“La felicidad es una experiencia subjetiva, una quimera inalcanzable”
Pero para tomarse la felicidad en serio, Layard propone once puntos concretos para volverla objetiva:
- Sugiere analizar la evolución de la felicidad con ei mismo empeño con que se analiza la evolución del ingreso per cápita. Su búsqueda debe constituir un objetivo programático, bien delineado, sustentado en las relaciones sociales, en la confianza y en la estabilidad, y apoyado por políticas públicas medibles y verificables.
- Debe evitarse el exceso de competitividad, superar al prójimo, que provoca una pérdida del objetivo común y de la estabilidad en el trabajo. Aunque es cierto que una sana competencia mejora la productividad, la competencia por la competencia misma se vuelve enfermiza ocasionando infelicidad y, eventualmente, enajenación de la persona.
- Promover más ayuda a los países pobres. Si hay un obstáculo claro al bienestar individual y colectivo es la pobreza extrema que no alcanza a cubrir siquiera las necesidades básicas para la supervivencia. Un dilema que de por sí ya implica una paradoja: “para que un proceso resulte superavitario, tiene que menguar a otro”.
- Invertir mucho más en salud mental, teniendo en cuenta que las enfermedades mentales y los conflictos sociales constituyen la mayor causa de miseria en el mundo. Poner de moda el optimismo, estableciendo una especie de siquiatría preventiva de tinte comunitario.
- Favorecer la vida familiar, introduciendo una mayor flexibilidad en horarios laborales. Según las encuestas de Layard, y aun en contra de lo que pudiéramos imaginar, no es el dinero sino el matrimonio lo que empíricamente proporciona mayor felicidad a las personas. En cualquier sociedad la constante es que los casados se sienten más felices que los solteros.
- Fomentar, —invirtiendo recursos—, las actividades que promocionan la convivencia social, en especial el arte, la cultura, el esparcimiento y la amistad, siendo esta última una de las que producen mayor grado de optimismo y satisfacción de vivir.
- Resolver el desempleo, ya que la experiencia del cese laboral es una de las más desgastantes, tanto desde el punto de vista monetario, como sicosocial, y conlleva consecuencias graves para los individuos y sus familias al verse improductivos y desamparadas al carecer de expectativas.
- Regulación: “con base en el control sanitario de la publicidad”, la escalada de anuncios que despiertan apetitos y deseos superfluos, controlando en particular la publicidad de medios e Internet. De ser posible, como en Suecia, suprimir aquella publicidad dirigida a niños menores de 12 años, lo que resulta peliagudo en la mayoría de los países latinos que han establecido en los menores un mercado cautivo, especialmente de golosinas, juegos y amenidades electrónicas.
- Mejorar el rendimiento de la educación escolar, restableciendo los contenidos axiológicos. Los principios morales que dan sentido a la vida y la valoran. Enseñar la práctica de la empatia y cultivar el servicio a los demás, centrando el ejemplo en los maestros como el eje del aprendizaje.
- La religión y su guía de comportamiento asertivo, aparece también como una referencia de certidumbre. El valor cultural de las creencias edificantes inculcan la noción de que creer en un Dios cercano, íntimo y personal es una experiencia confortadora.
- Moraleja de mi cosecha. La felicidad se identifica con el gozo. Esta sensación es medible, como la economía, y es una resultante del sistema político y la calidad de vida que la sociedad provee. No constituye en sí misma un objeto de elección. Se puede tener una existencia feliz, como resultado de haber elegido el camino correcto, pues las personas que se ocupan de otros son más felices que las que se ocupan de sí mismas.
¿Será ese el fin de la política en la era del 4T?
CORTEX





Mabel
¡Excelente texto! Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía
Klodo
Hola CORTEX
Muy interesantes los puntos desarrollados por el economista Richard Layard
acerca de la felicidad.
Larochefoucauld decía en sus Máximas : ” “Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros”.
Puedes ir o no por la felicidad, es irrelevante, pues puedes no buscarla y ser dichoso o, por el contrario, buscarla, creer encontrarla y eso no quita que se
pueda ser desgraciado. «La felicidad acompaña, la felicidad no mueve». Nietzs
F. Nietzsche.
Mi saludo muy cordial
Sergio
Cortex
Gracias, querida Mabel.
Alertante tu erudición sobre el tema planteado, desde la perspectiva economicista de Layard sobre la felicidad, el bienestar material y la felicidad. Tu cierre, con la frase de Nietzsche, es genial.
Gracias, don Sergio.
CORTEX
Luis
Me resulta bastante complejo de entender tu artículo, Alfonso: si la felicidad es una subjetividad, ¿cómo puede medirse en base a una serie de cuestiones objetivas? Resulta difícil este asunto, para alguien tan lego e inexperto, como yo, en temas de mesura. De todos modos, no me gustaría ser evaluado por ”científicos” o presuntos cientifistas al hilo. Muy previsible artículo, con algo de razón, dentro de su sinrazón excesiva. Un abrazo y mi voto!
Cortex
Cierto, Luis.
La felicidad es una ilusión, un sentimiento. Pero la cuestión es que el economista Layard, intenta compararlos con los parámetros que miden el bienestar material por el ingreso per cápita de los pueblos: de allí la disparidad, la confusión y la incompatibilidad señaladas.
Eso es prestidigitación de cifras, insumos que los gobiernos y sus agencias propagandísticas emplean para confortar a la gente y quedarse ellos con la mayor parte. También sirve para ofrecer argumentos a las agencias financieras mundiales y obtener fondos, financiamientos o canonjías para “combatir la pobreza”, antípoda de la felicidad economicista.
Luego, con eso venden las promesas y proclamas electorales para mantenerse en el poder monopólicos de los partidos: votos por mendrugos.
En lo personal, me sienta bien gozar de una existencia feliz: gratificante y suficiente en bienes. El parné facilita el ejercicio de esa libertad y de esa vigencia para seguir… caminando.
Gracias por tu comento.
CORTEX