Dos tiempos, un instante

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Él era el mensajero de la prisa, lleno de  velocidad. Un torrente de  potencia desbordada que  hacía descarrilar la mejor intención al primer descuido. La suya era una prisa efímera  por propia naturaleza. Incapaz de permanecer en su cualidad demasiado tiempo. Cada uno de sus actos era, en el mejor de los casos, un sprint fugaz que se agotaba sin satisfacer y que cada vez, sin excepción, dejaba el retrogusto de lo incompleto.

Ella, emisaria de la calma. Aliñaba su actividad con pausas delicadas. Imprimía consistencia a sus acciones y daba a cada uno de sus actos, dirección y sentido, incluso profundidad. Dueña del tiempo, se desgranaba eterna en una lluvia fina de serenidad que impregnaba todo, dejando tras de sí una sensación próxima a la perfección que da la certeza de no haber escatimado nada.

La prisa y la calma coincidieron una tarde de verano en una mirada. Juntos, construyeron una fugaz pausa. Desde entonces su tiempo corre junto en un instante que aún perdura. 

 

Comentarios

  1. Luis

    7 enero, 2019

    Fascinante texto, un abrazo y mi voto, feliz año Pedro!

  2. PedroGda

    7 enero, 2019

    Gracias por tu comentario Luis. Otro abrazo y feliz año para ti también.

  3. Albúmina

    8 enero, 2019

    Bonita creación! Mi voto, follow y un abrazo de regalo ;).

  4. Mabel

    8 enero, 2019

    ¡Qué maravilla! Un abrazo Pedro y mi voto desde Andalucía

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