Entre armonizadores, profetas y contactados. Nueva experiencia en Capilla del Monte ―2019―

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ENTRE ARMONIZADORES, PROFETAS Y CONTACTADOS

 

 

NUEVAS EXPERIENCIAS EN CAPILLA DEL MONTE

―2019―

Por

Fernando Jorge Soto Roland*

Dudo mucho que de día me hubiera animado a tanto.

Sufro levemente de vértigo y las alturas extremas suelen producirme un especial rechazo. Instintivamente, cuando me asomo a un simple balcón, me echo hacia atrás, arrastrado por el irracional temor de ser seducido y engullido por el abismo. Por tal motivo, la noche resultó una excelente aliada cuando, sin advertirlo, me paré unos minutos en el borde mismo de la plataforma de cemento que usan los amantes del parapente, a 400 metros de altura, en el mirador de Cuchi Corral, provincia de Córdoba.

Eran las 23.30 horas cuando bajamos de la combi que nos había llevado a la cima, tras una hora de viaje por un camino de tierra y piedras que hacía crujir la estructura del vehículo, amenazando dejarnos a pie. No es un trayecto largo desde la localidad de La Cumbre, pero sí tremendamente arriesgado dadas las malas condiciones en las que está. No recomiendo hacerlo con auto propio. A menos que no le interese dejar parte de la carrocería durante el trayecto.

La planicie a la que arribamos, contrariamente a lo imaginado, no estaba vacía. Un contingente de turistas aficionados a la astronomía nos había ganado de mano y, guiados por un experto en la materia, miraban el inmenso cielo nocturno, identificando planetas, estrellas y constelaciones.

El “armonizador” que nos llevaba ―un hombre maduro, estadounidense, de recortada barba blanca, delgado y tuerto― decidió preparar sus herramientas y esperar a que los “astrónomos” se retiraran.

―Necesitamos silencio para empezar ―dijo.

Pero, ¿qué estábamos haciendo ―mi esposa y yo― cercana la medianoche, en la cima de Cuchi Corral? ¿Qué habíamos ido a buscar con ese pequeño grupo de personas (10, incluyendo al chofer) a ese paraje de las serranías cordobesas?

La verdad sea dicha: extraterrestres.

 

Ya es por todos sabido que Capilla del Monte es desde hace poco más de 30 años uno de los centros esotéricos y ufológicos más famoso del mundo. A ella peregrina una fauna extraordinaria de personas en pos de la tan mentada Armonía Cósmica, que muchos creen encontrar a través de ciertas prácticas (pagas, obviamente, la gran mayoría) que van desde el más puro y crédulo contactismo (es decir, interacción directa con seres de otros planetas) pasando por la cromoterapia, la lectura del aura, la activación de chakras, magnetoterapia, moxibustión, numerología, recarga energética, reflexología, terapia del canto, tarot, herbología, bioterapia y cuencos tibetanos, por nombrar sólo algunas.

A cada paso puede uno encontrar cartelería al respecto y elegir (si el bolsillo lo permite en época de crisis) la terapia alternativa a la cual asistir.

A nosotros nos llamó la atención la Armonización con Cuencos de Cristal, a celebrarse de noche en las alturas de Cuchi Corral; un sitio que, desde hace algunos años, está asociado de manera directa al contactismo y la visualización de la evanescente ciudad intraterrena de ERKS.

No podíamos dejar de probar y por tanto, probamos; a pesar de los 600 pesos por persona que costaba la excursión.[1]

 

¿Por qué unir el tema de los cuencos con Cuchi Corral? ¿Qué necesidad había de trasladarse hasta allí si la mentada armonización podría, eventualmente, conseguirse en cualquier sitio tranquilo de Capilla?

Cuando nos vendieron el paquete, las palabras “experiencia de contacto” estuvieron presentes y si bien no se hizo referencia directa a los extra e intreterrestres de la zona, la vendedora dejó “picando” la posibilidad de que ello ocurriera.

Nos estaban “empaquetando”.

Lo sabíamos, pero decidimos ir igual.

 

Dentro de la mitología uritorqueana el mirador de Cuchi Corral es un espacio alternativo a la hora de conectarse ―supuestamente― con seres extraterrestres. La cultura del contactismo se ha extendido en Capilla del Monte desde principios de la década de 1980, especialmente a raíz de la predica de uno de los primeros gurús y principal responsable de la onda mística que hoy se respira en el lugar: Ángel Cristo Acoglanis. Un médico griego ―que no era médico ni griego― que murió asesinado en 1989, pero que dejó un ingente legado de seguidores y prácticas esotéricas que aún se practican en toda la región (con mayor o menor aceptación de sus más fieles y residuales acólitos).[2]

Tras su deceso, Acoglanis ―que decía canalizar a uno de los Hermanos Superiores de Erks, llamado Saruma y a través del cual esparcía sus enseñanzas― dejó un espacio abierto que fue ocupado, oportunamente, por su última esposa, uno de sus hijos y ―entre otros― una hotelera de la ciudad de Los Cocos, autoproclamada “Guía Contactada”. Durante un tiempo, las ceremonias siguieron practicándose en la zona de Los Terrones, el “Altar Mayor” elegido por Acoglanis en la década de los ’80, pero cuestiones bien terrenales llevaron a que los nuevos propietarios del lugar se distanciaran por largo tiempo de los gurús de turno, cerrando el acceso al predio y llevándolos a buscar nuevos escenarios donde poder contactarse con las entidades extra e intraterrestres. Fue así que la mencionada hotelera, decidió llevar a cabo sus ceremonias, primero, en el Cerro Las Gemelas y, un poco más tarde, en Cuchi Corral. La causa de la elección puede resultarnos un tanto excéntrica, pero perfectamente aceptada por los “diabólicos” que la tienen por “gran guía”: los seres de Erks le dieron las coordenadas telepáticamente.

Pero había antecedentes.

Desde enero de 1996, seguidores y amigos cercanos de Acoglanis acudían a Cuchi Corral, donde decían contactarse con los seres lumínicos de Erks, e incluso sacar extraditarías fotografías.

Uno de ellos, Roberto Villamil ―fotógrafo y autor de una serie de panegíricos sobre el gurú[3]― repitió recientemente en un reportaje que, unos años después del fallecimiento del “médico y maestro”, estando en Cuchi Corral con otra de sus discípulas, vio y fotografió extrañas luces. Una de las cuales tenía la forma de una paloma, muy parecida a la representación del Espíritu Santo.[4]

Por todo esto, cuando llegamos al mirador mencionado esa fresca noche de enero de 2019, tenía la esperanza ―más allá de las pareidolias y excéntricas historias que circulan― de poder ver algo.

Y, por supuesto, de armonizarme con un concierto de cuencos de cristal.

 

A fuer de ser sincero, Daniel Brower ―el cuenquero que guiaba  nuestro grupo― no se excedió en exageraciones místicas. En el viaje hacia el mirador, refirió, fundamentalmente, sobre el poder armonizador del sonido y de la magia de ciertas notas celestiales a la hora de fundirnos con el Cosmos.

Todos somos vibraciones”, dijo. “Y el lugar hacia el que vamos es muy especial. Tal vez con suerte podamos sintonizar con la energía de Erks”. Y allí, muy a mi pesar, se terminó la cosa. Ni una sola referencia más sobre el tema en toda la noche. Supongo que con eso ya había cumplido con la sugerencia que le diera la empresa de turismo que contratáramos.

No hubo mantras, ni invocaciones en lenguaje cósmico (irdín). La parafernalia ideada por Acoglanis hacía tres décadas estuvo ausente. Sólo silencio, estrellas y algo de frío, en tanto esperábamos que los aficionados a la astronomía se retiraran y el intérprete preparara sus cuencos.

