Piedras, piedras

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Me lanzan piedras y yo, en vez de quejarme y venirme abajo, construyo mi castillo silbando y gritando que quiero más material. Más, más. Qué bonito mi castillo. Hasta almenas tiene. Y un foso, oh sí, un foso profundo que solo dejo cruzar a quien realmente merece la pena. Muy pocas personas lo han cruzado pero cuando lo hacen les abro el salón de mi mundo interior. Les mimo y saco mi mejor mantel para que coman y hablen tranquilos. Les defiendo de lo que hay ahí fuera. Y si me traicionan, pues hablamos las cosas y las arreglamos si merece la pena. Y si no vale la pena, una invitación a salir de mi fortaleza para que no me socave desde dentro. Y listo. Cero malos rollos, cero venganzas.

Desde niño recibiendo piedras de distintos tamaños, que si por parte de la familia, que si por parte de la iglesia, el estado, las amistades, los conocidos y los enemigos. De los enemigos ya te lo esperas y piensas lo que alguien dijo en algún momento, eso de que dios nos guarde de los amigos que de los enemigos yo me encargo. Y así es, nos guste o no. A los enemigos los ves venir, con los amigos hay que tener cuidado. Hay que elegir cuidadosamente a quien pones de tu parte. Porque los golpes duelen más. Pero no hay que desistir. Uno va viajando solo en esta vida y conoce todo tipo de personas que ayudan a hacerte una idea de la humanidad. Con el tiempo, si uno está algo atento, va aprendiendo a distinguir lo que merece la pena. No vale la pena malgastar tiempo con alguien que no te respeta, que te juzga de malos modos o te vendería al diablo por un puñado de risas. No, escapa de eso.  Decide sabiamente lo que se queda a tu lado y lo que no. Porque dentro de unos años mirarás atrás y te dirás, coño, qué bien me lo pasé con tal persona, qué buen sabor de boca, como a café, me ha dejado. O, por el contrario, pensarás en alguien y te preguntarás en perspectiva por qué le dedicaste tanto tiempo a lidiar con él o ella. Así aprendemos a relativizar los problemas y economizar el tiempo. Al final todo se trata de aprender a economizar el tiempo, de sacarle el máximo provecho a un tiempo finito que es tu vida.

Haré lo que esté en mi mano, respetando mis principios, para aguantar los embistes. Y si hablan, que hablen. Y si critican con veneno, que critiquen hasta que se les caigan los dientes rosmando por las esquinas pidiendo un chute de chismes. Cada uno decide lo que hacer con su tiempo. Y yo voy a dedicarlo a analizar la vida en sus buenas y malas dimensiones, con todo lo que hay y lo que creo que esconde. Me prometo cuidar a los míos, mis soldados. Cuidar a la mama, a mis hermanas, a mi familia, a mi padre, a mi puñado de amigos de verdad. Y si tiene que llover, que llueva. Porque yo abriré mi paraguas y protegeré lo que me importa con uñas, dientes y todo lo que tenga a mano.

Realmente noto que será un camino arduo. Ya lo ha sido, nada me invita a pensar que vaya a mejorar. Pero no importa, porque hace tiempo que me lanzo a vivir sin expectativas. Mis defectos son muchos, mi inteligencia no es gran cosa, pero me llega para reflexionar que, cuando la vida está acabando, uno se pone a contar piedras. Así que, amiguiños, PIEDRAS, PIEDRAS.

Comentarios

  1. Luis

    26 noviembre, 2018

    Excelente historia, Andrés, mi voto y mi abrazo!

  2. Mabel

    26 noviembre, 2018

    Muy buena historia. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

  3. Naare

    1 diciembre, 2018

    Estas construyendo un castillo y no sólo un castillo una fortaleza entera a tu alrededor increíblemente maravillosa.
    Estupendo relato, da para reflexionar mucho y bien.

  4. Esruza

    3 diciembre, 2018

    Excelente relato. Siempre, creo, enfocados a la confianza.

    Mi voto

    Estela

  5. gonzalez

    23 diciembre, 2018

    Hay una frase de una canción que dice “En cada piedra vi vida y vi muerte” Me gustó, Andrés. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  6. GermánLage

    23 diciembre, 2018

    Con frecuencia dejas asomar tu regusto por la filosofía y la introspección, pero aquí, en ambos aspectos te desbordas. Algunas imágenes son de antología. Un placer leerte por tu impecable dicción.
    Un cordial saludo, Andrés. Felices fiestas.

  7. Sherezade

    25 diciembre, 2018

    Cuánto he disfrutado leyendo estas líneas, me he sentido muy identificada. Ya hace tiempo que intento dedicar mi vida solo a quienes, como dices, te dejan ese “buen sabor de boca, como a café”. El mismo tiempo que hace que lidio contra los dardos que intentan alcanzarme por no seguir el camino que otros quieren que siga.

    En fin, por muchos años más viviendo a nuestra manera y construyendo muros con las piedras que nos lanzan.

    Un abrazo y mi voto

  8. Sosias

    25 diciembre, 2018

    Muchas felicidades,Andrés.
    Saludos y mi voto.
    Felices fiestas.

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