En una cáscara de nuez

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Todas  mis ideas son una mierda y caben en una cáscara de nuez, pienso mientras  cierro de un golpe el ordenador bivalvo y cojo mi chaqueta del cuello. Oye, no me mires así, vamos a dar una vuelta. El suelo se queja mientras me acerco a la puerta. Y bajo las escaleras de dos en dos como un niño alegre, que son, por cierto, los que más hostias se llevan, hasta llegar a la acera. Bienvenido a la jungla, que decían algunos roqueros de los ochenta. Jungla de cemento y máscaras. Un carnaval perenne de vanidades, una feria de intercambios emocionales. Dame una sonrisa y te doy la mano, te pego, te beso, te insulto y te alabo. Y de intercambios económicos, claro. Tengo que comprar esto, tengo que comprar lo otro, necesito consumir hasta que los ojos me den vueltas en sus órbitas de placer. Los viejitos están en el banco esperando el autobús.  Uno de ellos carraspea y escupe. Japú. Ese mañana canta, que decía mi tío. Ahora sí, el día puede empezar, puesto que todo está en su sitio. Tachán.

***

La luz juguetea con tu cabello mientras tomamos café en una terraza. No lo puedo evitar, lo de mirar las luces y sombras de tu pelo y tus facciones. Estoy realmente absorto en interpretar ese juego insano cuando me preguntas si te estoy escuchando y asiento pero sabes que miento. Lo sé y lo sabes. Ignoro qué porcentaje de la comunicación dicen que es no verbal en los laboratorios de paredes inmaculadas. Me gustaría tener ese tipo de inteligencia y descifrar a las personas con facilidad pasmosa mientras me tomo algo al sol. Me gustaría, cómo decirlo sin que suene muy mal, ser un Rasputín y manipular a la gente a diestro y siniestro, sobre todo a los políticos. Haría que algunos bailasen en el borde del precipicio y que se asomasen bien a ver la gente que se han cargado indirecta o directamente con políticas agresivas. Saldría por la tele, a pesar de mi timidez, e increparía a las masas a que se irguiesen contra ellos para ver lo que ocurre. Como en un experimento, esperaría a ver qué entienden por ellos mientras me tumbo a la bartola a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Andarían, vaticino, corriendo de aquí para allá como pollo sin cabeza. Ellos se esconden bien, son mamíferos astutos que se encierran en sus torres de marfil y ponen gorilas y cámaras en las puertas. Y dicen que la propiedad es insacrificable, que es la base de todo junto con el dinero. Y tiene a unos cuantos asalariados pendientes de su seguridad. O no. Quizás me equivoco del todo y lo que suelto son tonterías. Un simple humano como yo no puede entender de qué va esto solo. Necesitaría un ordenador súper-potente o pertenecer a una secta. Es demasiado trabajo para una vida. Lo que tengo que hacer es ser decente, formar una familia, acatar las leyes y sentarme con un encefalograma plano a ver la tele todas las noches. Oh, dejadme tranquilo en mi jaula de oro. Dejadme la tele y el móvil y no molestaré, hablaré bajito y fingiré que se trata de un problema político o económico o cualquier otro adjetivo que queráis ponerle. Y si hay que hacer algo, se  hace con el rabo entre las piernas y listo. Solo necesitamos que nos dividáis el mar de la ignorancia y nos mostréis el camino, oh científicos y demás adalides del progreso. Progresemos, progresemos hacia adelante, claro. No importa cómo, avante toda. ¡Vamos a Marte! ¡Sí! Montemos en un cohete y exploremos a más peñita chunga a quien joder por ahí adelante por el universo. Pongámosle bandera al cohete, claro. Los estudiosos dicen que compensa gastar en aventuras galácticas mientras no tenemos ni idea de cómo resolver nuestros propios problemas. O sea, que maltratamos a nuestra familia y vamos a ver a la del vecino para decirles lo que tienen que hacer o llevarles la democracia, la igualdad y blablablá. ¡Qué gran idea! Algo os salió mal. Mi cerebro os salió mal, la educación que me habéis dado no lo ha conseguido. Soy un fracasado con licenciatura del sistema. Pero vosotros llegad a Marte o montad invernaderos en la cara oculta de la Luna. Chapó. Somos la masa que se convertirá en irrelevante cuando haya máquinas capaces de hacer nuestros trabajos. Ya está pasando. Ya está en marcha. Seremos hombres y mujeres de paja y nos prenderán fuego y nos verán arder en los cines y nos reiremos de nosotros mismos porque ya no sabremos cómo diferenciar la realidad de la ficción. Conectados a nuestros móviles de última degeneración como si de una sonda se tratase. Nuestros móviles procesarán nuestras intimidades más secretas y las venderán al mejor postor. Nos conocerán mejor que nosotros mismos, y eso asusta un poco. A mí por lo menos. Antes de abrir la boca ya sabrán que te va el porno hindú, comprar literatura italiana del siglo veinte y comer en los mejores restaurantes de la ciudad. Y escuchar canciones de cantautores de izquierdas. O que una vez a la semana hablas con tus padres. Que te gusta discutir la política del siglo veintiuno tomando café en el bar de al lado de tu casa y que dejas el móvil a un metro cuatro de la almohada y vibra dos mil veinticinco veces al día de media. Pero no pasa nada, no pasa nada. Que no cunda el pánico y sigamos llenándonos la boca con palabrejas bonitas y hagamos poesía para las chicas. Rimemos corazón con razón y amor y todo eso. Escuchemos canciones vacuas sobre el amor mientras el mundo salta en pedazos. Canciones en inglés, claro, que no las entendemos y suenan mejor y lo hacen mejor. Enciende la radio y escucha a los anglosajones enseñarte qué es el amor y cómo se hace. Chupemos sus ubres de conocimiento. Y si hoy son los americanos, mañana serán los chinos y pasado los portugueses o los españoles. Un imperio es necesario. Así son las cosas. Está el fuerte y está el débil. El alto y el bajo, el pesimista y el optimista, el feo y el guapo y todos los opuestos. Y en el medio está la virtud y ya sabes tú cómo funciona eso. Y en esto, me interrumpes el tren de pensamiento preguntándome si estoy escuchando. Y asiento de nuevo, esperando que no me preguntes de qué estabas hablando. Y paso el examen porque miras de repente el reloj y dices que te tienes que ir a comprar no sé qué aparato. Nos despedimos con dos besos. Y me pido otro café mirando cómo la luz teje formas en el suelo y la cafeína se introduce en mi cuerpo.

