(Quizá) continuará…

Escrito por
| 32 | 1 Comentario

En la cálida Barcelona nunca es invierno porque siempre puedes encontrar el caluroso abrazo de un bar abierto a medianoche. Nunca había podido gozar de una buena compañía que durase más de veinticuatro horas, bien porque enseguida se cansaban de mi tosco carácter, bien porque lo que había pagado no llegaba para hacer perdurar ese agradable acompañamiento. El caso es que, nada más entrar en el bar que había escogido esa noche para que fuera el escenario de uno de mis encuentros casuales que acababan en sexo seguido de un vacío existencial que duraba hasta el siguiente encuentro, me encontré a uno de mis viejos compañeros de trabajo. Me sorprendió verlo en tal tugurio, aunque mi sorpresa fue mayor cuando me di cuenta que no se trataba de una casualidad que Alfonso estuviera allí. Cuando me vio entrar me lanzó una mirada de: “¡Hombre, te estaba esperando!”, y seguidamente se colocó bien las sisas con un aire soberbio y se acercó hacia la puerta, donde yo me encontraba petrificado, de forma muy pausada y elegante. Cuando – ¡al fin!- llegó, me saludo con su más amable y a la vez falsa sonrisa de lobo hambriento y me extendió la mano para que se la encajara.

- Si después de tantos años tienes que seguir haciéndote el interesante conmigo, Alfonso, mejor que me largue ya sin escuchar lo que tienes que decirme, porque si algo no echo de menos es tener que aguantar tu don por la altivez y la arrogancia.

- Cálmate -me dijo, con un tono que me dejó claro que no le importaba en absoluto lo que le había dicho justo hacía unos segundos-. No he venido para echarte en cara que te largaras sin dar explicaciones, si es eso lo que ronda en tu cabeza. Solo estoy de paso en Barcelona. Buscaba un lugar donde me sirvieran una cerveza fría por la que no tuviera que vender un riñón y este me ha parecido el lugar idóneo para lo que estaba buscando. Qué sorpresa y alegría me he llevado cuando he visto que cruzabas el umbral. Sin buscarlo, he encontrado a mi antiguo compañero Isaac. ¿No es casualidad suficiente como para que nos sentemos a tomar juntos un par de cervezas, amigo?

Debió ver la expresión involuntaria que se formó en mi cara al oír ese ‘amigo’ porque justo en ese momento me preguntó si me importaba que me llamara así. Me invadieron unas ganas terribles de escupirle en medio de su asquerosa cara de pretencioso.

Comentarios

  1. Mabel

    22 junio, 2018

    Muy buen texto. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas