Abstención o defección

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Estoy harto de malgastar el tiempo en analizar bravuconadas para tratar de adivinar cuál sería el equipo menos malo o el menos nocivo para la nueva gestión gubernativa.

 

Y porque respeto mi voto, única manera de ejer­cer mi ciudadanía como mandante elector, quisiera contar con mecanismos efica­ces para llamar a cuenta a las autoridades salientes   —puesto que con un triunfo tumultuario–  le extendimos tanto un cheque en blanco para elegir a su equipo como el mandato de cobrar las tropelias a los prevaricadores que se van con las bolsas repletas.

El artículo 35 constitucional dice que es prerrogativa del ciudadano votar en las elecciones populares —¿y no lo será también abstenerse en las impopulares?—, y el 36 siguiente, en cambio, lo califica de obligación, pero remitiendo a una ley que ha tenido el inocente cuidado de no fijar nunca mul­ta, sanción o consecuencia cívica para el que no vote.

En un sentido de lógica jurídica es un deber inexistente y la­mentable, pues nada me gustaría más que él voto fuese en verdad obligatorio y hubiera sanciones prácticas para quie­nes dejaran de votar (no expedición de pasaporte). Si así fuera y votara la gran mayoría, ya no ganaría las elecciones el voto partidista capturado por la inercia a ciegas y podría aplicarse ese gasto exorbitante de las campañas a las necesidades reales de la población. Quizá hasta desaparecería la partidocracia y tendríamos a candidatos libres de ataduras partidarias y humanamente comprometidos con su pueblo…

Al hacer obligatorio el voto sería posible incorporar medidas para darle peso político a los votos anulados. En Brasil, por ejemplo, si la mitad más uno de los votos emiti­dos fueron anulados por los votantes, la elección debe re­petirse en la inteligencia de que ninguno de los candidatos puede candidatearse nuevamente. ¿Se imaginan qué maravilloso sería empezar a coleccionar anulaciones para deshacernos de un solo golpe de tantos candidatos para­sitarios enquistados en los partidos?

Sugerir que se anule el voto tiene para muchos reso­nancia hereje. Pero se podría empezar con la segunda ronda para que no se quede la minoría con todo el pastel. Las cantaletas en contra son casi siempre las mismas:

“Quien no vota es un mal ciudadano”.

“Si no votas, des­pués no te quejes de lo que pase”.

O aquél de la amenaza velada: “Para seguir siendo libres”, aplicado en la campa­ña del ’94 y que provocó una alta votación a favor del anodino Zedi­llo. Lo anterior no debilita mi argumento de nulificar el voto, como en el caso de Brasil, porque tal como están las cosas, votar tendrá —gane quien gane— consecuencias monopólicas para el futuro.

La boleta que recoge la voluntad del elector es una cra­sa simplificación frente a un costoso aparato electorero: un cruce sobre un distintivo. Voto por mengano porque me gusten sus camisas; voto por sutano porque comulga con sus amigos. Ni un argumento es exigido al elector. El voto del entusiasta tiene el mismo peso que el voto del miedoso, el iluso o el gandaya. Así son las cosas, nos guste o no de los votos por mendrugos.

En un país tan desigual, en el que los monopolios privados y públicos son el denominador común de la im­punidad, ¿que hacen en pro del pueblo los depredadores partidistas del INE monopolio?

El arte de la política, engañar con la verdad, es el descubrimiento de la maqueta que haría posible el rescate del edificio nacional. La construcción esencial de una disyun­tiva para todos. El estratega militar sabe colocar el di­lema en la proclama precisa: Seguridad o incertidumbre; cambio o continuidad; lealtad institucional o adhesión convenenciera; soberanía o claudicación. Un candidato via­ble es un simplificador: facilita las cosas en lugar de obs­truirlas.

