Pablo y Luisa

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Lo que sucedió fue completamente inesperado, Pablo se encontraba jugando futbol en la playa con unos amigos, cuando a lo lejos creyó reconocer a alguien. Tomo el balón entre las manos, se detuvo un momento, fijo la mirada en esa lejana figura y sí, era ella: Luisa. Gritó su nombre mientras se acercaba para saludarla, ella volteó sorprendida de encontrarlo en aquella playa, sin haberlo planeado. Después de saludarse con alegría, ella le preguntó— ¿Qué estás haciendo por acá?— a lo que él respondió—Estoy en busca de aventura, de viaje, ya sabes, conociendo México— ¡Que divertido, a mí me encantaría hacer eso algún día!— ¿Por qué no lo has hecho?—ella torció los labios, volteó la mirada al horizonte, tratando de pensar en una respuesta concisa—Pues… ahorita tengo responsabilidades que no puedo eludir, pero sé que en unos años podré hacerlo—.

—Pablo, ¿Qué onda, seguimos jugando o qué wey?—. — ¡Ah sí! Mira, te presento a unos amigos: Juan, Antonio, Paco, César y Carlos. ¿Te quedas a echarme porras o quieres jugar?— Luisa soltó una carcajada y en tono burlón le respondió—El futbol no es lo mío pero te echo porras desde aquí—.Habiendo terminado de jugar, los amigos decidieron irse al departamento a cambiar, para después ir a cenar y a un bar. Luisa se despidió, en ese momento, con un poco de duda, Pablo la invitó a acompañarlos; ella le comento que creía que iba a arruinarles la noche, por ser la única chava del grupo, pero él la tranquilizó diciéndole que en el bar se encontrarían con unas amigas. Después de intercambiar números de celular y ponerse de acuerdo para pasar por ella al hotel, cada uno se fue por su lado.

Aunque no había planeado encontrarse con nadie en su viaje, se alegraba de poder salir y pasar una noche divertida. Subió a su cuarto de hotel, se metió a bañar, al terminar comenzó a revisar si entre su ropa, había algo adecuado para verse guapa; como se trataba de un viaje corto, para relajarse y planear un proyecto, la realidad es que no llevaba nada que pareciera venir al caso con la ocasión. Decidió bajar a la boutique del hotel para ver si encontraba un vestido o algo lindo, afortunadamente, lo encontró, un vestido negro, sencillo pero algo sexy.

Pasó 40 minutos arreglándose: el cabello, el maquillaje, las uñas, en fin… parecía que en lugar de ir a cenar a un bar, iba a un concurso de belleza. Después de haber terminado el ritual, bajó al lobby, allí espero sentada a que los chavos pasaran por ella. El celular sonó, un mensaje de WhatsApp, —Ya estamos aquí, un coche plateado—. Con emoción salió del lobby hacia la fuente de la entrada y allí estaban…

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