Retratos de la Cordillera I

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Tanta guerra, es que no entienden, Europa no sabe lo que es vivir acorralado, entre el ejército y la guerrilla, no entiende que somos hermanos, sin raiz, que somos uno y que somos tantos, que somos hijos del fríjol… y del maíz, hijos de la sierra, y del monte, hijos de la tierra y de las tiendas de esquina, de los barrios con calles chiquitas, de los países donde se siembran las frutas que no crecen por allá en las grandes ciudades donde ustedes viven.

Este es un mero retrato de mi nación y de la América que no se muestra en documentales de Pablo Escobar o del Chapo, una versión anticomercial de lo que somos realmente, que somos un lugar con un tesoro sútil: nuestra gente.

 

Parámo de las Papas – Septiembre 4

 

Respiro el frío entre las gotas, es raro pero estoy sudando, me pesa el fusil y me tallan las botas, sudo no por el calor sino por la adrenalina de los aviones del Señor Rendón, Ministro “de Justicia” de la más corrupta nación, buscamos -mis cabos y yo- una trinchera donde poder escampar, y esperar… que pase la lluvia y la balacera, encontramos una cueva rocosa, da miedo la verdad, pero afuera la situación está un tanto… peligrosa, en estos casos, es mejor la posibilidad de la muerte en la incertidumbre que la seguridad que vas a ser una cifra más en las estadísticas del DANE (1)

Entramos a la cueva y pasamos allí la noche, nos toca dormir entre las rocas y con el agua en las piernas, curiosamente las balas han dejado de sonar, al parecer se han cansado de buscarnos, y aunque parezca raro, a aquellos que me asechan la vida no les tengo rabia o rencor, sé que ellos sufren lo mismo pero del otro bando, no somos más que peones en este juego de estrategia.

En medio del frío extremo, recito los versos de Ali Rey:

 

“Hola soledad otra vez estamos solos,

hola realidad ya no quiero entender tus modos,

hola gran ciudad de tanta gente y de nadie,

de latente y gris aire, de rascismo y barbaríe,

te habla este escritor nocturno, que hizo el amor con su labor

pero el dolor lo convierte en taciturno…”

 

En medio de su soledad y de los versos del poeta que lo acompaña a la distancia, en medio del páramo imponente y admirable, en medio de todo eso y a la vez de la nada, pensó de nuevo en su primer amor, pensó en ella, recordó aquella vez que le dijo que se iba a ir a la guerra, que quería ser guerrillero, que quería ser como el Ché, recordó esas tardes después del colegio, cuando se besaban a escondidas, cuando se tocaban a escondidas, cuando se amaban con la inocencia de unos adolescentes que aún tienen fé el uno en el otro, recordó también que su cuerpo -aunque ella no lo creyera- era la obra más hermosa que había podido crear ese al que llaman Dios, y aunque él era ateo, agradecía al cielo que existiera semejante cuerpo y sobretodo: que fuera suyo -auque no le gustaba que ella lo dijera-, justo cuando se iban a besar mientras hacían el amor, mientras ella gemía y pronunciaba su nombre, mientras el tocaba sus senos pequeños que casi ni se notaban, justo en el momento que él penetraba su cuerpo por tercera vez y ella perdía el aliento, justo ahí lo despertó el sórdido sonido de las explosiones de las bombas que estallaban cerca del único pueblo de esas tierras.

No pudo pensar en el sinismo del “Ministro de Defensa” o el “Ministro de Justicia”, no podía pensar en los niños que morían al azar por una guerra que nadie entendía, el solo quería recordar su cuerpo sobre el de ella, solo quería recordar los labios de aquella que siempre invade sus noches, su masturbación y sus narraciones en verso, el solo quería recordar, pero no era hora de pensar en el cielo, el tenía que correr para no morir e ir al infierno.

Así que se despertó y comenzó a correr.

 

Comentarios

  1. Mabel

    4 julio, 2018

    Muy buen texto. Un abrazo Mauricio y mi voto desde Andalucía

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