Urgencia de silencio

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《Esto me contó mi amigo B., que trabaja de músico.》

Antes nunca había oído una sola nota, al menos en estos dos años que vivo aquí.
La música parecía venir del piso de arriba
Puse mi oído en el suelo de madera  y sentí entonces como la vibración venía de abajo.

El portero me dijo que podía ser la hija de la mujer que ahora recuerdo siempre dejaba la alarma del radio encendida en las mañanas cuando se iba a trabajar.
Al parecer a la muchacha le habían hecho una operación de nariz  y se estaba quedando por unos días en recuperación.

Subí al ascensor con el portero y oímos en la puerta del piso quince, un piso más arriba del mío, el pataleo del pedal y las toscas manos golpeando el teclado.
Ella cantaba sin cesar  por lo menos 6 veces al día,  por hora y media cada vez.
Pensé que no sé trataba de alguien muy débil que digamos.

Cuando bajé de vuelta, el hombre de enfrente se paseaba desnudo con la puerta abierta de par en par.
Era de ese tipo de gente que nunca tira nada y todo se va acumulando y creciendo por las paredes hasta llegar al techo, y allí, en medio de todo eso, yace un televisor encendido con el único propósito de que quizá pueda acompañarle en su obstinación.

Con todo eso me sentía incómodo, más aún, en abrir mi puerta.
Regresé a la cocina que  era la parte más silenciosa de mi departamento,
y una fila de hormigas uniformadas  marchaban desde el piso subiendo por el estante hacia el mostrador, según me dijo la que iba al mando, iban a construir una fortaleza alrededor de una lata de leche condensada. ¡Vaya hazaña!
-Y tiene usted la licencia apropiada para eso? Le pregunté
-Claro que sí Mr. B!, los permisos para construir están en la oficina debajo del fregadero. Pregunte por  Alberto, el está al frente hoy.
Por si no lo sabes Alberto es un venado de madera (especie figurin)  que tengo en la cocina.
Cada una llevaba una migaja de pan que iba almacenando en un hueco en la pared.
Luego me asomé con una lupa y, pude ver que había mucha pero mucha cantidad de pan…
Esto es ridículo, pensé recostado al mostrador,
pero me hizo gracia a la vez.
Luego volví a sentir el piano, seguía sonando,
y lo cierto es que  ya me daba miedo ir al salón,  o moverme a otro sitio dentro del apartamento  que no fuera la cocina.

Me hizo recordar  el otro edificio donde vivía antes.
Al principio había tanto silencio, pero después una violinista se instaló, y todas las tardes tocaba y tocaba, luego un saxofonista también, que por cierto, murió cuando por fin pude mudarme de allí.  Lo último fue la pareja que tenía sexo en el departamento de al lado, pegado a la ventana de mi cocina, los podía oír como si estuvieran allí  dentro.

Entonces decidí encerrarme en el baño y tomar un baño, valga la redundancia.
Más tarde, cuando ya salía, vi al hombre desnudo pero vestido, en el pasillo. Era blanco azul, como un zombie. De milagro iba a tirar la basura y, me habló unas palabras. No me pareció tan mala persona al final…
-Pronto abrirán una farmacia en la esquina, donde están terminando de construir el edificio nuevo, ¿sabes?
-Oh sí, verdad!. Le dije casi ya entrando en el ascensor. Tenía tanta prisa por salir de aquel infierno.

Estaba todo tan gris en el camino y comenzó a llover, rocé  con una piedra y se me reventó  una llanta de la bici. Mi pierna estaba sangrando, por si fuera poco. Así todo pude llegar al teatro entre el bullicio y la convulsión del tráfico con la bici acuestas.
Fue algo extraño, porque la luz azul de afuera estaba apagada. Eran casi las ocho y el espectáculo estaba por comenzar y, por primera vez había tanto silencio finalmente,  que no podía creerlo, aunque fuera solamente por unos minutos, porque luego recibí una llamada que fue la gota que colmó el vaso.
La voz me dijo que el teatro había cerrado permanentemente, y que no habrían más espectáculos. Sentí que un cuchillo me atravesaba el alma. Encima de todo, ahora sin trabajo.
En ese momento me pregunté, qué habría sido de mi vida si no me hubiese mudado a esta ciudad, si no trabajara de músico, pero más que todo, me pregunté cómo rayos me iba a sentir cuando regresara esta noche a mi departamento.

Comentarios

  1. Nana

    9 agosto, 2018

    Vaya peripecia resultaría vivir con semejantes vecinos. Me gusta mucho cómo está escrito, cómo has ido describiendo toda la «bichería» que rodea al personaje. Un fuerte saludo acompañado de mi voto 😉

  2. B€RTA

    9 agosto, 2018

    Muchas gracias Nana. Siempre atenta y gentil. Un abrazo.

  3. B€RTA

    9 agosto, 2018

    Gracias Esruza

  4. Mabel

    9 agosto, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo Mari y mi voto desde Andalucía

  5. B€RTA

    9 agosto, 2018

    Gracias Mabel.

  6. B€RTA

    10 agosto, 2018

    Pues muchas pero muchísimas gracias. Saludos

  7. B€RTA

    11 agosto, 2018

    Muchas gracias!

  8. JR

    12 agosto, 2018

    Gran relato! Mi voto.

  9. Klodo

    12 agosto, 2018

    Escribes muy bien, Berta…Mucho talento.
    Me encantó tu prosa.
    Mis saludos y mi voto
    Sergio

  10. B€RTA

    13 agosto, 2018

    Puede ser interesante la vida de los demás, si.
    Gracias!

  11. B€RTA

    6 noviembre, 2018

    Muchas gracias, Klodo. Un abrazo

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