Vi una flor blanca que parecía el vivo retrato de la pureza, que se asemejaba al amor cuando nace, a la verdad cuando no muere. No solo se mostraba hermosa, se la veía frágil, vulnerable. Podías ver sus venas a través de los pétalos que se transparentaban por los rayos de sol de la tarde. Me resultó conocida esa belleza singular, la tenía de algún lado.
Me absorbía por completo la honestidad de esa flor, que lo embellecía todo. Era el orgullo del árbol en que nació, del jardín que habitaba, de la ciudad en que vivía. Y sin embargo yo sentía conocerla de otro lado. No a la flor, ella era única, inigualable; sino a esa belleza tan pura que reflejaba su blanco. La había visto antes, estaba seguro. La pureza, el amor que inspiraba, la hermosura, la verdad absoluta. La conocía pero… ¿Cuándo? ¿Dónde?
Entonces, de alguna manera lo supe. No era otra flor olvidada, la conocía de otro modo, en otra forma. Me crucé con ella en tres ocasiones. Los tres encuentros se dieron en hospitales. En el primero, a los diez años, yo estaba frente a la cuna de Melodi, mi hermanita menor, asomando la cabeza para verla, sintiéndome culpable por llegar a conocerla un día tarde. Y su mirada no me acusaba, no sabía hacerlo. La misma mirada vivía en Santi, mi primer hijo, en su primer llanto cuando no entendía la vida, el frío, el aire y la falta de líquido. Y también estaba en Alma cuando recostada sobre el pecho de su madre descansaba escuchando música en cada latido. La misma belleza en tres miradas de amores que recién nacían. Una flor, tres miradas… el milagro de la verdad absoluta.





LOUE
Qué hermoso Leonel! Me encantó como expresas la inocencia de los niños a través de tu mirada de poeta en tan bella flor. Fenomenal !
Un abrazo !
Leonel Insfrán
Muchas gracias @LOUE !!! Me da mucho gusto que te haya gustado! Gracias por siempre tener palabras generosas hacia mis textos! Un abrazo!
Mabel
¡Qué maravilla! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Lilo
Me ha recordado la sensación que tenía cuando miraba a mis mellizos recién nacidos.
Parecían irreales, como pequeños unicornios, criaturas que venían de un lugar donde todo era espíritu.
Me daba pena pensar que al encarnarse iban a sufrir enseguida.
¡Qué bien leer que tú también lo has visto!
Luis
Muy bonito cuento, un abrazo y mi voto, Leonel!!
Leonel Insfrán
Muchas gracias @Mabel !!! Un abrazo!
Leonel Insfrán
Que bello @Lilo!!! Me hubiese gustado mucho ser padre de mellizos!!! La sensación de estar ante la inocencia más pura, siempre me resultó increíble. Los ojos sin dolor, sin reclamos, sin espinas… es algo único y que dura muy poco…
Leonel Insfrán
Muchas gracias @Luis !!! Un abrazo!!!
VIMON
Hermoso texto. Saludos con mi voto.