Moquetas viejas

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Nota: Todo esto ocurrió en Londres hace más de veinte años. Ni me he molestado en cambiar los nombres de aquellos amigos a quienes no volveré a ver…

I.- UN PASEO NO MUY FRUCTÍFERO

La oficina estaba a dos cuadras de casa, era localizable por el permanente grupo de gente fumando fuera con bastante mala pinta, parecía un local de apuestas, pero se llamaba Sherkwood Employment y era una empresa de empleo temporal en fábricas, en trabajos como empaquetar cintas de vídeo, o poner los trozos de caballa en las latas. Ocupaciones para inmigrantes. Todos los que andaban por allí, incluyendo el personal eran africanos.

Me dieron una carpeta con clip que llevaba un formulario para completar con mis datos y experiencia; terminé enseguida y lo entregué.

-Ok, muy bien, este es tu teléfono, ¿no?, te llamaremos cuando tengamos algo.

Salí fuera, encendí un cigarro y pregunté a uno de los que esperaban.

-¿Te llaman mucho en esta agencia?

Era un hombre bastante mayor, con cara de buena persona. Tardó unos segundos en responder y casi me iba a marchar, pero luego habló como una ametralladora.

-Tienes que estar aquí. Aquí tienes que estar. No teléfono. Teléfono es una mierda. Vienen unos tíos o un mini-bus y piden gente, si estás aquí, allá vas, cogen a los que estamos aquí. Quédate si quieres trabajar.

-Genial, muchas gracias por el consejo.

Busqué un escalón dos puertas más abajo y me senté. Lamenté no haber traído el periódico o un libro.

Era una calle muy silenciosa, aunque a veces el viento arrastraba ruidosamente las latas y los plásticos desperdigados por la acera. De todas formas, incluso un barrio marginal como Peckham no es del todo feo. Sus casas de ladrillo rojo y madera tienen cierto encanto, aunque sea una madera que cruja bajo moquetas de hace cuarenta años. Y el mayor peligro no es un atraco, sino abrazar esa forma de vida que consiste en comer espaguetis de lata, ver llover, y comprar cerveza en la tienda de abajo.

Y, hablando de esto, empezó a chispear, y como no parecía haber mucha faena aquel día, me encaminé despacio a casa, con las manos frías en los bolsillos.

II.- SISTEMA DE TRABAJO ESTILO RON

Por la tarde había quedado con Niko, mi amigo el barman griego, que terminaba su turno en una brasserie en el centro. Paseando, llegamos a las inmediaciones de la estación de Goodge Street, y decidimos entrar en un pub grandote y destartalado, de esos donde ver cómo las tardes se arrastran, hundido en un mugriento sofá. Me invadía el sopor y la melancolía y, gracias a las pintas de cerveza espesa y tibia, y a la música irlandesa de la juke box, me sentía un marinero errante y sabio. Pero súbitamente entró Ron, y nos vio. Ron era abogado, bróker, o algo así, lo conocía de ser cliente habitual de un bar donde trabajé en la City, un tipo bastante acelerado, seductor y brillante.

Se acercó a nosotros con aire preocupado y, tras saludarme y presentarse velozmente a Niko, nos expresó su oferta:

-Bueno chicos, estoy buscando un poco de ayuda; me he mudado aquí cerca, detrás de Warren Street y he instalado el despacho en casa, pero el suelo es de una madera que está hecha polvo y voy a poner moqueta. Tengo ya los rollos, pero es tan coñazo hacerlo solo…no sé si disponéis de un rato, os pagaría, por supuesto.

-Bueno Ron, la verdad nos pillas bien, ni siquiera tenemos trabajo.

-Joder, qué putada chavales, pero bueno, por mi parte os ofrezco uno, ¿qué os parecen cincuenta pavos?, por persona claro.

-Me parece genial, ¿cuánto tardaremos? –dije-

-Nada, dos o tres horas –respondió-

-Es muy generoso de tu parte Ron –terció Niko-, sobre todo si tienes en cuenta que no tenemos ni puta idea de cambiar moquetas, que quede claro.

-Bah, es fácil…Además, con el dinero, si queréis, me podéis invitar a unas pintas.

-¡Cuenta con ello! –Respondimos atropelladamente a la vez-

Poner una moqueta es bastante sencillo: Con una cinta métrica, un cúter, y cola especial para suelos, ya éramos semi-profesionales, y en una hora casi habíamos terminado. Una de las habitaciones necesitaba más tiempo para que la superficie perdiese su abombamiento, aunque Ron no pareció inquietarse por ello. En su lugar, hablaba por teléfono y luego nos preguntó.

-¿Sabéis que mañana temprano hay eclipse de sol, verdad?