Sacamos algunas camperas y nos abrigamos. A lo lejos, en el horizonte, una masa de nubes avanzaba amenazante, anunciando la tormenta que estalló en la madrugada.

Algunos miembros del grupo se tiraron en suelo, boca arriba, mirando el majestuoso cielo estrellado y escuchando de lejos las explicaciones que el astrónomo aficionado les daba al contingente intruso.

Una hora duró la espera. Tiempo suficiente para que googleara algunos datos referido al sobrio cuenquero.

 

Es norteamericano y arribó por primera vez a Capilla del Monte en 2003 cuando, El Orden Divino ―dice― lo condujo ante la presencia de un “sabio y respetado chamán” llamado Hugo Jaime. Fue este supuesto descendiente de comechingones el que, fascinado por el poder del sonido de los cuencos, le sugirió visitar otros centros energéticos del planeta para que, desplegando su arte, pudiera con el sonido equilibrar las energías del cielo con las energías de la tierra y “cambiar así la conciencia humana”. Todo indica que el cuenquero cumplió con el mandato. Recorrió el mundo y, finalmente, terminó radicándose a los pies del Uritorco en 2008.

No veo que el mundo se haya equilibrado desde entonces. Todo lo contrario. Los desequilibrios son cada vez mayores y evidentes; pero es probable que mi sesgada mirada de historiador no esté a tono con la “sabiduría” del chamán comechigón o la expansiva conciencia del tocador de cuencos. Aunque algo sí es evidente: mi esposa y yo vibramos de una manera muy distinta a la de toda esta gente y, por tanto, todo eso me sonó ―sinceramente― a “verso”.

Una pieza más del intricando, retorcido, simpático e irracional universo místico capillense.

 

Finalmente, los curiosos de la astronomía se subieron a su combi y se fueron.

El silencio ahora sí fue absoluto y el cuenquero desplegó su arte por espacio de una hora más, tratado de alcanzar ―según pregona― la armonía, aceptación, unidad, alegría, compasión, amor y apreciación entre todos los hombres del planeta.

Al principio me resultó relajante. A la media hora, algo monótono. Promediando la ceremonia en altura, francamente tedioso. No veía la hora de que terminara. Además, no debimos haber vibrado convenientemente porque, más allá de las luces lejanas de Cruz del Eje, la luna, un río que reflejaba su opaca claridad y los faros de algún auto en circulación, no fuimos testigos de nada extraordinario. Las naves y los alienígenas espiritualizados brillaron, pero por su ausencia.

No dejé de sentirme mal. ¿Acaso el escepticismo me impedía ver lo que otros si veían o sentían? Se lo comenté a mi esposa mientras caminábamos al vehículo que nos regresaría a Capilla del Monte.

Entonces advertí algo que tranquilizó mi insensible espíritu materialista: el chofer estaba mucho más embolado que yo.

 

 

SAN MARCOS SIERRAS Y SU PROFETA

 

Superada la decepción de Cuchi Corral, y con aún varios días por delante en la región, decidimos viajar hasta San Marcos Sierras, en el departamento de Cruz del Eje, a escasos kilómetros de Capilla del Monte, para conocer uno de los predios más bizarros, sorprendentes y llamativos de todo el valle: El Pozo de Luz.

Hacía tres años que habíamos pasado una hermosa semana de vacaciones en ese pintoresco pueblito serrano, famoso por su “onda” hippie. Contracultural en más de un aspecto y con clarísimas manifestaciones de la New Age a cada paso que se da, San Marcos Hierbas, como la llaman algunos irónicamente por el masivo consumo de cannabis, resultó ser un reducto sesentoso de personas de andar cansino, buena onda y puestos de artesanías por doquier; mochileros e individuos que parecían haber salido del templo budista del maestro Po (de la ya vieja serie de televisión Kung Fu).

Su plaza, Cacique Tulian, cuyo nombre rememora el pasado comechingón de la región, decorada con troncos tallados y prolijos canteros de ladrillos, nuclea ―a modo de ágora― toda una fauna humana descontracturada, mayormente joven y alegre. Pero en aquella primera visita que hiciéramos, no nos habíamos interesado en su veta mística, muy a pesar de la presencia del famoso Cerro Alfa, escenario ―dentro de la mitología vernácula― de la presencia de los siempre activos y angelicales extraterrestres cordobeses.

Pero en este viaje la situación fue diferente.

 

Un día antes de dirigirnos a San Marcos, mientras cenábamos con un alto funcionario y amigo personal de Capilla del Monte, el tema del Pozo de Luz se impuso en la mesa.

Algo conocía sobre el lugar, pero las historias y anécdotas que escuché esa noche me decidieron a visitarlo al día siguiente. Afortunadamente, mi amigo resolvió sumarse a la excursión y acompañarnos. De no haber sido por él, nada de la jugosa experiencia que íbamos a tener hubiera sido posible.

Pero, ¿de qué hablamos cuándo nos referimos al Pozo de Luz?

Para poder tener una somera idea sobre la historia de este lugar debemos remontarnos a principios de siglo, más concretamente al año 2003, fecha en la que un excéntrico personaje se instaló definitivamente en San Marcos, cumpliendo ―según dijo― “su destino”.

Se llama Néstor Santiago Corsi. Era oriundo de Lomas de Zamora (provincia de Buenos Aires) y afirmaba ser científico, místico y ufólogo. De personalidad extrovertida, muy inquieto y por demás carismático, Corsi sostenía (y sigue sosteniendo) ser un profeta y un gran viajero. Más de un testigo confiable me ha dicho que su pasaporte tiene sellos de muchísimas partes del mundo y él mismo lo confirma expresando conocer la Amazonía, Israel, Rusia, Cuba, Sudáfrica y una docena más de países. Es lo que se dice “un hombre de mundo”.

Pero, de todos los sitios que aparentemente visitó, eligió a San Marcos Sierras como sede permanente para levantar su casa, su templo y su laboratorio. El motivo de esa elección puede resultarnos un tanto extraño; pero, aún en las márgenes de Capilla del Monte, lo extraño se vuelve algo cotidiano, aceptado e indiscutible (al menos para un colectivo cada vez más amplio de personas).

Según se afirma, la decisión de sentar sus reales en la zona se debió a una canalización, es decir, a una serie de mensajes que recibiera de seres que habitan en planos superiores, indicándole cómo y dónde levantar su gran obra, a la bautizó El Pozo de Luz.[5]

No bien llegado a San Marcos, compró 7 hectáreas a las afueras del pueblo y empezó la construcción de un complejo que, más allá de los juicios estéticos que podamos hacer, resulta en verdad sorprendente por sus dimensiones, dinero y esfuerzo invertido en él.

 

Teníamos que conocerlo. Fue así que el domingo 27 de enero de 2019 nos tomamos un taxi y tomamos la Ruta 38 en dirección a San Marcos Sierras.

El camino es realmente hermoso. La Sierra de El Pajarillo, a nuestra derecha, reflejaba los rayos de la mañana y el Uritorco, casi detrás de nosotros, se hacía más y más lejano a medida que avanzábamos. Finalmente, a poco menos de dos kilómetros antes de llegar al pueblo, en la última curva previa a San Marcos, doblamos a la derecha por el Camino del Benteveo. 500 metros de tierra y monte cerrado, salpicado por hermosas casas que, según se me dijo, son el resultado de la presencia de Corsi y su complejo esotérico en el lugar. Todo parecía indicar que el hombre atraía y sigue atrayendo a mucha gente.

Así fue que llegamos a la calle Casimira Tulian s/nº. El emplazamiento del famoso Pozo de Luz. Pero, para nuestra desilusionada sorpresa, el lugar estaba cerrado.

