Me volví hacía ti una tarde y no recuerdo el haberme opuesto.
Recuerdo haber sido herido y lastimado y sin embargo, seguí ahí esperando, que tan solo un momento, cambiaras y dejaras de jugar conmigo.
Fueron tantas veces que rasgué mi corazón y puse mi alma en juego, como el ciego, que da un paso en cero sin saber en que se apoyará o si solo caerá. Siempre listo. Pero yo no lo estaba, por que tenía tan solo esa pequeña esperanza de que en un momento, cambiarías.
Caminé hacía un precipicio y no pensé en ningún momento lanzarme al abismo, sin embargo, esperaba que ese abismo pudiera derribar mi interno. Esperaba que la fuerte oleada de viento se llevara consigo todos esos tragos amargos, esas lagrimas saladas, esos débiles sentimientos, y me devolviera un nuevo aliento o tal vez un alma vieja consigo con el que hacerme más sabio porque era consciente que quizás no hacía lo correcto, sin embargo, excusé en nombre del amor cuando ya me había abandonado para darme su visto bueno y su bendición.
Con manos frías, abrí mi pecho y saqué aquel corazón hemorragico y vagamente latiendo, lo puse en el suelo y pensé aplastarlo con una piedra, pero fui hábil, lo tomé de nuevo, lo lavé, lo limpié y lo envolví en mi camiseta y me lo llevé a casa.
Pasó el tiempo y alguien con quien estuve de casualidad, lo encontró, lo abrazó y lo revivió y supe que no siempre debí esperar que cambiaras, sino, debía cambiar yo, por que me estaba perdiendo por tus encuentros.




Mabel
Muy buen poema,. Un abrazo y mi voto desde Andalucía