Y entonces la vio…

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De repente vio unos ojos entre la multitud. Unos ojos azules que jamás había visto nunca. Unos ojos sinceros, profundos y que irradiaban vida.

Y entonces entendió porque nunca antes había funcionado. Aunque entenderlo no era la palabra correcta, porque hay veces que las cosas suceden por algo y simplemente supo apreciar que no estaba preparado.

Y dio gracias, sin saber a quién, de haber gritado, de haber sufrido y de haber llorado, porque después de la tempestad siempre llega la calma. Y después de la calma, siempre llega la ilusión. Y después de la ilusión, siempre llega un sueño.

Porque ser feliz no consiste en ganar una batalla, no consiste en derrotar a nadie. Ser feliz consiste en no rendirse jamás, en levantarse una y otra vez tras todas las caídas sufridas, porque sabes que un día esa caída será la última. Y te das cuenta, que el regalo más bonito que puedes recibir es tiempo, que no hay nada más bonito que recibir sin esperar nada a cambio.

Comentarios

  1. Mabel

    18 mayo, 2018

    ¡Qué hermoso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Luis

    19 mayo, 2018

    Muy bonito, un saludo junto a mi voto-.

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