 

Me bajé del taxi y saqué las fotos que puede. Desafortunadamente no pude ver la construcción que le da nombre al complejo, y que mis interlocutores me habían comentado era el rincón más sorprendente de todos. La culminación de la visión mística de Corsi y puerta de entrada ―decían― a las dimensiones de un mundo subterráneo, también relacionado ―como veremos― con Erks.

 

Mientras me lamentaba no poder ingresar al predio ―y tomaba las pocas fotografías que los alambres de púas me permitían―, sin que yo lo advirtiera, el funcionario de Capilla del Monte que nos acompañaba levantó su teléfono celular e hizo una llamada. Pocos minutos después, me llamó a los gritos:

―¡Fer, vení! ¡Hablé con Néstor! Nos espera en su restaurante de San Marcos Sierras.

 

No sin cierta ironía, y con un evidente espíritu de revancha, el emprendimiento gastronómico de Corsi se llama “El Profeta”. Es una casa antigua de San Marcos Sierras, acondicionada con muy buen gusto, pintada de violeta y en pleno centro del pueblo, justo frente a la plaza principal. Cuando llegamos la mitad de las mesas estaban vacías. Poco después, todas fueron ocupadas por satisfechos comensales.

El nombre que Corsi eligió tiene relación con su propia historia.

Desde chico, a la edad de 8 años, Corsi se convenció de que era un enviado de Dios. Un profeta que, como tal, tenía una misión que cumplir. Con los años se autodenominó el Profeta Kropp (que es su apellido en ruso) y se lanzó en el sinuoso camino de curar gente, lo que lo llevó a la cárcel en el año 2012, acusado de 18 cargos por ejercicio ilegal de la medicina y estafa.[6]

Pero cuando ese mediodía llegamos a San Marcos, Néstor Corsi, había recuperado ya la libertad, después de haber pasado casi tres años en la prisión de Cruz del Eje, sin condena firme.

 

Corsi salió a nuestro encuentro. Abrazó con afecto a mi compañero de viaje y me fue presentado formalmente.

El apretón de mano que me dio, corroboró que estaba ante un hombre muy seguro de sí mismo. Un tipo de mediana estatura, fuerte complexión física, a pesar de su edad (nació en 1954) y una tupida barba que, de inmediato, me recordó los retratos de Carlos Marx.

 

Nos invitó a tomar una mesa y se sentó con nosotros, en la cabecera. Le dije que estaba interesado en conocer su historia y que quería escribir algo al respecto.

―Grabe todo sin problema ―dijo―. Tengo cosas muy importantes que contar. Yo no me oculto de nadie. Mire dónde estamos. A la vista de todos. Por acá pasan amigos y enemigos, pero yo estoy aquí. En medio de la plaza.

Y era cierto. Todos lo que por allí circulaban lo saludaban. “¡Néstor!”, gritaban. “¡Chau, Corsi!”. Y él, invariablemente, respondía levantando su brazo: “¡Buena bicha!” (Sí, digo, bien: bicha y no dicha).

Entonces, puse el celular en modo grabador y el Profeta nos ofreció su mensaje.

Lo que sigue es una transcripción literal de la media hora en la que habló.

 

Los capítulos que vienen son dos capítulos importantes. Estamos hablando de este año. 28 de octubre de 2019. Ésa es la fecha. Ya se ordenó el Consejo de Sabios. Está ordenando y constituido por doce profetas. Somos doce los que estamos en el planeta, activos.

No hay profetas sin obras. La fe sin obras es muerta. Es tiempo de hacer visible lo invisible. ¡Basta de querer hacerte creer sobre lo invisible, sobre lo que no existe!

‘Esta es la puerta de Erks’, te dicen. ‘Acá está’, pero no puedo ver, no puedo hacer nada. ¡Entonces no me digas que es una puerta de Erks!

Yo te hago entrar a una Puerta de Erks que podés hacer algo realmente visible. Sentirla, palparla y descender por sus escalinatas y entrar hasta el Cuarto Portal.

Pero vamos al principio de la charla.

Ese  Consejo de Sabios ya ordenado, de 12 profetas, por primera vez en la historia nos vamos a reunir, a encontrar, congregar, juntar. No nos conocemos. Vendrán como los Reyes Magos, atraídos todos y será un encuentro único.

 

―¿Acá, en El Pozo? ―preguntó el funcionario amigo.

 

―Se cree que va a ser en El Pozo. Lo que no se da a conocer todavía es si va a ser algo público o va a ser algo privado. Eso no lo sabemos todavía.

Bien ―continuó―, de ese Consejo de Sabios, del que ya se dio la orden de convocatoria, uno presidirá ese Consejo. Y será llamado El Hombre de Gris…

¿Qué trabajo hace ese Consejo?

Al Consejo de Sabios, presidido por el Hombre de Gris, podrán asistir presidentes, ministros, todos aquellos que tienen responsabilidades públicas. Estamos para el servicio de la humanidad. Entonces vendrán aquellos a saber sobre las nuevas energías, por ejemplo. Bueno, pero,  me preguntarás: ¿de qué nuevas energías me hablás? Ya tenemos todo preparado. Ya están los archivo, ya están los escritos, están las traducciones, están lo planos. No es algo que vayamos a realizar. No es que se pueden levantar nuevos profetas hoy. Ya venimos. Tenemos un largo y estrecho camino donde, en ese camino, nos hemos preparado como Guerreros. Recibidos como Gladiadores. Y ahora ejercemos ese poder que se nos da para manifestar y dar al mundo esa posibilidad de cambios.

Un ejemplo. Si tocamos un punto en ciencia: el gas. Un nuevo combustible. Hablamos del gas solar y de cómo se puede aprovechar. También, qué son los trenes aerostáticos, las estaciones aerostáticas… Estamos hablando de nuevas tecnologías, nuevas energías. Energías no convencionales. Energías que están a nuestra disposición. Energías que pueden ser aprovechadas por el mundo entero sin un patrón. Es para todos. Como un plato servido que pueden de ahí aprovecharse, o no.

Entonces, estamos preparándonos para ese capítulo que es el más fuerte. Para mí, el más fuerte, porque detrás de eso hay un gran despertar crístico (que nada tiene que ver con temas religiosos).

El tema religioso está así [Corsi puso sus dos manos en posición de “V” y señaló la derecha, que sería el lado que va hacia abajo]. Este es el estado religioso. Está en sus últimas fases. Ojo, no estamos juzgando ninguna conducta. Es un capítulo que la humanidad tenía que vivir, donde te hacían creer en lo invisible. Esto está en franca decadencia.

Acá [señalo la otra mano, que en su explicación ascendía] está el camino crístico. Pero ambos caminos no están unidos [se refería a la parte inferir de esa “V”]. Están separados; y acá [marcó el pequeño espacio que había entre sus dos dedos medios] está la burbuja donde está la humanidad hoy. Es una lección que se te da. Poder estar ahí o tomar el camino que asciende. Ése es el camino que hace visible lo invisible. Es algo muy diferente. Una cosa es hacerte creer sobre lo invisible (‘Allá hay un espacio, un Dios; y si vos lo aceptás hay camas de oro, tenés todo servido. Pero si no lo aceptás sos un hijo de puta y te vas 50 mil años al infierno, quedándote vivo y no te vas a morir nuca). ¡Basta de estupideces!… Pero, bien. Este capítulo está terminado. Empieza una nueva etapa. Entonces, en esta burbuja en la que está, la humanidad busca a alguien que los presida. Desde siempre buscaron seguir. Es como que el hombre no puede estar desprendido de esa fuerza divina porque es muy fuerte. Tiene que haber un filtro en el medio. La religión utilizó ese filtro. ¡Sin más comentarios!

