Ofensa

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Hay cosas que nunca desaparecen, puede que afines con nuestro carácter más enraizado. Indago más allá del mero instinto, del insustancial arranque primario, pues este principio ha colonizado incluso los pensamientos superiores, hasta justificando su esencia con sofisticados disfraces.

Colocando la violencia bajo un foco reflexivo, con una perspectiva diferente. Percibo en nosotros, sin excepción esperanzadora, la permanencia latente, de los rasgos de afrenta a lo personalmente chocante. La resistencia a presenciar un escenario que nos incomoda, resuelve siempre en una reacción, ya sea efectiva o no.

Comúnmente se tiende a confundir la violencia con el acto furioso o abrupto. Una violación del correcto fluir de sucesos. Es la punta del iceberg, pues a mi parecer es solo una fracción de lo que implica la aparición de lo distinto.

Considero curiosa la sensibilidad a las afrentas, independientemente de su salida a flote expresiva o interiorizada, esa medida única y subjetiva en cada uno de nosotros, forjada en parte por el pasado personal, rasgos biológicos, o relaciones externas. Un cúmulo de factores de difícil resumen y pronóstico, aunque con un disparador común; la ofensa.

¿Qué me afrenta?¿Soy capaz de identificarlo o identificar los motivos?¿Hasta dónde se ramifican los razonamientos emergentes de tal punto de partida?

Pero, en el cambio siempre hay afrenta, en la evolución conductual siempre hay paradigmas nuevos o correctivos. La vida es un continuo ajuste gradual contra lo personalmente establecido.

¿Es mi grado de ofensa socialmente aceptado?¿En qué consisten mis reacciones?

Externalizar la culpa de la respuesta es tan solo un mecanismo de evasión, con tal de invisibilizar lo que sospecho y disculpar actos de incomprensión.

Quizá solo somos víctimas al presenciar escenarios desordenados en cierto modo. Sumisos por arquetipos de la existencia encarrilada de una cierta manera. Mi ética, mis reglas, mi cuadrilátero.

Nodos, condiciones fijadas, anclas que nos indican la disposición de cuanto creemos. Cadenas actualizadas a lo sumo.

Lo que me lleva a pensar, que nunca existirá un escenario revolucionario mientras no extingamos la tendencia a sepultar lo discrepante. Como mucho podrá darse lo desconocido, lo ajeno, o lo cercano ideológicamente.

Llevamos la resistencia implantada en lo más profundo de nuestra personalidad, desde el principio. Algunos antropólogos dirán que nuestra naturaleza nos protege de ese modo de la inconexión, o del vacío racional. Quién sabe.

Y me duele porque lo siento, lo siento cada vez que intento creer en un Dios, ser del partido opuesto, bajar las barreras afectivas para con quién…lo siento cada vez que no puedo aceptarte al completo y cambiar mi postura a placer.

Fracaso al integrar la afrenta, y me enerva ser una víctima de todo lo asentado que existe en mí.

Busco y no hallo culpables, ni soluciones, puede que tampoco las aceptase después de todo.

Solo me consuelo intentando no afianzar en exceso, el orden en que mi mundo va tomando forma. Con la esperanza de que algún día, escape de mis rieles.

 

 

 

 

*Querido lector de Falsaria, agradezco mucho tu interés en mis textos y te invito a conocer mi anterior trabajo, un recopilatorio de microrrelatos, reflexiones y pensamientos abstractos:

Anadesería (puedes leer totalmente gratis los primeros microrrelatos)

¡Gracias!

Comentarios

  1. Esruza

    16 octubre, 2018

    ¡Muy buena reflexión, Viajero! o ¿deberia decir disertación?

    Tienes mi voto

    Estela

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