Caminando insospechado cierta avenida traficada donde intersectan destinos, un auto detuvo, también mi corazón en la orilla. El mecanismo eléctrico bajaba lentamente el polarizado momento…
“Hola que tal un gusto, de nuevo. La sonrisa aún es bella en tu rostro, reflejando ése corazón tuyo que es más bello todavía; el rosa en labial armoniza correcto lo que llevas dentro. Lo que llevas fuera provocáme, hoy como antes, ideas libertinas en el pensamiento. Me acerco más, un poco más; in so facto sútiles notas acarician memorias olfativas, es tu perfume en el viento, dulce fragancia impregnaste en mi interior, y no evapora.
Lágrimas empañan aquellos nobles recuerdos tuyos. No eres la princesa quien conocí adolescente, en tanto palabras éstas darán cuenta, por momentos sigo pareciendo incauto, desapercibí. Pese a la tristeza presente, sonrió (en acto más bien de pleitesía); cuán dichoso yo, me han tocado delicadas manos de una mismísima reina, y como tal merecerás el trato (a posteriori).
Indiferente alrededor de mis halagos, gesticulas cómplice y no sostienes la mirada (¿seguirás enamorada?). De cualquier modo, los años de darte razón evitaron daños, continuemos la farsa.
Amable cual te conozco sugieres conducirme de regreso a casa, será mejor despedirnos. ¿En serio? ¿Así nada más?, dudoso acepté subir al auto (bah, que más da)/ desconcertados pensamientos del camino tropiezan abruptamente con voces de niña en el teléfono, reproducidas en el altavoz, las bocinas dejaron escuchar claro, dijeron ‘mama’. Quizá ya eres casada, ése es buen motivo.
Llegamos a casa (sorpresivamente, ¡es tuya!). Tímidamente avanzo el jardín, a invitación cordial de un cabernet sobre la mesa, decantado, ¿y yo? encantado, a celebrar el re-encuentro.
Algunas botellas después, así me tienes, derrochando cursilería y platicando, lo que somos lo que fuimos, acaloradamente. Entre miradas coquetas y risitas pícaras sentimientos mutuos asoman, a ratos. Continua la sensación en tanto la imaginativa en nuestras mentes proyecta algunos instantes retratados, de los que en par fuimos felices; en el álbum marqué algunos memorables.
Justo recordaba a un tal Dalí visitando tu cama por las noches. Pausa literaria por favor, lo que me viene no pudiese expresarlo decente. Magistrado arte idealista plasmado sobre desnuda piel surrealista, con otros amantes el intento seguramente te resultó vano; descifrarme alentaría percepción más perversa (modestia aparte), segun el decir de verdaderas expertas quienes acompañaron alguna noche de vida galante: Valuaría mi obra en más acaso cobrase sensaciones despilfarradas por millones. Para ellas redefino el Greco, para mis oídos celosamente coleccioné los ecos, sus gritos. He ahí intangible es mi trofeo.
De tan respetables féminas aprendí y traté cada espacio en tu lienzo, ahora también sé como no herir susceptibilidades al decir lo que pienso. La más culta departió filosofía y hasta pensamiento humano; después (y contigo), no cansé en practicar hasta dominar como desatar el escote sin manos.
Musa sensual y comprometida que desnudaba el alma en cada cuadro; dibujarte la orografía corporal con el tacto obedeció a una técnica muy tersa, matizando relieves, repitiendo el trazo en rincones íntimos, reacciones tuyas delataban cual es tu favorito. Inspirado desde allí, mis labios desfogaron sentimientos despacito, muy despacito/ besos en tu piel conservados en tinta, ahora versos en papel, mientrás escribo la emoción ciertamente es distinta.
60 minutos posaron lánguidos sobre ésta charla, pasaron y apenas percibí. Ínfimos, apenas alcancé mal parafrasear lo que en realidad importa. Siendo casi las 8 pm el reloj marca el tiempo prudente para la despedida.
Rechazas un abrazo emotivo y los nervios se confiesan: no sostendrán tus besos inertes de prolongar, por segundos, tal degustación declamada de versos muy cerca (tan cerca que erizan vellos). La ruta comenzó desde siempre en tu cuello pero ésta vez no sé sí permitirás continuar, en verdad discúlpame el instinto, como ves, no pudé mantener ni el saludo en castidad. Muy amena la decoración en tu sala, por cierto.
Siendo amigos aprehendimos el poco amor sin celos, así cumplimos épicas fantasías cortesanas; pese al desventurado novio burgués tuyo. Tampoco importará no ser tu marido, no fuiste y no serás ajena. Continuemos en el cuarto de al lado; inmejorable ocasión para que presumas la alcoba de Oriente (a doc a tu personalidad pretenciosa), importada de un país que seguro no conoceré, a menos no con ojos abiertos/ la propuesta estalló dulcemente al oído.