¡Ahora, estamos en un capítulo nuevo! Los que estamos en esa corriente, con esa energía, de poder, de gracia, de divinidad, de sabiduría (no de conocimiento) estamos recibiendo esa luz. Y esa luz se es dada para servir a la humanidad. Ya tenemos grandes desarrollos realizados.

 

Tras un silencio de poco segundos, prosiguió.

 

―¡Segundo capítulo! Estoy ya pronto en sacar las aguas de las Puertas de Erks, donde ya estamos en el Cuarto Portal. ¡38 metros de profundidad!

 

―¿Y qué es lo que están haciendo? ―pregunté.

 

―¡Estoy recuperando los Siete Altares! Primer Altar, Segundo Altar, Tercer Altar… El Cuarto Altar ya fue puesto a la vista en www.pirámideluz.com. Están las imágenes. Perfectas. Videos y demás.

Pero el 24 de febrero de 2012, cuando estoy por entrar a la Sala de la Reina, un ejército de 80 efectivos de 5 fuerzas, ente ellas la elite, con máscaras antigases y lanza gases, me llevan a prisión durante casi tres años. Una linda experiencia que me fortaleció mucho. Y se aprendió mucho también.

 Se me quita la propiedad [El Pozo de Luz], pero ahora se me es devuelta con todos sus derechos porque eso tiene escritura pública. ¡Ese lugar! ¡Esas excavaciones, donde se habían hallado muchísimas piezas (que están publicadas en Internet)! Muchísimas piezas. Entre ellas dos cráneos petrificados. Uno con dentadura doble, es decir, inferior y superior, doblemente más grande que las nuestras. Los cráneos mucho mayores que el mío. De mayor longitud. Estamos hablando de Gigantes. También había medallas de oro con la imagen de un barbado. Y yo decía, ¿quién será ese loco? Y también otra pieza más que se las voy a acercar ahora que la tengo. La mandé a rescatar antes del 24 de febrero de 2012. La saqué.

‘Hay que hacer sacar ésa y nada más”, dije. Después les indiqué dónde estaba y se la llevaron dos hermanos de Diamante [localidad]. Ahora me la entregaron de vuelta. ¡Van a ver lo que es eso!

 

―¿Y todas las demás piezas? ―inquirí. ―¿Se las confiscaron?

 

―En el lugar no hay modificaciones desde hace 7 años. No se sabe qué paso. El museo, si bien la propiedad es de 70 mil metros cuadrados, está. Se entró al museo y se robó piezas de ahí dentro. Está muy desordenado. Todavía es muy reciente todo. Todavía no hice una evaluación de las piezas que están. Pero a medida que vamos haciendo las excavaciones, sacando esa arenilla volcánica que está cristalizada producto de la humedad de suelo, vamos descubriendo todos los altares. Del primero al cuarto.

 

Recuerden que todo esto se halló en 1986, cuando yo estaba uniendo molecularmente las sales preciosas de oro con el ácido fórmico en el hospital de Tel Aviv. Un día me voy a visitar la tumba original de Jesús, no la que dicen los católicos, sino la original que está arriba de una terminal de ómnibus, y cuando me inclino me dice: “¡Construirás la Gran Pirámide!”.

Las obras comenzaron el 23 de diciembre de 2003. Se me dio un pantallazo dónde era el lugar. Yo no conocía San Marcos Sierras. Así lo hice y el 23 de diciembre, después de haber comprado la propiedad, inicié las obras.

La primera tarea era poner al descubierto, y entregar a Dios, devolverle a Dios, el Bastón de Mando que Dios reclamaba de la Tierra. Que se lo devolviese tal como él se lo había entregado a Moisés; ya que ningún ser humano en la Tierra tiene ―ni tendrá― la capacidad, humildad y entereza de manejar semejante poder.

 

―Perdón ―volví a interrumpir―. ¿Eso tiene algo que ver con el bastón de mando de Guillermo Terrera?

 

No ―respondió tajante―. Estamos hablando de cosas muy diferentes. ―Hizo un breve silencio y continuó. ―Entonces, siete años cavamos. 53 por 53 por 53 metros. Estaba la actriz Betiana Blum el día que vino la señal del cielo y pusimos la estaca ahí.

53 por 53 por 53. Ciento setenta y cinco hombres cavamos durante siete años. Finalmente, sobre una base rocosa con forma de puño, tal como Benjamín Solari Parravichini lo anunciara, un puño que tiene unos tres metros por tres metros de diámetro, sobre los nudillos, ahí estaba el bastón clavado, cubierto por esa arenilla volcánica cristalizada, en estado completamente húmedo.

Cuando el bastón salió, se lo pasó a Dios y veo cómo se va. Entonces, yo ingreso mí bastón en el agujero, hasta el fondo. Lo pude introducir dos o tres veces y después ese agujero se cerró. Propio de que era una arenilla volcánica cristalizada. La humedad lo cerró enseguida. Al momento de entregar y pasar a Dios esa pieza sagrada que él reclamaba que se le devolviese tal como él se lo había entregado a Moisés, levanto la palma de las manos a los cielos. Se siente como un movimiento sísmico ahí debajo y en el cielo ―desde el Uritorco y el cerro El Pajarillo, que están en línea paralela al Pozo de Luz― se alinearon siete bastones y de uno de los bastones bajó un haz de luz.

Luego de hacer esa entrega sagrada, en ese momento tan especial, me dice (Dios): “Golpea con tu bastón a tu derecha en el suelo”. Entonces, golpeo y siento un hueco debajo. Cuando vos golpeás con algo así, podés sentir algo sólido o que retumba. Saco esa tapa que estaba ahí, de roca, y me encuentro con lo que se llama Las Puertas de Erks.

 

Esperó a que alguien dijera algo. Nadie emitió comentario alguno. Entonces siguió:

 

―Ya está el Cuarto Portal puesto al descubierto a 38 metros de profundidad. Ahora está cubierto por agua y lodo, que fueron parte de la protección de estos siete años de vacas flacas.

Porque no es éste un momento malo. El equilibrio alcalino-ácido del cuerpo tiene que ser un equilibrio perfecto. No puede estar alcalino así [gesticuló colocando una mano a cierta altura] y el ácido así [puso la otra mano en otro nivel]. Por más que el alcalino sea bueno. Es un equilibrio ácido-alcalino lo que se necesita [y puso las dos manos en mismo nivel].

La Tierra está sujeta por un campo negativo y un campo positivo. No puede estar el positivo en mayor proporción que el otro. Tiene que estar en equilibrio perfecto. Estas cosas que suceden son parte de ese equilibrio para mantener esa fortaleza. Para mantener esas visiones que se nos encomienda.

¡Cuarto Altar al descubierto! Ahora voy para entrar al Quinto Altar: la Sala de la Reina. Mes esperan ―nos esperan― muchas señales ahí. ¡Cuidado con eso!

¡Sexto Portal! Hay un acuífero que es conocido como el famoso Tren de Carga, que pasa, que va al Uritorco y que solemos escuchar.

 

― El Expreso… ―agregué con la esperanza de no ser oído.

 

―¡El Expreso, sí señor! El Expreso es un acuífero que con la fuerza que tiene desprende rocas. Esas rocas van tomando fuerza, arrastran a otras. Van pegando en los costados del acuífero y esos son los famosos temblores o ruidos que sienten todos los que estamos en esta franja [dijo señalando con el brazo extendido y recto hacia Capilla del Monte]. Pero no pasa del Uritorco. Llega al Uritorco. Pero del otro lado no se siente. Se siente de este lado solamente y pasa justito por en centro de El Pozo. Por eso es muy común, cuando estamos en esas excavaciones, que, los que no están preparados para eso, salgan corriendo.