***

Cojo una cáscara de nuez vacía y construyo un pequeño barquito. Introduzco un chicle en el hueco e improviso una vela. Me agacho al lado del río y lo sitúo sobre el agua. Mis pensamientos caben en una cáscara de nuez.

Vuelvo a casa. Los viejitos ya no están en el banco. Los moteros de la pizzería se afanan entregando órdenes. Un pizzero termina de fumar y lanza la colilla hacia la acera. Es la señal de que la noche ha empezado. Subo y se queja el suelo de nuevo. Enciendo la televisión que me anestesia hasta la hora de dormir. Como un poco. Antes de acostarme me toco la nuez de Adán y me digo, en un maldita cáscara de nuez…

Comentarios

  1. Naufragoenlaluna

    25 febrero, 2019

    El texto entero está lleno de verdades como puños. » Mi cerebro os salió mal, la educación que me habéis dado no lo ha conseguido. Soy un fracasado con licenciatura del sistema»
    Como decía La Polla Record:
    Toda la vida comiéndome el coco
    pero ya véis que os sirve de poco,
    no habéis conseguido prepararme
    para poder manipularme ¿ahora qué?
    Un saludo

  2. Esruza

    25 febrero, 2019

    ¡Muy buen relato, como siempre!

    Un saludo y mi voto.

  3. Luis

    26 febrero, 2019

    Buen relato y lleno de pensamientos ocultos y sentencias brillantes. Un saludo y mi voto Andrés!!

  4. Gian

    26 febrero, 2019

    Excelente relato. Saludos y voto.

  5. Sosias

    26 febrero, 2019

    Eres un escritor muy especial y muy bueno. Me encantan tus reflejos,la facilidad y claridad de tus textos a los que imprimes tu sello tan personal.

    Felicidades y mi voto.

  6. GermánLage

    27 febrero, 2019

    De nuevo la misma técnica: una historia miy simple, en tiempo real, en la que se engarza, con toda su incertidumbre y angustia in cluida, una visión del mundo actual, desquiciado en su implacable proceso de cambio profundo.
    Chapeau, Andrés. A una altura que sólo tú sabes volar.
    Un abrazo

  7. Ignorant.Walking

    2 marzo, 2019

    «Ya está en marcha. Seremos hombres y mujeres de paja y nos prenderán fuego y nos verán arder en los cines y nos reiremos de nosotros mismos porque ya no sabremos cómo diferenciar la realidad de la ficción»

    Fantástico!

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