Magia

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Ella me explicaba las razones del «no». Sentados en el banco de la plaza de todas nuestras tardes. Lo de siempre: «no quería perder mi amistad», me quería pero no «de esa manera», «no soportaría hacerme sufrir». Me tiró encima la enciclopedia del rechazo compasivo, mientras yo miraba fijamente la única flor de la planta que frente a nosotros guardaba silencio. Me sentía un idiota, no por haberle confesado lo que sentía y ser enviado a un freezer sin escalas, sino por las mil quinientas metáforas que ella estaba utilizando para hacerme entender que yo era el sueño de cualquier mujer, menos el suyo. Como si me viera incapaz de entender su simple falta de atracción. Todas las tardes nos sentábamos ahí, con esa manta desgastada, los mates y los bizcochitos de grasa; nos conocíamos bien, me lo contaba todo. Sabía de la historia con Luis, de la vez con juan, de las semanas ilegales con Elías (mucho mayor que ella) a escondidas de sus padres y de la esposa de él cuando aún no tenía los dieciocho. Sabía que iba al frente, que no daba muchas vueltas cuando alguien le gustaba, pero ella parecía haber olvidado que yo sabía. Y ahí nos tenía el tiempo, ella haciendo esfuerzos sobrehumanos para no herirme tanto y yo mirando la única flor.

Su discurso parecía no terminar nunca. «¿Me entendés?», repetía una y otra vez al final de cada ensayo acerca de «la amistad por sobre el amor», yo asentía, pero ella insatisfecha comenzaba otra vez desde una nueva perspectiva. Se la notaba nerviosa, lamenté ponerla tan incómoda, pero hacía tiempo lo que sentía era para mí una carga difícil de sobrellevar y más cuando tarde tras tarde tenía la primicia de sus besos en otros labios, de su corazón en otras manos, casi siempre indignas de su amor, o de un espacio en sus pensamientos. Y no es que yo sintiera merecerla, pero la amaba con sinceridad, sin segundas intenciones.

Conocía sus defectos y me enamoraban tanto como sus virtudes. Algo estaba roto en ella, algo arrastrado de un pasado, que la llevaba a buscar a quien pudiera herirla, y a quien ella pudiera lastimar sin sentir culpa. Era un ser extraño, al que fácil se le tomaba cariño y del que fácil te convertías en blanco. Pero tenemos esa manía algunas personas de sentirnos más atraídos por el pájaro herido que por la flor sanadora.

«¿Por qué me haces esto Gustavo?», me dijo en un momento con los ojos llenos de lágrimas, «eras lo único que me quedaba… mi refugio». Yo, derrotado y un tanto afligido por su llanto, sin apartar la mirada de la flor traté de responder a su pregunta:

—La primera vez que vinimos, me dijiste que querías que este fuera nuestro lugar, solo por esa flor, que era única. Tan frágil que parecía siempre en peligro de muerte, y sin embargo tan fuerte que vivía y regalaba vida; que era imposible no enamorarse de ella. Marina, vos sos cien veces más frágil, mil veces más fuerte, infinitamente única… ¿Y pretendés que no te ame?

Me tomó el rostro y me besó con rabia, miedo, esperanza, dolor, sueños, fragilidad, ilusión, llanto y sonrisa. La flor sonrió mientras perdidos en un beso nacido cientos de atardeceres atrás no la observábamos… lo había hecho de nuevo, su magia seguía intacta.

Comentarios

  1. Lady Hawk

    3 junio, 2018

    «Pero tenemos esa manía algunas personas de sentirnos más atraídos por el pájaro herido que por la flor sanadora.» – Hermoso relato, saludos y mi voto.

  2. Estefania

    3 junio, 2018

    Un cuento precioso. Terreno amistad, siempre a debate con el amor, cuando deberían ir juntos…¡Qué sentimiento este! No podemos vivir con él ni sin él…¿Al final,(ya estoy acostumbrada a que me los dejes abiertos) siguen juntos, se separan, lo sellan todo con un beso y olvidan? ¿Qué pasa en tu final?
    Mi voto, por supuestísimo, y mi abrazo.

  3. Luis

    3 junio, 2018

    Me encantó, un abrazo y mi voto Leonel!

  4. Mabel

    3 junio, 2018

    ¡Qué maravilla! Un abrazo y mi voto desde Andalucía.

  5. Sosias

    3 junio, 2018

    Precioso cuento, Leonel.
    Saludos y mi voto.

  6. LOUE

    3 junio, 2018

    Una maravilla de cuento Leonel, qué bien escribes! Mi sincera admiración y un abrazo !!

  7. Lilo

    4 junio, 2018

    Bien descrito el desamor, el amor y la esperanza.
    «… y yo mirando la única flor», muy bien la metáfora.
    Sensible en su punto exacto.
    (Te voto como siempre.)

  8. Leonel Insfrán

    4 junio, 2018

    Muchas gracias @Ivonnevargas ! En especial porque en tus comentarios siempre destacás alguna frase que te gustó o te llegó. Me gusta eso de saber el punto de conexión con quienes leen. Un abrazo!

  9. Leonel Insfrán

    4 junio, 2018

    Muchas gracias @Estefania ! Al final, la barrera se rompe y ella lo besa… después de eso… tú decides. Pero tiendo a pensar que después de romper semejante barrera, se dan una oportunidad. Lo que no sé y nunca sabré, es cómo les fué en ella. Un abrazo!

  10. Leonel Insfrán

    4 junio, 2018

    Muchas gracias @LOUE ! Es muy amable de tu parte, siendo una celebridad de Falsaria! Mi admiración para ti también!

  11. Leonel Insfrán

    4 junio, 2018

    Gracias @Lilo, tenerte entre mis lectores permanentes es todo un privilegio! Sos de lo mejor, y en tus comentarios siempre haces aportes interesantes, que me llevan a investigar (reconozco mi ignorancia en la mayoría de los temas del mundo). Gracias por destacar mi frase. Un abrazo!

  12. Leonel Insfrán

    4 junio, 2018

    Muchas gracias @Tati !!! Confieso (casi con verguenza) que aún no he leído a Benedetti, como tampoco a muchísimos grandes autores, con los que voy poniéndome al día lentamente. Sin embargo me siento honrado con que me hayas comparado con un escritor de verdad. Un abrazo!

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