Cuando bajo con grupos de gente les digo: “Miren que puede suceder un temblor” pero no es un temblor. Es simplemente El Expreso que está pasando. Que son rocas del acuífero… Estamos hablando del Sexto Portal. ¡42 metros de profundidad!

 

Nos clavó sus ojos claros un par de segundos.

 

―48 metros de profundidad: el acuífero nos va a servir también como corriente de aire. Porque no es un tubo que llena todo. Está hasta la mitad de agua. Entonces nos va a servir como fuente de oxígeno también…

¡Séptimo Portal! Hay una sala grande, de unos 14 metros de diámetro, quizás más, donde hay una roca que está tapando un túnel que nos comunica con el cerro El Pajarillo. Pero por ahí ninguno de ustedes, ni yo, podremos pasar. Por ese espacio sólo pasarán 144 mil almas. Son seres mansos, tiernos, compasivos, misericordiosos. No están atados a ningún compromiso de dinero, de amor, de trabajo, de nada. En la Tierra se los llama discapacitados. Son seres que han evolucionado y han llegado a la perfección humana. En la Tierra se los denomina Síndrome de Down. Pero no son discapacitados. Son seres evolucionados. Seres mansos. 144 mil de esas almas ya están siendo preparadas para atravesar ese espacio sagrado. Hasta tanto eso suceda, las aguas subirán y alcanzarán la esfera que estoy tejiendo y terminando, para terminar de tejer los imanes de neodimio, de las viejas computadoras en desuso, que van a estar colgados de una cuerda sujeta Este/Oeste y otra Norte/Sur sobre la esfera que hice. Esa esfera es un átomo. Un campo neutro. Y como las aguas son conductoras, mayor conductividad tendrá [¿con los imanes?] y harán girar la esfera a gran velocidad que creará un arco de luz voltaico. Ese arco servirá para la sanación de las naciones, ya que la Tierra sufrió un pequeño cambio en su eje magnético (que los científicos acaban de confirmar).

Ese cambio en el eje magnético, ese giro que altera las temperaturas y todos los hielos en el mundo, afecta a todos los seres vivos: plantas, animales y seres humanos.

En animales y seres humanos afecta al sistema nervioso. El sistema nervioso te paraliza. Te puede paralizar el páncreas, el hígado, el riñón, el útero, las vías sexuales, hepáticas, renales, lo que fuese… Entonces, al tomar contacto con ese arco voltaico, por un lado servirá para que ningún buzo pueda ingresar para hacer una expedición por esas tinieblas. Y por otra parte, servirá para la sanación que, al acercarte un poco no mas ―no vas a poder acercarte mucho porque te expulsa―, se pone en equilibrio el campo magnético. ¡Mirá si tenemos trabajo!

 

 

El “Átomo” de Corsi es colocado sobre El Pozo de Luz

 

―¿Ese es el motivo por el que usted construyó el “átomo”? ―pregunté.

 

―¡Exactamente! Pero yo tampoco lo sabía. A mí me dijo (Dios): “Toma las botellas de plástico en deshecho, lávalas, enjuágalas, córtalas en su base y has una bola de dos metros de altura, eso me lo reveló el 25de julio de 2014 en la prisión. Salgo y me pongo a tejer la bola.

 

―¿Cuándo saliste, Néstor? ―inquirió el funcionario amigo.

 

―24 de octubre de 2014.

 

―¿Y por qué tiene ahora el complejo cerrado? ―intervine.

 

―Porque el problema es que hay tres clases de seres humanos, de los cuales de uno tenés que saber escapar. Primero la orden fue: “Mantente en silencio. Aguarda”. Vendrán muchos maestros, profetas, mensajeros, adivinadores, sanadores, bla, bla, bla… Y uno de ellos levanta la mano y le dice: “Padre, ¿y cómo sabremos quién es el verdadero?”. Y Jesús le dirá: “Sólo por sus obras lo conoceréis, ya que la fe sin obras es muerta”.

De esas tres clases de individuos que nombré, está el Dormido. ¡No intentes despertarlo! Puede despertarse de mal humor. Nació y está en esta etapa para estar dormido. ¿Cómo lo reconocés? Porque lo primero que hace, sin darse cuenta de que la vida es un reflejo, es hablar mal del otro. ¡Escapa de él! ¡Déjalo que siga dormido!

Está el Despierto, por eso me senté a charlar con ustedes. Estamos despiertos. Estamos activos. Nuestro espejo retrovisor tiene el tamaño que tiene que tener. No ocupa el parabrisas. Estamos mirando hacia adelante, podemos, sí, mirar un instante hacia atrás; pero tenemos la vista al frente. El tiempo avanza y va a mucha velocidad en este momento. Los tiempos se acortaron.

El problema es el Sonámbulo. Al sonámbulo Dios lo llamó el Tibio. ¡Ojala fuese frío o caliente! “Pero cuando eres tibio te vomitaré de mi boca”. Es lo peor que puede haber en un ser humano: estar en sonambulismo. El sonámbulo te transporta al pasado o al futuro. No tiene nada claro. Mirá, una oportunidad, ése que dice que anda siempre con los ovnis… ¿Cómo se llamaba?

 

―¿Quién? ―preguntó mi compañero.

 

―No me acuerdo… Ese que venía de México, de Chile…

 

―¿Sixto Paz Wells? ¿Ricardo González? ¿Maussan?

 

―No me acuerdo, che… Te hablo de 20 años atrás. Era famoso. ¡Hizo un revuelo bárbaro diciendo que viajaba con los ovnis! Que se había ido tres meses… Después no apareció más el tipo ese.

 

―¿Castillo Rincón?

 

―Me parece que sí.

 

―El venezolano Castillo Rincón.[7]

 

―Veinte años atrás decía que los ovnis lo venían a buscar seguido. Que se iba con ellos y que en uno de sus últimos viajes había estado seis meses… ¡La mierda! Entonces, me voy a aeropuerto de Ezeiza. Estaba con todos sus guardias ahí. Me acerco y le digo: “Necesito hablar con vos, por favor. Sólo un minuto”. Me metí como pude hasta llegar a él y le digo: “Mucho gusto, encantado. ¿Usted es fulano?”. Sí, me responde. “Le voy a hacer una pregunta. ¿Usted viajó varias veces al espacio en esas naves?”. Sí, me dijo. Entonces, le pregunté: “Dígame, ¿cómo son los baños?”.

 

No puede evitar lanzar una estruendosa carcajada.  Los recursos de Corsi parecían infinitos.

 

―¡Te imaginás cómo me sacaron del aeropuerto! ¡Iba en el aire! Me engancharon por debajo de los brazos, me sacaron hasta la puerta y dijeron: “No aparezcas más”.

¿Me vas entendiendo?… Era una pregunta simple.

¡Yo vivo dentro de una nave! Estoy aquí, en este plano, pero estoy en ese espacio también. En esa nave tengo todo lo que necesito. ¡Pero también tengo baño para orinar, para cagar! En los planos ―no solamente los que les entregué a la NASA― les describo el corte longitudinal del ovni, o qué son las baterías al vacío, por qué rotan, qué son los aeropuertos de naves, sino que también te muestro cómo son los baños. Te muestro la tecnología que hay, que no existe en el planeta. ¡Vamos a cosas reales! ¡Es tiempo de hacer visible lo invisible! Espero haber sido claro.

Ahora, ¡vamos a disfrutar de un buen cordero!