El “bunker de campaña” de Bill Clinton tenía una pizarra. No era un grueso documento elaborado por exper­tos oficiosos en políticas públicas. Era el guión al que debía sujetarse el desempeño del Presidente electo. ES EL GUION AL QUE DEBERÍAN SUJETARSE LAS DECISIONES EN LA CASA DE TRANSICION:

“Cambio contra la pobreza, la desigualdad y el obs­truccionismo. It’s about jobs, to produce wellfare, stupid!. Sin olvidar el apotegma: socializar la riqueza y acabar con la impunidad”.

 

 

CORTEX

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Marta

    23 agosto, 2018

    No te mides. Sigues en la ruta del apóstata irredento que como el anarquista, pone todo de cabeza. Aunque si, todo está de cabeza en este México mistificado (poseído por los maléficos.

    Mi voto, Cortex.

    Marta

  2. Mabel

    23 agosto, 2018

    Muy buen texto. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía

  3. Esruza

    23 agosto, 2018

    ¿Por qué obligatorio el voto, y la libertad? Yo puedo anularlo si quiero.

    ¿Acaso te parece mejor el tipo que nos va a gobernar y que quiere cancelar el aeropuerto después de
    haber ya invertido millones, o que le de un puesto a Elba Esther y a todos sus «contlapaches» corruptos?
    ¿Dejar libres a los criminales, es éste mejor? Pobre México nuestro.

    Mi voto a la calidad literaria del escrito.

    Esruza

  4. Sosias

    23 agosto, 2018

    Estimado Cortex:
    Estoy realmente sorprendida por la opinión que tiene sobre el articulado de la constitución en cuanto a votación se refiere.
    Bendito el pueblo que «NO OBLIGA» a sus ciudadanos a votar y lo deja a su libre albedrio.Las constituciones que así lo establecen fueron hechas por hombres sabios.
    Los pobres, los que no somos sabios o con carreras universitarias,no tendríamos ninguna posibilidad de elegir y, porque no, de ser elegidos.Nuestro mayor tesoro es guiarnos por nuestra intuición, aunque algunas veces nos equivoquemos de plano, otras no.
    Aunque no venga a colación, me gustan unas palabras de Luis Cané «Si el saber es de letrados,es de jueces la honradez; no juzga mejor un sabio que juzga un hombre de bien »
    Nosotros ,el pueblo llano, queremos demostrarlo. Déjennos votar, O NO, pero no nos lo pongan mas difícil.
    Cuando el pueblo decide abstenerse, se considera un voto de castigo,con lo cual,el elector ya manifestó su opinión ,tan valida como cualquier otra.
    Su escrito no tiene perdida.
    Saludos y mi voto.

  5. Esruza

    24 agosto, 2018

    Totalmente de acuerdo con usted Sosias.

    Saludos

    Estela

  6. Diana Yuste

    24 agosto, 2018

    ¿Socializar la riqueza?
    Pregunte a los venezolanos.

    Un articulo muy clarificador.
    Voto.

  7. Cortex

    24 agosto, 2018

    El voto implica voluntad y libertad para otorgar un mandato.

    El limbo jurídico del Art 35 -es un derecho para elegir- se contrapone al Art 36 -es una obligación. Ergo, allí hay una … AMBIGUEDAD.

    La libertad implica un debe, cuando se vive en comunidad: No se puede dejar al «aí se va» el votar un mandato, un gobierno, porque se entraría en una «ABULIA permisiva» contra-cívica.

    La política es el asunto de la Polis, de la ciudad-comunidad; ergo, estamos obligados a cuidar su gobierno y bienestar… votando.

    Claro que el voto se puede ANULAR, pero allí va una decisión voluntaria de manifestar la inconformidad. Ver el ejemplo de Brasil.

    Finalmente; socializar la riqueza, es la forma simple de enunciar la tesis de la Social_Democracia: libertad, cohesión social y equidad en el ingreso-trabajo-productividad para dar a cada quien los medios para obtener su bienestar.

    Gracias por sus votos y comentos: Esruza, Sosias, Mabel, Marta y Yuste.

    CORTEX

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