Caldas

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Esta vez tendré que engañar a mis sentidos, recordar sin arrepentimientos, soltar lo que fue y abrazar esas frías mañanas en un pueblo lejano, o las largas noches de trabajo en aquella fábrica de Caldas, llevando una vida que decidí por mí mismo, aparentemente un obrero común y corriente, un niño obligado a ser un hombre, que cogió vicios y mañas de una sociedad enferma y reprimida, que se enamoró y odió, que vivió y murió ya 2 veces a sus 18 inviernos, murió -su primera vez- cuándo una frontera invisible en las entrañas de la Medellín de la Violencia le arrancó la vida a su cuñado, hasta hoy este hombre llora como si la muerte de él (su amigo y casi su hermano mayor) hubiera sido esta misma madrugada, y he descrito ya mi segunda muerte innumerables veces en versos y prosas en obras públicas y la mayoría en esa libreta que cargo conmigo, murió -por segunda vez- al ver a la que fue suya lejos, entre otras caricias de hombres que nunca la conocerán como yo la conozco, nunca sabrán -sin verla o que ella se lo diga- cuando llora, cuando ríe o se pone nerviosa, cuando quiere estar sola o cuando quiera la compañía de Honoré Fragonard, o bueno, más bien la compañía de sus trazos en El Beso Robado.

Pero al fin y al cabo esto lo pedí, pedí la vida dura, pedí sufrir porque soy capaz de resistirlo, pedí -aunque parezca irreal- sufrir de amor y vivir penurias antes de gozar, porque el que se regocija sin sufrir previamente es un caprichoso que no sabe que es la vida, un ser sin historias para los que vienen, historias de cuándo y cuánto ha sufrido y disfrutado en esta Ley de Caos que llamamos vulgarmente ‘Vida’

Ahora estoy acá, pensando en los que se han ido, pero curiosamente soy más feliz que nunca, en el lugar que menos pensé, donde me invade el cansancio y el sudor, donde me arropa la incertidumbre y la inexperiencia, en ese lugar -y ahora, en cualquier otro- estoy feliz, feliz porque he encontrado que la respuesta es preguntarse y he entendido que el que formula las interrogantes soy yo mismo.

Porque cansado ya de definir el mundo por medio de otras influencias, tanto artísitcas, literarias o simplemente la burda consciencia colectiva, cansado ya de todo, cansado de todos, cansado de ellas, cansado de el, cansado de ser y de preguntarme las preguntas de otros, ya cansado de todo decidí descansar en mí mismo, decidí abrazar ese egocentrismo natural (apelando a la etimología y no al entendimiento colectivo)

Ahora ya ni sé que me depare el destino, pero entendí que morir es necesario, incluso metafóricamente, ya este escritor murió dos veces… y especante espera la tercera.

Comentarios

  1. Mabel

    3 julio, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo Mauricio y mi voto desde Andalucía

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