa, y cerró la puerta tras de sí-

No se molestó en intercambiar teléfonos, aunque sabíamos perfectamente donde encontrarnos.

Tras su marcha se hizo un gran silencio en mi habitación. Al menos un silencio de Londres, con las ambulancias de fondo y todo eso. De pronto sentí un irresistible deseo de bailar y puse mi selección de temas funk sesenteros y setenteros, Maxine Nightingale, Irma Thomas, Gloria Jones…Os las aconsejo para bailar por la cocina, como hice yo. Creo que estuve como cuarenta minutos.

Ah, y  me acordé de lo último que dijo ese hombre antes de que me diera el ataque, “tened un pensamiento positivo para los seres queridos, y también para los que no conozcáis de nada”.  Así que ahí va por ustedes, hermanas y hermanos.

 

 

Comentarios

  1. LOUE

    20 mayo, 2018

    Me ha encantado tu relato, respira franqueza y frescura. Tú personaje femenino muy auténtico y entrañable. Un abrazo The geezer !

  2. Mabel

    20 mayo, 2018

    ¡Excelente! Un abrazo Cesar y mi voto desde Andalucía

  3. The geezer

    20 mayo, 2018

    ¡Muchas gracias LOUE no sabes qué ilusión me ha hecho tu comentario!

  4. The geezer

    3 junio, 2018

    MICRO-RACISMOS: Una querida amiga me cuenta “Me chirrían los dientes si en un relato oral o escrito, refieren al negro como negro…cuando por ejemplo nada se dice del color de piel de Chandrea, el protagonista o cualquiera de los otros mencionados…. “.Quería que mi personaje, Robert, fuese el más «cool» del relato y me ha salido mal, por ese deje racista que tan bien me han señalado. Nuestros micro-racismos son como nuestros micro-machismos que debemos combatir.

  5. Arena

    29 agosto, 2018

    Hace un tiempo que no paraba por Falsaria… Me ha gustado mucho tu relato, es fresco, directo y muy original. Con respecto al micro-machismo que comentas, te honra y admiro tu auto crítica. Pero creo que en la lectura, yo necesitaba saber que Robert era negro, me lo imaginé y lo vi, Jamaicano, alto y brillante. Es una característica más, que no define a la persona y sin embargo la hace única en el relato. Cada uno sabe qué siente cuando escribe y en quién se inspira, son más los sentimientos que van detrás de las palabras que las palabras en sí, lo que hacen un mal gesto! Creo yo… Mi voto y un abrazo!

  6. Arena

    29 agosto, 2018

    * The Geezer perdona, me refería al micro-racismo…. 😉

  7. The geezer

    29 agosto, 2018

    Muchísimas gracias por tu lectura y por tu comentario! La verdad, ahora con el tiempo yo también veo que no tenía importancia, aunque tu lo has expresado mucho mejor que yo. Gracias de nuevo y un abrazo!

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