-Sí, aunque creo que es solo un eclipse parcial –dije-

-Como quieras, no soy un puto experto en astronomía, pero un colega dice que puede ser interesante, he quedado ahora en un pub con él y unas amigas, en Camden, tiene unas cuantas gafas especiales para verlo, ¿venís o qué?

-Gracias Ron, pero es que casi hemos terminado…

-Coño, no os preocupéis, mañana lo completamos entre los tres.

Había mucho ambiente aquella noche en Camden. El primer bar donde fuimos era uno de toda la vida y luego a uno ilegal, en la parte trasera de una supuesta panadería. Estábamos ya tan pedos que entramos todos con las estrambóticas gafas de eclipse puestas. Los sillones eran de rojo chillón, con lo cual no venían tan mal.

Me gustaba una de las chicas de nuestro grupo, tenía una combinación muy sexy de pelo rojo, pecas y voz aguardentosa. Se dedicaba a fabricar objetos de artesanía y cobrar el paro. Conectamos muy bien; sin embargo, parecía sentir cierta animadversión hacia Ron; la sola presencia de este hacía que su respiración se tornase agitada, y su actitud, iracunda. Uno de los chicos me alertó:

-Es su ex novia, ¿sabes? Tuvieron una historia un poco chunga.

Afortunadamente, Ron parecía ocupado en explicar sus proyectos, liderando la pequeña conversación de cada grupo, y ligar con otras chicas.

-¿Sabes, Becky? creo que eres un ser humano realmente especial –le dije, y nos besamos con pasión-

Nuestro agradable antro cerró como a las tres y nos reunimos todos fuera. Me di cuenta de que tenía que haber ido al baño antes de salir y busqué acomodo entre unos coches. Volví hacia el grupo contento, pues había encontrado encima de un capó, una lata de cerveza aún medio llena, pero, para mi horror, Becky estaba discutiendo acaloradamente con Ron, o mejor dicho, ella gritaba mientras él sonreía irónicamente. No conseguí entender exactamente sus palabras ya que, súbitamente, ella se arrojó al suelo y comenzó a golpear su cabeza contra el pavimento, gritando desesperadamente.

Todos –excepto Ron- corrimos a detenerla, aunque no pudimos evitar que se hiriese y sangrase, no sabíamos si tendría alguna herida seria, ni siquiera podíamos preguntarle por su estado, pues lloraba desconsoladamente sin responder.

Un coche de policía se detuvo junto a nosotros.

-Agente, necesitamos su ayuda –dijo una chica- mi amiga ha tenido un ataque de ansiedad.

-Tu amiga ha tenido demasiado de aquí –dijo el policía haciendo un gesto de beber- Llevadla a casa y se pondrá bien.

Arrancaron y siguieron su ronda. Las amigas de Becky consiguieron llamar a un taxi para llevarla al servicio de urgencia psiquiátrica, del que, al parecer, era frecuente visitante. Intenté abrazarla, pero había dejado de reconocerme. El taxi llegó en un minuto y las chicas se marcharon en él. Niko, Ron y yo quedamos en la calle desierta. Había alguna mancha de sangre junto a nosotros.

-Bueno Ron, me has jodido el ligue, cabrón. Sé que era tu antigua novia, pero podías dejar algo para los amigos, ¿no? –dije-

-Mira chaval, no me voy a comer tus mierdas…Me la suda si te la follas, si te casas con ella, Becky está loca y siempre lo estuvo. Aquí esta Niko de testigo de que no le he dicho nada ofensivo, solo la he saludado…-Niko asentía- Te diré más tío, creo que incluso te he librado de una buena.

-Tampoco te pases de listo, ¿vale? Dejémoslo ahí, mala suerte y ya. No es culpa de nadie. Vámonos.

Dije “vámonos” pero sin saber dónde. Fue de nuevo a casa de Ron. Nos sentamos en su moqueta casi terminada.

-Bueno chicos –dijo Ron- tengo una pequeña china de pasta base de cocaína, no sé si os va este rollo.

-No sé Ron, eso es crack, impone un poco.-Dije-

-Esta noche hemos fumado skank alucinógeno, y bebido como cosacos, yo creo que esto nos calmará.

-Venga, dale –sentenció Niko-

Ron nos enseñó cómo hacer una pipa básica con una lata de refresco que quedaba y fuimos fumando por turnos.

-Para que dure más, es necesario inhalar todo lo que puedas y luego pasarle el humo por la boca al de al lado, así hasta que se gaste, ¿o sois homófobos quizás?