 

Aquel alud de ideas y conceptos, anécdotas y experiencias que Corsi ―el profeta Kropp― nos lanzó a boca de jarro aquel mediodía nos siguieron retumbando el resto de la jornada. La verdad sea dicha, no sabíamos si reír o tomarnos sus dichos en serio. Corsi es un hombre simpático, sumamente seductor. El carisma que exuda se siente no bien empieza a hablar. No me extraña que centenares de personas lo sigan considerando un gurú, un enviado, un elegido de la divinidad. Incluso un extraterrestre.

Tampoco me extraña su Pozo de Luz. Sólo una personalidad como la suya sería capaz de movilizar tantas voluntades y dinero para levantar semejante obra.

 

Al atardecer, ya cuando teníamos que pegar la vuelta hacia Capilla del Monte, Corsi se ofreció gentilmente a llevarnos en su camioneta. Y así lo hizo, sin dejar de hablar a lo largo de todo el trayecto.

Cuando llegamos a destino y detuvo su vehículo en la esquina de la Plaza San Martín, nos despidió con un fuerte apretón de manos.

Por un momento lo imaginé subiéndose al plato volador que decora el parque de la plaza y saliendo despedido al espacio exterior para hablar con Dios.

 

 

URÚ-URÚ

 

―Hola, buenos días. ¿Señora Betty?

―Sí…

―Ah, mucho gusto. Mi nombre es Fernando. La llamo porque con mi esposa estamos muy interesados en participar de las ceremonias que organiza en su propiedad. Usted no me conoce, pero conseguí su número de teléfono en la Librería Nagual de la calle techada.

Pareció dudar una décima de segundo y respondió algo seca:

―Mire, por ahora estoy ocupada. Tengo un contingente muy grande de turistas y las cabañas llenas…  ¿Usted hasta cuándo se queda?

―Hasta fin de mes ―respondí.

―Bien, en ese caso, lo espero el miércoles próximo a las 20:30 horas. No hay señal de celular donde vivo. Tuvo suerte: me agarró en el centro. ¿Vino en auto?

―No.

―En ese caso dígale al remise que lo traiga hasta las cabañas “El Lugar Elegido”. Están en el cruce de la Ruta 38 y la 17. Ellos ya saben.

―¿Hay algún costo por participar en la ceremonia?

―No. Es a voluntad.

―Muchas gracias. Nos veremos el miércoles, entonces.

 

Con esa llamada telefónica de menos de cinco minutos había abierto un portal (esos que tanto le gustan a Corsi y a los uritorqueanos) que me iba a permitir conocer ―“en vivo y en directo”― a una persona emblemática en la historia esotérica y ufológica de Capilla del Monte: la viuda de Ángel Cristo Acoglanis. La última mujer del gran gurú. Del iniciador de la leyenda de Erks. El canalizador de Saruma, el pleyadiano residente en la ciudad intraterrena, dispuesto a salvar a la Humanidad.

 

Cercanas las 20 horas de aquel miércoles 30 de enero tomamos el remise en dirección a “El Lugar Elegido”.

El sol empezaba a ponerse y el Uritorco se camuflaba, poco a poco, de un color rojo opaco, dándole un aspecto diferente al que había tenido durante el resto del día. Era un espectáculo maravilloso. Camaleónico.

En tanto dejábamos algo atrás el “sagrado” cerro [lo de sagrado es un anacronismo producto del imaginario New Age/ufológico que campea en toda la región hace tres décadas], la sierra de El Pajarillo [famosa por el supuesto descenso y “huella” dejada por una hipotética nave extraterrestre en enero de 1986] reflejaba los últimos rayos de sol, adquiriendo a la distancia el aspecto de un inmenso médano.

 

Justo en la intersección con la Ruta 17, la que conduce a Los Terrones y Ongamira, entramos en el predio de los Acoglanis. Iki Shamuaika, decía un cartel tallado en madera y ubicado en medio de un enorme y prolijo parque. Pero no es ése un vocablo que podamos encontrar en ningún diccionario de lenguas aborígenes, como muchos pueden suponer. Las cabañas de Betty ―en castellano, El Lugar Elegido ― toman su denominación de una lengua a la que su marido calificó como “cósmica” y bautizara con el nombre de Irdín. Uno más de sus muchos inventos.

El auto recorrió un largo camino de grava y estacionó frente a un coqueto chalet. Descendimos.

Una mujer de unos sesenta años, activa y ágil andar se acercó a nosotros. Me presenté.

―¡Ah, los de la Librería Nagual! ―dijo y nos dio un beso.

―Intenté llamarla hoy a la mañana para confirmar el encuentro, pero me fue imposible.

―No. Acá no tenemos señal ―respondió y miró al remisero que permanecía sentado en su auto a unos metros de distancia. ―Dígale que los pase a buscar a eso de diez y media de la noche. Para entonces habremos terminado.

Cumplí con la sugerencia, pagué y regresé a su lado. Verónica le comentaba lo hermoso que era el lugar.

―Van a tener que esperarme media hora. Estoy terminando de darles la cena a mis huéspedes. Quédense acá, en el parque. Recorran todo lo que quieran. En media hora, a las nueve en punto, salimos. Vayan a ver la pileta. Está por allá. Es muy linda. Ahí nos reunimos a charlar y meditar muchas veces. Sirvo el postre y subimos.

¿Subir?, me pregunté a mí mismo. ¿A dónde? ¿Acaso habría alguna nave intergaláctica camuflada en algún lugar?

Cuando nuestra anfitriona se retiró, caminamos un rato. Saqué unas pocas fotos y visitamos la mentada piscina. Siempre bajo la atenta y vigilante mirada de un perro negro, enorme, cuya particularidad más evidente era la de tener un ojo oscuro y el otro completamente blanco.

―Se parece al de la película La Profecía ―dijo Vero.

Preferí no hacer comentarios y permanecer debajo de un pintoresco quincho.

 

A las nueve en punto, desde la casa principal, empezó a salir gente. Un hombre y cinco mujeres, cuyo promedio de edad iba de los 60 a los 65 años. Todos portaban en sus manos sendos báculos de madera. Se detuvieron a unos metros de nosotros y miraban el cielo, que para entonces estaba completamente estrellado y oscuro. Nadie se presentó.

Paré la oreja para escuchar lo que decían.

―¡Uy, qué hermosa noche vamos a tener! ―exclamó una.

―¡Sí! ¡Preciosa! ―repondió otra, oteando el firmamento. Y agregó, señalando hacia arriba: ―Ayer vimos una por allá. Se vio perfectamente.

Y todos asintieron.

Pocos minutos después, la dueña de casa hizo su aparición. También llevaba un largo báculo en su mano derecha.

―Ahora vamos a subir ―dijo―. Sólo les pido que guarden silencio y traten de conectarse con su ser interior. Tenemos unos minutos hasta la cima. Prendan sus linternas.

Y sin más, esa extraña procesión se puso en marcha, en fila india.

 

En 1974 Graciela Beatriz Mühn (Betty) tenía apenas 19 años cuando conoció a Ángel Acoglanis, quien por entonces rondaba los cincuenta años de edad. Se cansaron en Uruguay y desde el principio de la relación el gurú ejerció sobre ella una tremenda admiración, la que la llevó a participar, a modo de “sacerdotisa”, en la muchas canalizaciones que su marido practicaba en la región de Los Terrenos que, como ya dijimos, se constituyó en el Altar mayor de lo que parecía una ser una incipiente nueva religión.[8]

Tras el asesinato de Ángel en 1989, Betty, que decía (y aún cree) canalizar a un Hermano Superior de Erks llamado Guatuma, se hizo cargo del legado y, con la ayuda de Oscar Acoglanis (hijo de un primer matrimonio de su esposo) y Gladys (su mujer), mantuvieron los encuentros y canalizaciones místicas en Los Terrones. Pero, en 1992, Ramón Verón ―propietario del predio― le cedió el manejo de los asuntos comerciales a su hijo. Las relaciones entre el heredero y Betty no fueron buenas y empezaron a desgastarse. Al tiempo, Oscar se divorció de su esposa, quien fue reemplazada por Lina Castro (la hotelera de Los Cocos, muy arriba mencionada). Finalmente, en 2004, Betty y sus dos acólitos dejaron de asistir la emblemática formación de arenisca del Valle de Luna.

