La gula, la glucosa y la insulina

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“¡Ay, doctor!

Usted cree que es fácil

–comer lo que yo como–

¡ y además su dieta!”

 

¿Qué pasa con la comida, una vez que la ingerimos?

Cuando hacemos la digestión, nuestro cuerpo asimila y convierte los alimentos en el combustible llamado glucosa. Al aumentar su concentración en la sangre el Pancreas produce la insulina que transporta la glucosa y la mete en las celulas en donde se convierte en energía. Si no se utiliza, por falta de ejercitación muscular, o exceso de azucares, se almacena en forma de grasa (lonjas).

Los bioquímicos han estudiado la función de la glucosa y de la insulina, y clasificado a los alimentos según su índice glucémico (IG); que es la rapidez con la que se convierten en glucosa. Así, una dona, rica en azúcar, harina y grasa refinadas, se convierte rápidamente en glucosa. Por lo que su IG es alto.

Muy inferior es el IG de una tasa de avena, un cereal integral o una manzana con yogurt o papaya con panela, que tardan más en convertirse en glucosa.

Una porción abundante en alimentos de IG alto produce oscilaciones extremas de glucosa.

Cuando se come un sope frito o un pastelillo cremoso o gordita con nata (IG más alto que la dona) la concentración de glucosa se dispara y el páncreas tiene que trabajar en exceso para cubrir la demanda de insulina.

Sí esto ocurre todos los días y a todas horas, puede alterar la función del páncreas o, peor aún, restarle eficacia a la insulina. Este fenómeno provoca la llamada “resistencia a la insulina” y aumenta el riesgo de contraer diabetes. Pero la diabetes no es el único peligro. El exceso de glucosa puede lesionar los vasos sanguíneos y provocar un sinnúmero de enfermedades.

Ahora bien, sí entendemos lo anterior y lo aplicamos al factor sobrepeso, se hace necesario escoger mejor los alimentos frescos —ricos en carbohidratos con un menor IG —que pueden reducir o moderar el apetito.

En general cuando mayor es el IG de una comida (efecto adictivo) más hambre se siente enseguida. A las tres horas de una comida con alto IG, la descarga de insulina reduce bruscamente la concentración de glucosa, lo cual produce, a su vez, un hambre voraz.

Se siente la necesidad de comer alimentos ricos en azúcares o harinas o grasas de IG alto. La baja brusca de glucosa estimula la producción de nueva glucosa a partir de proteínas (desnutrición) y provoca que la persona coma de más; lo que no pasaría si la comida o refrigerio fuera con alimentos de bajo IG.

Esta oscilación de baja y alta glucosa es más marcada en quienes acostumbran no desayunar o no tomar un refrigerio a media mañana… o a media tarde y se zampan por la noche toda la ración del día.

Este fenómeno fue detectado en pacientes operados a quienes se les suministró suero glucosado en grandes cantidades antes, durante y después de la operación y en su recuperacion les dieron dieta blanda rica en azucares y almidones. El efecto notorio fue el incremento de peso en su convalecencia y la persistencia de éste.

Se realizó un estudio comparativo y se observó que: el suero de glucosa provocaba la producción de insulina, que agotaba la glucosa y que, a su vez, el cuerpo la producía de sus propias proteínas sin tocar la reserva grasa: como en las dietas de moda, se queman los muebles, proteinas, y no la leña, la grasa.

Se invirtió el proceso: se suministró una mayor proporción de suero salino y de proteínas (aminoácidos) a los pacientes operados de cirugía recostructiva (plástica), y se demostró que no incrementaban su peso y su balance nitrogenado (proteínas) era positivo. Estaban mejor nutridos y delgados.

Se trata entonces de establecer un régimen con alimentos naturales y frescos poco procesados, con un cierto contenido de fibra, proteína y grasa polinsaturada. Como estos nutrimentos tardan más tiempo en digerirse, —y se deben comer en porciones espaciadas cada 4 horas—, la saciedad (no hambre) dura más y no se producen oscilaciones bruscas de la glucosa.

Además, hay indicios de que las dietas bajas en IG tienen resultados duraderos (los hábitos). Al menos esto es lo que la Facultad de Salud Pública de Harvard y el Departamento de Nutrición del Hospital de Boston nos dicen y nosotros aplicamos en Centro Alfina: alfinakilos.com

 

CORTEX

Comentarios

  1. Esruza

    12 diciembre, 2018

    Muy informativo.

    Mi voto

  2. Luis

    9 marzo, 2019

    Pues muy informativo e ilustrativo, Cortex, un saludo y mi voto!

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