Ciao Marina

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Unas cenizas esparcidas por el suelo y movidas por el viento fueron todo lo que pudieron recoger sus pupilas aquella mañana. El tacto del sudor en cuerpo ajeno junto con el omnipresente sabor a tabaco despertaron sus ganas de jugar a polis y cacos. Películas de buenos y malos con personajes estereotipados al más puro estilo Hollywoodiense.

Y ella allí, tirada en la cama, completamente desnuda,parecía no respirar. Las sabanas eran una prueba irrefutable de que la tormenta había pasado. Sexo amargo a la luz de las velas con una desconocida. Y él pensó: 《Que más da, al fin y al cabo, ¿Quién nos conoce mejor que Dios?》

Volviendo a sus rincones, comprobó que tenía todo el tiempo del mundo, había perdido su móvil. Ni trabajo, ni mujer ni hijos. Solo él en aquella habitación junto a una exótica morena de cabellos azabaches y curvas peligrosas. Y al parecer de unos enormes ojos verdes esmeralda que se abrieron de forma inesperada.

Sobresaltado, espero a que ella dijera algo, un “buenos días”o “quien coño eres”, algo con lo que recordar la noche anterior. Sin embargo, solo pestañeo, dos veces: Una decía su nombre y la otra le invitaba a pasar.

Ahora ninguno de los dos sabía lo que decir porque no necesitaban mediar ninguna palabra. Les bastaban gemidos para expresar sus sentimientos. Mientras él introducía sus huellas de identidad, ella se deshacía en elogios con su espalda. Rasguño a rasguño confeccionó sobre su piel un código de marcas con fecha de caducidad imprecisa. 12 de diciembre de 2014. 《Nota mental: amanecer charlando no es lo nuestro》 Pensó Marina.

Ahora ambos estaban tirados en la cama, de lateral, admirando cada gramo de aquel templo que acababan de vulnerar. Ella solo podía sonreírle. El solo podía fracasar en el intento de descifrar su sonrisa. Sabía que el momento había llegado.

Armándose de todo el valor que pudo, respiró profundo y acercándose a su oído, dejó que sus labios hicieran el trabajo sucio:- “Bonjour”- esgrimió con una confianza sobrenatural.

Ella,impasible ante la mirada de su musa, espero 5 segundos : los primeros tres fueron eternos para él y los últimos dos divertidos para ella, con el único objetivo de financiar un dramatismo Shakesperiano que auguraba tragedia.

Reponiéndose sobre su costado, le puso la mano sobre la mejilla y le besó con tal delicadeza que las arrugas de sus labios se rompieron como juguetes de porcelana. Fue uno de esos besos con los ojos cerrados en los que no se piensa en nada.

Ni siquiera en que se pueden acabar.

Y de un momento a otro, cuando te quieres dar cuenta, escuchas el febril pitido que realiza un cajero automático al escanear el código de barras. Él notó un fuerte zumbido en el oído y un profundo vacío de realidad. Ella dijo “Ciao”.

Comentarios

  1. Mabel

    16 octubre, 2018

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. The geezer

    4 noviembre, 2018

    Extraño y original relato, todo un descubrimiento. Un saludo
    César

  3. Esruza

    10 noviembre, 2018

    «Sexo sin amor, es cántaro vació que no llena el alma», sólo deja vacío-

    Buen relato

    mi voto

  4. Melek

    18 diciembre, 2018

    Buen relato, sugerente y además con una pizca de moraleja interna. Mi voto, por supuesto.

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