Al tiempo, Lina y Oscar siguieron sus propios caminos místicos independientes y ―ya sola― Betty se proclamó Representante de Erks en todo valle. Transformó su Iki Shamuaika en un lugar de retiro, con cabañas para huéspedes y menú vegetariano incluido, y, por intermediación telepática de los seres intraterrenos, elevó sus esfuerzos por conservar viva la herencia espiritual de su esposo, hasta la actualidad.

Cuando emprendimos el ascenso a la cima, Betty/Guatuma llevaba ya muchos años hablando con los Hermanos Superiores del Cosmos.

 

El sendero que seguimos era hermoso, especialmente de noche y a la luz de las linternas semejaba a esos que aparecen en las películas de género fantástico, en donde el protagonista es el bosque mismo.

De piedras y no más de dos metros de ancho, el caminito ascendía levemente al principio, bordeado de arbustos y árboles que, en dosel, creaban un techo natural que dejaba ver el cielo sólo en parte. Era como caminar por un largo túnel.

Las cinco mujeres mayores me invitaron a que con Vero nos adelantáramos a ellas. Aún con los báculos apoyándolos en el piso, les costaba mantener el ritmo que llevaba Betty, encabezando la comitiva.

Acepté y, justo en el momento en que aceleraba mi paso, dos o tres bichitos de luz cruzaron el sendero sobre nuestras cabezas.

Pocas veces fui testigo de lo que la extrema credulidad es capaz de producir.

Las señoras empezaron a gritar de alegría.

―¡Acá están! ―exclamó una.

―¡Llegaron! ―prorrumpió una segunda, levantando el báculo y sacudiéndolo.

―¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! ―soltaron las tres restantes.

Me sonreí. Miré a Vero. Estaba empezando a tentarse.

Entonces, las estertóreas muestras de felicidad se cortaron de golpe cuando Betty, girando sobre sus talones, ordenó en voz alta y manifiesta autoridad:

―¡Dije que guardaran silencio!

El cacareo se extinguió. Las mujeres murmuraron algo por lo bajo y seguimos nuestro camino.

Habremos tardado unos veinte minutos en alcanzar la parte más alta, pasando ―primero― por una huerta adornada de carteles y corazones colgando de las ramas, como si fueran atrapasueños. “Amor, tolerancia, respeto, armonía” eran las palabras escritas en ellos. Un poco más adelante, en una segunda “escala técnica”, nos topamos con un gran claro, en cuyo piso había un enorme mandala diagramado con rocas y una virgen católica en su centro.

Betty levantó su brazo derecho al cielo. Puso la izquierda a la altura del bajo vientre y con una voz clara, prístina, iridiscente, exclamó en Irdín:

―¡Urú urú, maguak sikiuk!

De ahí en más no paró de hablar y entonar mantras en castellano e idioma cósmico por espacio de otros quince minutos, tras los cuales emprendimos el último trayecto a la cima.

Era una zona alta. Elevada sobre la Ruta 38, tal vez, menos de cien metros. Otro círculo perfecto, rodeado de plantas y dos bancas de madera ubicadas en su perímetro.

Miramos hacia arriba.

El cielo estrellado era subyugante. Cientos de miles de estrellas titilaban ante nuestras dilatadas miradas y en el horizonte, el perfil de los cerros lejanos se recortaba contra un fondo aún más negro que ellos. Aunque no todos. Los que se anteponían a la ciudad de Cruz del Eje dejaban ver la luminosidad del aquel centro urbano. Apenas un brillo. Pero lo vi no bien llegamos a destino.

 

―¡Urú urú, maguak sikiuk! ―volvió a exclamar Betty, dando paso a un monólogo ininterrumpido de casi cuarenta minutos.

Imposible sería recordar coherentemente su contenido. Las palabras salían expelidas de su boca como si fueran parte de una catarata semántica, en la que decenas de ideas y conceptos se mezclaban sin orden ni concierto. Un aquelarre de contenidos New Age, espiritualismo y ufología. La energía y el amor. La compasión cósmica y la unidad. El regreso al origen y la santidad de los actos. Sus vibraciones y el equilibrio. La fuerza de la voluntad y las causalidades.

No había duda de que conocía bien el libreto y la técnica, para instalar un verdadero horror vacui al silencio, la tenía aceitada. No permitía que se razonara nada de lo que decía y mantreaba. No había tiempo para interrupciones y preguntas. Máxime cuando el Irdín ocupaba el lugar de la lengua heredada de España.

Pero nadie de los que ahí estaban había ido a ese sitio a cuestionar nada.

―¡Miren allá! ―pregonó Betty, señalando al cielo con la luz de su linterna. ―¡Una nave! ¡Se nos están revelando! ¡Urú urú!… ¿La ven? ¡Allá! ¡Miren!

Elevé la vista siguiendo el as luminoso y sí, bien arriba, entre las estrellas, un puntito diminuto de luz se trasladaba lentamente.

Toda la comitiva lanzó una exclamación de sorpresa y emoción.

―¡Gracias, hermanitos! ―volvió a exclamar la anfitriona. ―¡Urú urú! ¡Observen! ¡Allá va otra nave!

Ésa titilaba más fuerte que la primera. La notaba, incluso, más grande. Venía en dirección de Uritorco.

―¡Qué maravilla! ―gritó una de las mujeres, elevando su báculo.

Me incliné hacia Verónica y le pregunté al oído:

―¿La ves?

―Sí, claro ―respondío sin bajar la mirada. ―Y mirá, allá hay otra más…

―¡Urú urú! ―prorrumpió Betty, dirigiendo las palmas abiertas hacia lo que, evidentemente, era un satélite artificial. ―¡Gracias, hermanos! ¡Gracias, Comandante! ¡Gracias, Señora! ¡Urú urú, maguak sikiuk!

 

A lo largo de los tres cuartos de hora que permanecimos en el pináculo, observamos no menos de nueve lucecitas moviéndose en el cielo. Una a la vez.

No voy a negarlo: nunca había visto tantos satélites en tan poco tiempo. Pero la oscuridad imperante habilitaba a que ello ocurriera. La hora también. De todos modos, hay que aclararlo, ninguna de esas luces realizó una trayectoria o movimiento extraño. No hubo giros en 90 grados ni desplazamientos bruscos a la velocidad de la luz. No aumentaron su tamaño ni zigzaguearon, como suele decirse que ocurre, en el ambiente ufológico.

Sólo puntos brillantes. La mayoría más lejos que cerca y todos susceptibles de ser explicados sin la intervención de alienígenas o seres de luz provenientes de Erks.

Satélites y aviones. Simplemente eso.

Debería uno tener muy endeble las bases de su cosmovisión para cambiarla con los que observábamos. Si aquello eran “naves”, no provenían del interior de la Tierra ni de algún planeta lejano.

 

Entonces, Betty giró en dirección contraria al Uritorco.

