Benditos desengaños. Indeseables circunstancias que nos enseñan a vivir…

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Dicen que este tiempo de fin de año, es propicio para reflexionar acerca de nuestros anhelos.  No se trata de angustiarse por imposibles o por deseos irrealizables o planes a largo plazo.  Sino de reflotar aquellas sanas y placenteras  ideas,  de sencilla realización que venimos postergando vaya uno a saber por qué.

Una de las cosas que amaba e inexplicablemente dejé de hacer, es ir al cine.  Alquilar buenas películas.  Tomarme ese tiempo para mí.  Y deleitarme con alguna buena historia.  De esas que algo dejan.  Que despiertan en uno algún impulso saludable, sacuden el pensamiento o acarician el corazón.

La última película de Julia Roberts que vi se llama “Comer, Rezar, Amar”.  Inspirada en la novela autobiográfica de Elizabeth Gilbert.  No es de esas historias inolvidables, no describe sucesos fantásticos ni aventuras sorprendentes.  Sin embargo, existe una conclusión de vida, una reflexión profunda que esboza con sencillez su protagonista tan sabia, tan certera, tan real, que te deja pensando.  Es de esas frases que vuelven a tu mente.  Como las grandes verdades de la vida.  Aquellas que nuestra consciencia nos susurra al oído sin miedo a equivocarse.

-“ Al final, comencé a creer que existe una fuerza natural que se rige por leyes tan reales como la ley de la gravedad.  Lo llamo -La física de la Búsqueda-.  Que viene a ser así:

Si tienes el valor de dejar atrás todo lo que te protege y te consuela, lo cual puede ser cualquier cosa como tu casa o viejos rencores, y embarcarte en un viaje en búsqueda de la verdad, ya sea hacia al interior o hacia el exterior;  y si estás dispuesto a que todo lo que te pase en ese viaje te ilumine y  aceptas como tu maestro a todo el que te encuentres en el camino… Y si estás preparado sobre todo a afrontar y a perdonar algunas de las realidades muy duras de ti mismo, entonces LA VERDAD NO TE SERÁ NEGADA.”

Esta frase me recordó algo que me dijera hace tiempo una amiga:

-“Algunas VERDADES reveladoras, llegan a nosotros de formas inusitadas.  Hasta la letra de una vieja melodía puede sonar en el momento preciso.  Hacer un claro en tu mente, sacudir tu espíritu y cambiar por completo tu destino.”

Considero muy reales, estas teorías.  La vida no puede estructurarse.  Ser inflexible.  No hay, una sola forma de admirarla.  De aprender de ella.  De hacernos fuertes.  No existe un único camino a seguir para ser feliz.

Hasta las decepciones, son nuestros maestros.  Porque aclaran nuestra vista.   Nos muestran la realidad.  Nos hacen más fuertes.  Más sensatos.  Más astutos.

Cuando era chica, si alguien mostraba una faceta egoísta, mal intencionada o perversa, trataba de justificarlo.  O me reprochaba el hecho de haber “mal interpretado” las cosas.  Porque en el fondo, no podía creer o ver la realidad.  Mi abuela proclamaba algo que yo no entendía:

-“La gente no cambia.  Y para muestras, sobra un botón.”.

La biblia proponía, poner “la otra mejilla”.  Pero mi abuela, quería protegerme.  Porque yo solía creer en la gente.  Y siempre daba “segundas oportunidades”.  Lo hacía con tanta ingenuidad y confianza, que daba miedo.  Yo creía que el Amor, todo lo cambiaba.  Que hasta el ser más miserable, era capaz de transformarse por amor.  Como en aquel  cuento de hadas de “La bella y la bestia”.  Me costaba poco encariñarme con la gente, con mis vecinos, con mis familiares cercanos y lejanos, con mis amigos, con mis compañeros de curso.  En aquel tiempo, también soñaba con un Amor ideal, mágico, completo y perfecto.  Que como un bálsamo milagroso llegaría a mi vida para cambiarlo todo y hacerme verdaderamente feliz.

Aprendí que la vida, puede ser reveladora.  Y lo es mucho más, durante la madurez.  Tiene tantas curvas bruscas y agrestes cuestas.  Es preciso transitarla sin altos.  Sin reparos.  A toda prisa y sin aliento.  Porque solo así seremos más sabios.  Más auténticos.  Sólo así conseguiremos ver la realidad sin velos.  Sin prejuicios.  Sólo así, descubriremos a nuestros verdaderos compañeros de ruta.   Aquellos con quienes indiscutiblemente vale la pena, COMPARTIR LA VIDA.  Con quienes no hace falta explicarse.  Porque desde el principio, nos han visto tal cual somos.  Y nos han querido por ello.  Sin reparo.  Sin vueltas.  Sin demasiada explicación.

Un sabio amigo mío solía decir:

-“Me gusta rodearme de gente que SABE VIVIR Y QUERER.  Que se atreve.  Que ofrece cariño sincero, sin vueltas.  Cualquier circunstancia vivida sin Amor, pierde trascendencia.  Carece de sentido.  Si voy a quererte.  Te          QUERRÉ PORQUE SÍ!.  El amor no debe explicarse.  Si uno lo desmenuza, cuestiona sus razones, trata de revelar sus misterios.  Si se lo desmigaja o atenta contra él, sencillamente desaparece.”

Ojalá todos pudiéramos acercarnos a esta reveladora verdad y hacerla realidad.  Rodearnos de cariño sincero.  Eligiendo vínculos sanos.  Incuestionables.  Reparadores.  Aceptando los desdichados desengaños, como una suerte de entrenamiento.

Que nadie detenga nuestra búsqueda.  Pues existe una VERDAD que hará que despierte al ser único y sabio que todos llevamos dentro.

 

Comentarios

  1. Sherezade

    26 diciembre, 2018

    Vuelvo a sentirme identificada con tus palabras. Un abrazo y mi voto.

  2. Francesca

    26 diciembre, 2018

    Gracias, Sherezade!. Que bueno que lo hayas sentido asì. Gracias por tu voto. 🙂

  3. Esruza

    27 diciembre, 2018

    ¡Qué difícil es!

    Mis saludos y mi voto

    Estela

  4. Mabel

    28 diciembre, 2018

    Siempre hay que reflexionar sobre nuestra vida, lo que va a ser y lo que será. En nuestro interior sentimos la necesidad de embargarnos de ese sentimiento que a veces nos culpa, por eso hay que entender y saber cuales van a ser nuestros actos y acciones. Un abrazo Karina y mi voto desde Andalucía. ¡Felices fiestas!

  5. Luis

    28 diciembre, 2018

    Es una alegría encontrar textos así, un abrazo y mi voto!

  6. Labrida

    1 enero, 2019

    Creo que este año 2019 estoy de suerte al encontrar en esta bonita mañana un relato como el tuyo, me ha encantado, felicidades y mi voto. Feliz año nuevo

  7. The geezer

    9 enero, 2019

    Gracias por compartir estas reflexiones, pues ¿qué otra cosa hay en la vida, sino aprender y compartir? Un saludo
    César

  8. gonzalez

    9 enero, 2019

    Hola, Francesca, me gustó mucho. Te dejo mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.

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