Los últimos días de Hekmon (relato paleolítico)

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Las mejores decisiones no se han de ponderar, se obtienen del alma. Se halla una gran paz cuando así ocurre.

Es difícil saber lo que el alma necesita, pues no se puede analizar con el mismo pensamiento que utilizamos para seguir rastros de animales, o planear nuestra estrategia de ataque.

Así me ha llegado el conocimiento, y yo lo sigo. Subo la ladera rumbo a mi cueva secreta, donde desplegar mis visiones.

Hace sólo dos noches, una falsa armonía reinaba en el campamento, aunque mi falta de sueño ya me advertía del inminente combate.

Al día siguiente, Gwel –el de cabellos brillantes- y yo nos quedamos rezagados tras la batida de caza, en la retaguardia. Caminábamos entre los árboles, empezaba a oscurecer, era un momento peligroso hasta que alcanzásemos el llano. Se detuvo como para oler algo y yo continué caminando, sin darle importancia. Pero él tenía razón. Apareció un lobo solitario, siguiendo la pista de nuestras presas, que los compañeros transportaban más adelante.

Gwel permaneció en silencio y yo di la voz de alarma al grupo, por lo que el lobo se asustó y me atacó. No me daba tiempo a trepar al árbol así que intenté hacerle frente con el hacha. Mi compañero cargó una flecha en el arco y le apuntó, pero no la soltó. El lobo rugió unos segundos. Le grité y agité los brazos y, milagrosamente, se alejó.

-No me has salvado –dije, mientras me acercaba él con el hacha-

-Hubiera sido mejor que el lobo te hubiese cazado–dijo, apuntándome-. Mejor para el pueblo. Pero lo haré yo si me atacas.

Entonces, otro lobo apareció por detrás. Se giró para apuntarle y yo le lancé el hacha. Le golpeó directamente en la cabeza. Al caer, se le desclavó, pero ya estaba muerto. Me alejé respetuosamente y dejé que el lobo cobrase la pieza. Pronto se unió el lobo anterior.

Aquella noche, el consejo de sabios, dirigido por el brujo, me comunicó la sentencia.

-Hekmon, has matado a un compañero de nuestra gente. Gwel era un buen cazador, y un excelente arquero. Todos sabemos que su cabeza no regía bien, pero debías haber tenido más paciencia con él. Dices que él no te defendió, pero eso solo pueden saberlo los dioses del fuego. Es por ello que no te sacrificaremos a ellos, sino que dejaremos que decidan tu suerte. Deberás abandonar el pueblo y continuar tu camino en el otro sentido.

Miré a Herms por última vez. La llamaban así por sus fuertes brazos, a mí me gustaba toda esa salud y robustez que desprendía. Sé que también ella deseaba ser mi pareja, y cumplir los rituales conmigo. Pero aún éramos un poco jóvenes, debíamos alcanzar los trece años.

Intercambiamos una mirada con resignación, y emprendí el camino. Me interné en el bosque, ya de noche, tuve suerte de que la luna guió mis pasos hasta un claro, y allí encontré un lecho entre arbustos.

Esta mañana, mi pueblo ha proseguido su marcha, pero yo asciendo hacia la cueva que descubrí un día, y a la que intuí que volvería. Allí guardo unos tizones, pigmentos y grasa, todo lo que necesito.

Horno –el brujo- dice que los dioses me habían enseñado mi arte. Le dije que los temo, porque los veo, y me demuestran su fuerza. Pero no creo que se ocupen de nosotros, como nosotros no decidimos sobre la vida de las hormigas. Somos demasiado pequeños para ellos.

Ahora, desde el borde de la cueva, contemplo el sol y las montañas, el viento y el rio y deseo que Horno tuviese razón, y que me ayuden en mi nueva vida. Es casi seguro que no voy a poder sobrevivir sólo, sin manada.

Pero antes, deseo terminar la misión. Preparo el carbón y los pigmentos y comienzo a pintar a los lobos, sus espíritus sí que me ayudaron con mi encarnizado enemigo. Dibujaré la escena, y también a mi rival, a quien debo respeto, y dejaré constancia de mi historia, si es que algún otro pueblo vuelve algún día por aquí.

Mañana, prepararé una mezcla de Efedra y Belladona, y acaso los dioses me presten sus secretos y me indiquen a donde dirigirme.

 

 

 

Notas:

1)    He tomado los nombres de Gwel –brillante-, Herms –brazos-, Horno –pájaro- y Hekmon –hacha- de las posibles raíces del proto-indoeuropeo, según el glosario de Carl D Buck (Univ de Chicago)

2)    …Y las hierbas alucinógenas y excitantes (efedra y belladona) del artículo de National Geographic sobre drogas en la prehistoria.

Comentarios

  1. Lourdes

    14 noviembre, 2018

    He leído tu cuento. Es lo último tuyo que he leído, antes leí tus otros relatos y me gusta tu forma de narrar, clara y sin extravagancias. Me gustan tus historias porque las veo, me identifico con ellas. Me sacan, algunas veces, una sonrisa. Esta historia (cuento) no sabría decirte si me ha gustado o no. Has buscado una forma fácil para llegar a donde querías llegar, pero por el camino has dejado muchas cosas por decir…
    He de decir también que me gusta la reflexión con la que comienzas la narración. «es difícil saber lo que el alma necesita»
    Te dejo mi voto, al igual que en las otras publicaciones
    Un saludo

  2. The geezer

    14 noviembre, 2018

    Muchas gracias, me ha emocionado que leyeses todos los relatos, y me alegro mucho de que te gustasen. Este último ha sido un poco un experimento, tomo nota para hacer segunda versión. Un abrazo muy grande.
    César

  3. Mrs Verma

    14 noviembre, 2018

    «Las mejores decisiones no se han de ponderar»
    Hekmon me ha dado una lección.
    A mí..que hasta este mismo instante decidía contando los pros y los cons
    A mi…que solo acepto lecciones de los dioses.
    auguro buenos tiempos para Hekmon.
    Enhorabuena The geezer, aqui le dejo mi voto y un saludo.

  4. ÉraseUnaVez ! (Rosii)

    17 noviembre, 2018

    Me gustó tu historia. Coincido con el comentario de Lourdes ! Felicitaciones por tu microrrelato. Te dejo mi voto que por cierto creo que pasas a portada! Saludos 😃

  5. The geezer

    17 noviembre, 2018

    Muchas gracias una vez más Mrs.Verma, ojalá pudiésemos todos descifrar las soluciones que nuestro corazón intenta mostarnos…

  6. The geezer

    17 noviembre, 2018

    Muchas gracias Rosii, además de buena escritora eres muy generosa. Un abrazo!

  7. gonzalez

    19 noviembre, 2018

    Me gustó mucho, amigo. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  8. Capitán Carallo

    20 diciembre, 2018

    Muy bien narrado, te mantiene el interés hasta el final. Cuántos relatos prehistóricos se habrán perdido por no existir la escritura….
    Enhorabuena!

  9. The geezer

    21 diciembre, 2018

    ¡Gracias capitán, por tu comentario y por tu certera reflexión prehístorica!
    César

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