-No, no, sin problema –dijimos-

Y así, consumimos tranquilamente nuestra roca, que efectivamente nos dejó bastante calmados. Me dormí apoyado en una colchoneta que me pareció una hamaca de la playa de Corfú.

III.-VUELTA AL REDIL

Aquella noche soñé que era parte de un batallón de locos que se habían escapado de un manicomio. El gobierno había mandado al ejército a matarnos, y nosotros estábamos por la noche en un descampado esperando su ataque. Nuestro líder era un anciano anarquista con acento argentino que nos explicaba tácticas de guerrilla. Poco a poco aquel ambiente de camaradería y hogueras se iba empapando de melancolía, presagiando la batalla final. Cuando el ejército atacó, no habíamos preparado nada, y solo podíamos cerrar los ojos y esperar los disparos, excepto nuestro líder, que con su pequeña espada, conseguía dejarles perplejos unos segundos.

Desperté y oí unas voces. Niko y Ron estaban hablando en el salón. Por el camino me detuve en el baño y vomité un par de veces. Me apoyé en la bañera y enfoqué el grifo de la ducha un rato en la cabeza.

-No me encuentro bien chicos, creo que tendré que terminar la moqueta otro día.

-Pasa de eso hombre, yo la terminaré, lo más difícil ya está hecho; lo malo es que no puedo pagaros, me lo gasté todo anoche…

-No importa Ron, estuvo genial.

Niko se quedó también a comer, yo volví a Peckham. Dormité en el tren mirando las casas junto a las vías, casas de pobres, con ropa tendida en patios sucios. Se me había pasado la hora del eclipse, bueno, seguro que habrá otro dentro de veinte años.

Al llegar a casa estaba sonando el teléfono. Súbitamente recordé que era mi cumpleaños, y pensé que quizá sería alguien para felicitarme.

-¿Óscar, sí Oscar, sí? –Gritaba alguien, sin nociones de protocolo – Sherkwood Employment, ¡A las tres en la oficina! ¿Puedes trabajar esta tarde o qué?

Nos recogió un mini-bus con destino a un lugar remoto llamado Dartford, por el sudeste. El hombre mayor, a quien pregunté la otra vez en la puerta de la agencia, iba sentado junto a una ventanilla. Yo escogí el asiento a su lado. Me miró, pero no hizo gesto alguno de reconocerme.

–        ¿Te acuerdas de mí? Al final me llamaron.-Dije-

–        Quizá porque eres blanco.

–        Quizá porque estén desesperados.

–        ¿Quién está desesperado? ¿tú o ellos?

–        Los dos. Hoy es mi cumpleaños, invito yo luego a una cerveza joder, alegra esa cara.

Me miró con una vaga curiosidad.

–        ¿Cuántos años?

–        Veintisiete.

–        Uh, eres joven, quizá tengas una oportunidad. Solo quizá, ¿vale?

Al fin sonrió; le faltaban los dientes delanteros, pero era una risa contagiosa. Me reí y suspiré. Sí que me gustaba Londres después de todo.

Comentarios

  1. LOUE

    14 julio, 2018

    Es encantadora tu manera de describir esos espacios del pasado, cobran la luz y frescura de una mirada ligera. Es como un paseo aéreo, me encantó. Un abrazo César,

  2. Mabel

    14 julio, 2018

    ¡Excelente historia! Un abrazo Cesar y mi voto desde Andalucía

  3. The geezer

    16 julio, 2018

    Hola LOUE!! Ojalá algún día escriba la mitad de bien de lo que tú reseñas en tu bello y generoso comentario, muchas gracias y un abrazo muy fuerte!!

  4. The geezer

    16 julio, 2018

    Muchas gracias Mabel y un abrazo para Andalucía!! ¿Puente Genil quizás?

  5. The geezer

    22 julio, 2018

    Gracias Tancor, a mí también me gustaron mucho tus relatos, seguiremos ahí intentándolo! Un saludo

  6. The geezer

    26 julio, 2018

    Muchísimas gracias Estela, lo mismo digo, un abrazo grande!

  7. Arena

    2 septiembre, 2018

    «Y el mayor peligro no es un atraco, sino abrazar esa forma de vida que consiste en comer espaguetis de lata, ver llover, y comprar cerveza en la tienda de abajo.» Esta frase es absolutamente increíble…! Me ha encantado el relato! Mi voto!

  8. The geezer

    2 septiembre, 2018

    Muchísimas gracias, de verdad me has alegrado el día!

  9. LluviaAzul

    5 septiembre, 2018

    Querido The geezer,. que bonito lo bonito. Un abrazo, fuerte.

  10. The geezer

    23 septiembre, 2018

    Lluvia Azul, muchas gracias por todos tus ánimos, un abrazo gradísimo!

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