El hombre de al lado

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Había una luz invernal esa tarde y, como siempre, me disponía  a ir por mi baguette, pero esta vez con botella de vino incluido. Por fín me había decidido y, le había invitado a cenar.

La pastelería quedaba a unos cuantos bloques más al sur, y era bastante concurrida durante el día, por eso me gustaba ir más bien en la tarde, cuando ya había bajado un poco el bullicio.

No sé porqué se me ocurrió tomar otro camino diferente al de costumbre. Creo que quise cortar  un poco con la monotonía.
En realidad me gustó la brisa que corría, e iba disfrutando el paseo por esa zona, tranquila y apartada.

Hacía tiempo me había mudado a este vecindario bastante desértico. En el edificio, ni en la calle se sentía a nadie, a menos que fueras a algún establecimiento en los alrededores.

La brisa jugaba con mi vestido sobrio, que a cada rato tenía que acomodar  con las manos.
Iba recordando cada frase casi como un susurro, cada gesto, cada movimiento de los momentos de estos últimos días y, lo que parecía  ser la sombra extraña de una sonrisa
enmarcada en una escasa barba.

Nos habíamos conocido hacía poco, pero nuestros encuentros unánimes, se iban haciendo cada vez más frecuentes, sobretodo en el pasillo silencioso y oscuro.
Cómo es posible  que no me percatara  que vivía justamente al lado?

Las apariencias  muchas veces engañan,
me dije, tratando de convencerme a mí misma, que quizá no había sido buena idea invitarle a mí departamento, mucho menos a cenar!,
porque  algo en él no acababa de encajar.
Así todo, seguía entusiasmada con la idea, y seguía  pensando en la posibilidad de una cercanía más real por llamarle de alguna forma. Una es así de terca.

Llegó la noche y, después de la cena, sobrevino una quietud introspectiva.
Ahora que lo pienso, él atravesó la puerta sin decir nada. Andaba como si viviera. y no se gustaba como se veía a sí mismo, aunque  no había nada mal en él, aparentemente.

Creo haber visto en ese momento algo que, a su vez, me llamó la atención, pero era más bien como un presentimiento, porque ver, lo que se dice ver… no sé.
Espero no sea muy tarde para volver a atrás.
Había  una luz invernal esa tarde. Me acomodé  mi vestido sobrio y, seguí bebiendo mi tinto con cautela…

 

Comentarios

  1. Jose Ruben Goycochea

    31 julio, 2018

    Execelente! Me a encantado tu forma de narrar! Especialmente los detalles pequeños.

  2. B€RTA

    31 julio, 2018

    Muchísimas gracias. Saludos

  3. Mabel

    31 julio, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo Mari y mi voto desde Andalucía

  4. Nana

    31 julio, 2018

    Muy fantasmagórico el hombre de al lado. No sé yo si entre la botella de vino y ese calor, las caricias vienen dadas por el viento. Me encanta tu forma de narrar, Mary. Un fuerte abrazo 😉

  5. B€RTA

    31 julio, 2018

    Muchas gracias, Nana. Buena analogía. Un abrazo

  6. B€RTA

    31 julio, 2018

    Gracias Mabel. Un abrazo

  7. Esruza

    1 agosto, 2018

    ¡Ay Bertha, qué peligroso es invitar a alguien que apenas se conoce!
    Muy buena narración.

    Mi voto y saludos

  8. B€RTA

    1 agosto, 2018

    Gracias Esruza.

  9. B€RTA

    2 agosto, 2018

    Muchas gracias!

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