Abstinencia

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Abstinencia:

No es adicción, lo sabría si lo fuera. Conozco personas adictas al trabajo, al alcohol e incluso al dolor, pero no al amor. El amor jamás podría conducir a ese estado de alteración, a esa decadencia.

No, no es adicción, y no sé por qué me obligan a parar frente a este grupo, y confesar una historia que debieron de escuchar de la boca de algún tercero, y que habrá inventado algún cuarto, sobre una obsesión que simplemente no tengo. Sentir no es una enfermedad, y si por sentir se me condena podemos poner fin a esta conversación, pues yo no tengo ningún vicio, y ahora y siempre les repito: Yo no soy adicta a él.

Vivía antes de saber de su existencia, y sé que seguiré viviendo luego de que su voz desaparezca, y con esa verdad convivo cada noche en vela ¿Acaso les parece esa aceptación la actitud de un vicioso?

No, por favor, no me miren con esos ojos piadosos. Esos con los que se juzga a quién vive en negación, porque no hay velo en mi rostro, y puedo ver con más luz que todos. Veo lo que no me corresponde y veo lo que perdí. Veo una a una sus mentiras, y la facilidad con que se deslizan por su boca, y si a pesar de ellas le escribo es porque quiero. Porque quiero, y porque soy libre, y porque en mi libertad lo elijo perdonar. Decido. ¿Cuántos adictos son capaces de demostrar tal poder?

Dejé de hablarle cuando sentí que me empezaba a hacer mal y desde esa semana y media, no volví a pensar en él. No, salvo las veces que elegí hacerlo, y así de fácil, sin consecuencias, dejé su elixir sin mayor esfuerzo.

¿El temblor? Ese pequeño temblor que por momentos sacude mis manos, ese temblor no es más que una diminuta secuela. Mis dedos acostumbrados al movimiento de las teclas escribiéndole día y noche al ritmo de mis pálpitos. Se acostumbraron y así como lo hicieron se van a desacostumbrar, porque como dije esto no es adicción, y a mi control algún día mi corazón también dejara de latir al pensar en sus ojos.

Ya ni siquiera pienso en su sonrisa, nada más de lo necesario, y si sentir es tan necesario como respirar, no me juzguen por querer vivir.

¿Abstinencia? Lo dicen por el tono de mi voz, la garganta reseca, retorciéndose ante su recuerdo y como de una luna a otra me fue arrebatado. Sin aviso, sin advertencia, sin piedad, apenas dejándome sus mensajes, y ahora son esos mensajes los que también me quieren sacar. ¿Droga? Él no es ninguna droga, y si lo fuera, ¿No deberían tratarla como tal? No me alejen de ella, ni quieran sacármela de un instante a otro, si es que su falta vuelve como una peor adicción. Permítanme un último roce, solo uno más, y luego otro, y así suavemente, al calor de su voz, les prometo, les juro que lo voy a dejar.

 

 

 

 

Comentarios

  1. Klodo

    9 octubre, 2018

    Escribes con verdadera pasión, Camila….Como con fuego.
    Aparentemente, sin concesiones.
    Tu abstinencia es desbordante, incondicional, casi lucida, entregada.
    Mark Twain también decía que era muy fácil dejar de fumar. Él lo había
    dejado ya diez o veinte veces…
    Gracias por tu voto. (La Pianista)
    Mi saludo cordial y mi voto.
    Sergio

  2. Camila Fernandez

    9 octubre, 2018

    Muchas Gracias!
    Aprecio tu comentario y que sientas algo al leer mi texto, y que no te sean solo palabras por palabras.
    Creo que ya lo tengo superado, así de superado como Mark Twain Jajajajaj. Saludos!!

  3. Mabel

    9 octubre, 2018

    Un texto muy bien formado y con un estilo muy claro. Un abrazo Camila y mi voto desde Andalucía

  4. Marti

    9 octubre, 2018

    Abstinencia, creo que eso resume lo que todos hemos sentido alguna vez. Esperaba ansiosa tu próximo relato y no me ha defraudado. Saludos y mi voto!!!

  5. Camila Fernandez

    9 octubre, 2018

    Muchas gracias Marti!!! Si creo que esa palabra es lo único que me define últimamente
    Saludos y gracias por seguirme!
    Camila

  6. ANTONIO A

    12 octubre, 2018

    Al amor es a lo que más adictos hay en el mundo.
    No hay remedio.
    Las drogas son sucedáneos.
    Camila es un nombre adictivo.

  7. JoelFortunato

    16 octubre, 2018

    Bonita obra, con reflexiones, buen estilo, desarrollo ágil. Un gusto de lectura. Felicitaciones amplias.

  8. Norman454

    18 octubre, 2018

    Me gusto mucho la fluidez con la que escribiste, muy pulido. Un saludo!

  9. The geezer

    19 octubre, 2018

    Muy interesante!! Y da para muchas reflexiones y debates, de esas que tengo con mi psicóloga jaja, un saludo
    César

  10. Javico

    19 octubre, 2018

    Hola Camila

    Luego lo leo con calma, pero hay algo que no entiendo en la primera frase.

    Conoces gente adicta al alcohol, al trabajo etc. Y luego dices que conoces
    a gente adicta al dolor, eso me deja sorprendido porque acto seguido dices:
    no conoces gente adicta al amor…

    Entonces, como lector me queda poco creíble.
    Luego sigo.

  11. Camila Fernandez

    19 octubre, 2018

    Hola Javico, por supuestso que queda contradictorio y es que lo es y tambien es la idea del texto mostrar las contradicciones. El personaje pasa repitiendo que no es adicto, y que no existe adictos al amor, y es esa negacion la misma que usan los adictos: negar su enfermedad o la existencia de tal. Saludos!

  12. Esruza

    31 octubre, 2018

    Cómo sea Camila, sé muy bien lo que es adicción y lo que es obsesión en carne propia. Los demás
    pueden pensar como quieran, pero el amor puede confundirse con obsesión sin serlo, sólo es amor.

    Muy bueno, mi voto y saludos

    Estela

  13. El Cappo di mama

    8 noviembre, 2018

    Qué forma de describir la obsesión. Consigues incrustarte en el molde exacto para dar, una vez más, con la tecla de todos nuestros males: el amor. Mis felicitaciones Camila.

  14. Camila Fernandez

    9 noviembre, 2018

    Muchisimas gracias, estoy trabajando en otro cuento sobre la obsesiòn/amor. Espero poder subirlo pronto

  15. gonzalez

    28 julio, 2019

    Me gustó mucho, Camila. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo. (¿Sos Uruguaya?)

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