Yo solía amar este lugar. Me endulzaban sus árboles, sus escaleras, sus colores, sus cabezas. Millones de hojas caían para ser recogidas y cada mañana adoré ver el espectáculo. Creí que ese lugar era un camino, una meta y un premio. Solo yo sé cuánto de mí di, cuanta confianza y cuantos sueños. Hoy no queda nada. Hoy llego y miro las mismas hojas y me da pena lo tonta que fui. Las cabezas son falsas, impertinentes, calculadoras, antinaturales. Hoy vivo sin sueños, hoy sé que no debo tenerlos. A eso fue lo que me enseñaron las escaleras y el búho con fusil que me mira sin piel, sin hojas, sin lengua.




Mabel
¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Esruza
Buena manera de expresar la desilusión.
Mi voto y saludos