Rozó la duda tu cabeza, creíste decir NO, dedos húmedos una cuarta bajo tu ombligo adelantaron, ya dices otra cosa. Asaltada por sorpresa reaccionaste a destiempo, te sentí dilatada; con labios menores atacaste un par de digitales míos (la rebelión del clítoris). Otra mano encontró refugio entre tu sostén, a dos copas de perder la cordura, que locura. El éxtasis te hace presa fácil.
Con artistísima contorsión de dorso apagas la luz en tanto no necesitas escuchar un cerrojo cerrar la habitación con una mano. Romanticismo mostrando presencia, antes fueron palabras cursi, ahorita es luz de luna creciente acariciando nuestras siluetas en la ventana. Mi delirio rizante alaciaste caprichosamente en tu cabeza, reprocha después sí quieres, (puedes apostar) no mantendrás el peinado.
El silencio corrompe sobre tu cintura con titubeantes dedos liberando, uno a uno, rijosos broches del vestido a ciegas. Caricias mías enarbolan tu figura. No elegirías el elegante de lana de haber sabido que lo arruinarías; mea culpa, acaso alguien pudiese controlarme las ganas.
Antes cerraste el corazón indignada; al tacto, y ahorita, tus piernas se abren nuevamente al amor, inclinada (vaya paradoja). Por la mañana la reportera pronosticó típico frío de diciembre, horas más tarde me encuentro como en una noche de verano, literalmente.
Envuelta en diminutas bragas escurres miel áurea a través del encaje rosa; líquida tentación mancháme así mismo la mente, son vagas ideas de probar otras formas de beso (me antojaste uno muy obscuro). Soltando pudor soltaste también el listón de pelo; con sedosos muslos constrictores exprimes sudor, de tu entrepierna a mi boca. Rabiosa mujer en celo, ligero toque predomina, el sabor de tu carácter reacio me domina; al sorbo siguiente alejas mi espíritu a exponenciales metros de mi estatura; para cuando regreso, en retrogusto asciendes nuevamente mi felicidad al cielo/ casi siempre recatado, conforme a vivir con poco, ahora mismo no importaría en cambio la reciprocidad no dejaría, gustoso moriría disfrutando en exceso los placeres en monte de Venus. El Olimpo reclama tu nombre, te has entregado pero no eres mía (tuvieron a bien recordármelo justo ahora); más resignado que valiente regreso a dar batalla; cumpliré, por muy ambiciosas, tus fantasías. Confia, comportaré creativo complaciendote, Diosa.
Acomodaste el cuerpo indefensa, de tal modo alcancé leerte un novel tatuaje en ingles. De rodillas ofrendas el rincón íntimo de tu orgullo, dejandome olfatear libre y reflexivo más allá en el derriere; una vez reconocí el lugar, permíteme respirar un poco/ aspirando deseos de amanecer los días abrazado a tu lado exhalo la realidad que otro impío tiene ése indulto comprado.
Tocará a conocidas manos diestras desatarlo del pantalón, ni siquiera detengas a preguntar, el regalo por supuesto es tuyo. En efecto, varios noviazgos fallidos después, mejor lo conservé para ti: centímetros de cariño que mantienes erecto.. Recién lo re-estrenas en boca y ya tu legüa logro sentir contracciones; es mi forma de quererte, untuosa y tibia, fluyendo entre pechos colgantes, mezclada con saliva y aceite de áloe baña orográficamente relieves en tus curvas humeantes. Rogante sacerdotisa, los dejos de tu esencia inquisitora exigen sacrificarte primeramente de espalda. Inmisericorde de inicio, después, relajados los latidos, sincronizaran el vaivén de caderas suaves.
En el radio Belinda empatiza tus agudos jadeos en coro. Una canción que une historias de mujeres distantes, es sólo un instante, cuando ambas se encuentran ‘muriendo lento’.
El ritual continuará pero con ombligos empatados en el centro. Cambiemos a posición ortodoxa/ para que sepas, abandonarte entonces correspondió a la intención para que no sufrieras, quien lo dijera; tengo que ver como desgarras la vulva por dentro, y por hoy toca a mi ser tu verdugo. Lágrimas en tal estado sublime, no siento culpa. Casi terminamos. Paladinamente ofreces mejillas sonrosadas, ansiosa de recibirme un facial caudaloso. Exagero un poco tal vez, suele suceder, me conoces literato.
Comodamente desde un lugar donde lo elemental sea el tamaño del pensamiento, yo seré el semental, orgulloso y erguido, fumándome el cigarrillo justo después terminado el encuentro precioso (y preciso), cuando avivemos pasión y de las cenizas flote latente la posibilidad de no dejar otro ‘te quiero’ recluido en soberbia por no perdonarme el defecto de poseer en lengüa secretos que nos llevan a visitar estrellas, y a la vez darte cuenta que subsistir mis días sin padecer hambre sigue siendo proeza.. empero tú me haces sentir rico, ninfómana confesa, y pensar que casi nunca contentaste con flores ni poemas. Brindarte buen sexo reconciliaba mejor que pedir disculpas.”




Mabel
Muy buen poema. Un abrazo Christian y mi voto desde Andalucía
Christian Sandoval
🙂