En busca de la verdad

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Su exhausta e incesante búsqueda finalmente terminó  en una aldea muy, muy  lejana, casi apartada de los ojos de Dios y un tanto dilapidada. En un cuarto oscuro de una casita humilde y agonizante en sus propias ruinas, la encontró junto al fuego de leña. Nunca, jamás, en TODA su vida había visto una mujer tan vieja, tan arrugada y tan escandalosamente…  FEA.

– ¿Es usted LA VERDAD? – a lo que la anciana solamente se limitó a asentir con la cabeza sin siquiera mirarle, segía mirando al fuego sumamente indiferente.

– Bueno, entonces, dime por favor… ¿qué le tengo que  decir al mundo? ¿Qué mensaje le tengo que transmitir?

La anciana volteó la cabeza visiblemente molesta, escupió en el fuego y le clavó una mirada acerada y penetrante acorde a a la firmeza de su tono de voz:

–  ¡ DILES QUE SOY JÓVEN Y PRECIOSA !

Comentarios

  1. Mabel

    12 diciembre, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Jona

    18 marzo, 2019

    Me gusta mucho cómo logras convertir concepto abstracto en algo visceral, ¡felicidades!

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