El detective de corazones

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alex.gava93@gmail.com                                                                                         Alejandro Galicia Valdez  28/12/20180

El detective de corazones

 

Hace muchos días que me despierto por las noches, a causa de una incontrolable nostalgia, y por el día, cuándo se supone que debo estar viviendo, simplemente, yo… No puedo despertar.

Un día de esos en los que amanece un poco más frío, el viento sopla fuerte y la luna apenas puede verse, pude notar a lo lejos un escenario; como de hospital, bien montado en medio de una plaza, la gente pasaba y parecía no importarle lo que estaba a punto de suceder. Acercándome un poco más, por completo captó mi atención, pues era un médico con todos sus instrumentos para realizar algún procedimiento quirúrgico, una persona recostada en una camilla y unas cuantas sillas para un par de espectadores que nos encontrábamos allí.

Al parecer aquel evento, era más una demostración de habilidades que un show, el Cirujano preparaba todas sus herramientas mientras daba el siguiente discurso:

“En el lugar de dónde vengo, mis queridos espectadores, llevamos años perfeccionando ciertas prácticas a las cuáles ustedes les llaman AMOR…, para nosotros es un oficio, en mi país lo estudiamos, lo analizamos y le damos todo el respeto y la seriedad que se merece.

Yo mismo, por poner un ejemplo, he perfeccionado la Reparación de corazones, así es; el corazón como cualquier otra parte del cuerpo puede ser arreglado. Esta noche, tienen frente a ustedes al mejor Doctor de corazones, y para sostener lo que les he contado, curaré a este voluntario, que ha llorado más de lo ha bebido y que soporta más dolor del que debería.”

¡Es verdad!, pensé, en el rostro de aquel voluntario, se miraba justo como yo en el espejo, una sonrisa pálida y unos ojos que no habían sonreído en mucho tiempo.

El profesionista continuo con su actividad, un procedimiento quirúrgico de verdad creado para el mal de amores, una sonrisa se dibujo en mi rostro de la curiosidad que sentía, de la esperanza que tenía, de que la operación fuera exitosa. Anestesió al paciente por completo, tomó su bisturí y comenzó a cortar su pecho por el centro, después de eso utilizó otros utensilios que no pude reconocer, hizo lo que tuvo que hacer, cerró el pecho del paciente y se sentó a esperar a que este despertara, todo sin derramar una sola gota de sangre.

“¡Estoy curado!” Exclamó el voluntario al volver en sí, sería lógico acusarlos de una excelente actuación, pero cualquiera que hallase visto el rostro del paciente antes de su reanimación, sabría que fue real, de verdad que se podía ver, sentir y casi hasta oler su felicidad.

No lo dudé y corrí hacía el Doctor para pedirle ayuda, él con una sonrisa, me dijo que tiene como deber reparar todo corazón que se encuentre en su camino y me pidió seguirlo a su taller de corazones, pues la demostración ya había finalizado.

Llegando al lugar, se podía respirar la tranquilidad y la preocupación de un hospital, había sido testigo de sus habilidades así que, apenas el Doctor comenzó a darme indicaciones, las seguí al pie de la letra. Me recosté en la camilla y miraba el techo mientras a través de una mascara se me suministraba una mezcla de óxido nitroso, halotano, isoflurano y sevoflurano, que rápidamente me hicieron perder el conocimiento.

Desperté entusiasmado, adolorido e igual de vacío, el Doctor estaba limpiando la sala, pues había sangre por todos lados, un desastre total, me horrorice por la imponente escena , pero no era la habitación salpicada lo que me preocupaba, era ese gran vacío que jamás desapareció, lo que me hizo soltar una lagrima; el Doc. Se acercó a mi y de sus labios salió la mala noticia… Esa en la cuál se le dice al paciente que la operación ha sido un completo fracaso.

“Soy el mejor, puedo reparar cualquier corazón, el problema con el tuyo es que… No tienes uno, ¡te han robado tu corazón!, pero te pido por favor vengas conmigo, iremos con el amigo de un amigo, él a diferencia de mí, es el mejor Detective de corazones, no hay un puto corazón que él no pueda encontrar”.

Después de sufrir una promesa fallida, y tomando en cuenta que no podría pasar nada peor, accedí a salir en busca del Detective. En menos de 4 horas ya estábamos en su casa, exponiéndole mi situación, estaba yo cómodamente bebiendo la cerveza que nos había ofrecido el Detective, cuándo tomó mi mano apresuradamente y me pidió que lo llevará al lugar de los hechos.

Emocionados de encontrar aquello que me hacía falta, fuimos a la escena del crimen y comenzó a revisarla cuidadosamente, comenzó por examinar mi cajón; ese que tiene la mitad de mi alma guardada, revisó cada foto; esas que tienen mi sonrisa y por último; con ayuda del Doctor, buscaron en mi pecho, después de administrarme otra mezcla de gases.

Una vez más desperté, igual que ayer, justo como me levanté hoy y como lo haré mañana. Una vez se dieron cuenta que estaba consciente, el Detective me dijo con un gesto de preocupación en su rostro:

 “ Es verdad que no hay un solo corazón robado que no recupere, no hay un corazón perdido que no encuentre, pero no puedo hacer nada por ti, pues no te han robado el corazón, ¡tú mismo lo has entregado!” (mientras sostenía unos cuantos mechones de cabello en su mano, a manera de evidencia)

 

 

“Cada persona que conozco en mi vida, desde que soy pequeño la he asociado a algún color, cuando no quiero pensar en alguien, simplemente evito ese color, pero… Uso mi ropa, mis muebles y mis cosas, del color de mi persona favorita, ese con el que la asocio, pero contigo no puedo, un día eres gris, un día eres rosa, un día eres azul, al siguiente morado al otro eres verde…

Así que como todos los caminos llegan a roma, quiero decirte que; todos los colores llegan a ti”

Alejandro Galicia Valdez

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