―Miren ―dijo señalando el contorno de unos cerros distantes. ―Observen bien la luminosidad que se trasluce por detrás de aquellas montañas. No estaba cuando llegamos aquí…

Eso no era cierto. Yo mismo la había notado al alcanzar la cumbre, cuando todos miraban para otro lado tratando de ubicar ovnis en el cielo. Tal vez no haya sido el único, pero nadie objetó nada. Yo tampoco. No quería convertirme en el aguafiestas de la ceremonia.

―¿Es  Erks? ―inquirió alguien desde las sombras.

Betty no respondió y prosiguió con sus mantras bilingües hasta que su voz empezó a bajar más y más, anticipando que el “contacto” estaba por terminar.

―¡Gracias, Comandante! ¡Gracias! ―volvió a proferir, seguida por los agradecimientos de las demás “embaculadas”.

De pronto, por primera vez en un largo rato, el silencio reinó en aquella planicie elevada de terreno.

―¿Qué les pareció? ―preguntó la viuda de Acoglanis.

Hermoso ―dijo una.

Maravilloso ―dijo otra.

Increíble ―sostuvo una tercera, vivamente emocionada

―Gracias, Betty ―intervino con solemnidad una cuarta, en tanto sostenía firmemente su bastón con ambas manos, apoyando la frente en él. ―Ha sido una experiencia divina. ¡Gracias de nuevo!

Entonces, Betty volteó hacia ella. La iluminó con su linterna, escaneándola de arriba abajo y sentenció con voz cortante:

―¡Tenés el báculo al revés!

 

En los quince o veinte minutos que tardamos en desandar el camino hacia la casa principal, intenté entablar conversación con la canalizadora; pero las asperezas del suelo, sus rocas, desniveles y la necesaria atención puesta en el haz de la linterna a cada paso, no la convirtieron en lo fluida que hubiera deseado. Por su parte, Betty parecía estar poco comunicativa.

No insistí.

Dejé que guiara el trayecto de regreso y traté de poner en perspectiva, mentalmente, lo que acabábamos de experimentar.

Para ser honesto, la ceremonia no me había impactado demasiado. No había escuchado nada  que antes no hubieran expresado otros gurús o maestros, en otros “sitios de contacto”.[9]

¿Quiénes copiaban a quién?

Todos se decían discípulos directos de Ángel Acoglanis. Únicos herederos de sus mantras, lugares sagrados y rituales. Claro que si nos atenemos a la historia y a su exacta cronología, la de Betty era la copia más fiel de las ceremonias originales, celebradas en Los Terrones. Ella no sólo había sido su esposa, sino su principal sacerdotisa entre 1983 y 1989. Parece ser, entonces, que es ella la que tiene el As de Espadas. La carta más fuerte de la baraja.

Pero si las prácticas de esa noche de enero de 2019 guardaban un mínimo de respeto por las primigenias de los años ’80, la verdad es que los libros, artículos y conferencias que se han dado en relación a ellas exageraron las tintas. Describieron grandilocuentes y aparatosos rituales, extrañas luces que dejaban boquiabiertos a los participantes y seres lumínicos expandiendo el espíritu de todos los presentes, como si de una hierofanía se tratara.

Pero nada de eso fue tan espectacular. Las cosas resultaron más sencillas de lo que imaginábamos. A menos, claro, que uno fuera un ferviente creyente convencido y estuviera abierto ―muy abierto― a experimentar o ser testigo de sucesos extraordinarios, retroalimentados con el acuerdo de otros y cero sentido crítico

No fue ése nuestro caso.

Lo que para ellos era “naves” (extraterrestres), para nosotros fueron simples aviones, satélites artificiales y estrellas que, de haber podido usar ciertas aplicaciones del celular (cosa que ni siquiera intentamos por respeto a sus creencias) habríamos identificado con precisión casi matemática.[10]

Las cosas se mitifican y mistifican. El paso del tiempo y la inestabilidad natural de la memoria humana nos juegan en contra. De ahí el apuro por escribir esta crónica.

 

Al llegar a la base eran las 22.30 horas.

Temimos no encontrar el taxi que habíamos contratado, pero allí estaba esperándonos.

Sin demasiados prolegómenos, Betty nos despidió con un beso, entregándonos su tarjeta personal.

―Si alguna vez desean alojarse acá ―dijo―, escriban al correo de Internet que figura ahí abajo.

Saludamos al grupo, entregamos el dinero “a voluntad” que nos habían sugerido y nos subimos al auto.

De regreso a Capilla, guardamos silencio.

 

 

PALABRAS FINALES

 

Así amanecí al día siguiente de la experiencia en Iki Shamuaika. Se terminaban las vacaciones. Regresábamos a casa. Habíamos consumido el primer mes del año 2019 y teníamos que abandonar la promocionada magia de Capilla del Monte y su valle.

En pocas horas más volvería a estar en Buenos Aires, disponiendo los papeles, apuntes y libros para un nuevo ciclo académico. Volvía la rutina y el febril trajinar urbano.

Dejábamos atrás treinta días de platos voladores, profecías y armonía universal, contactismo, pozos de luz y comandantes intergalácticos haciéndonos guiños desde el cielo.

Retornábamos a la realidad. A la terrenal e inmanente rutina de todos los días, donde los alienígenas y angelicales seres intraterrenos sólo existen en la tele, Internet y las revistas; tanto como en la credulidad y pereza intelectual ante los embustes.

En ese sentido, también volvíamos desengañados.

Ninguna de las experiencias nos había “pateado la estantería”. Nada anómalo nos había transfigurado la forma que teníamos de ver el mundo.

Al menos para nosotros, no habían resultado suficientes.

Aunque acabo de leer en un blog de la Web que los Hombres de Negro, los reptilianos y la Confederación de los Hermanos Galácticos están actuando subrepticiamente en las cercanías de Capilla del Monte.

Quizás el año próximo tengamos más suerte.

 

 

FJSR

Febrero 2019

 

 

* Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la UNMdP (Argentina).

[1] Nota: Como sé que la inestabilidad económica que soporta el país desactualizará en breve este precio, diré para información del lector que se consideraba una excursión cara, dados los sueldos a los que el neoliberalismo nos ha condenado.

[2] Para un pormenorizado estudio de la vida y obra de Acoglanis y la mitología derivada de su ceremonias, véase el mejor trabajo de investigación escrito a la fecha: De Filippi, Sebastiano, La Ciudad de la Llama Azul. Luces y sombras sobre el Cerro Uritorco, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2018.

[3] Según Villamil fue el propio espíritu de Acoglanis ―en una mística ceremonia celebrada en Ongamira―quien le pidió escribiera su historia.

[4] Véase reportaje “Un ser cósmico llamado Saruma”, minuto 9:25, 25 de enero 2019. Disponible en Web:https://www.youtube.com/watch?v=_Wm9mqIV1Ik&feature=youtu.be&fbclid=IwAR3pTkqlJxYUo0tQ5BOUew2pwvuOzYET5X40MuSrQzCr1Y8gUxJ-diguFcM

[5] Véase: Igounet, Osvaldo Santiago, La Pirámide del Infierno. Los círculos de una investigación sobre Kropp y su vacuna para el cáncer, Editorial de los Cuatro Vientos, Córdoba, 2015, pág.115.

[6] Véase: Igounet, Osvaldo Santiago, op.cit.

[7] Véase en Web: https://www.youtube.com/watch?v=e4Yv8KN0Ltg

[8] Para una pormenorizada historia del matrimonio y participación de Betty en las ceremonias de canalización véase: De Filippi, Sebastiano, op.cit. pp. 84-87, 103-109, 11-119, 121-124, y ss.

[9] Véase las siguientes crónicas del autor: Un Racionalista en Capilla. Disponible en Web: http://factorelblog.com/2015/10/15/un-racionalista-en-capilla/ Crónicas Erksianas. Disponible en Web;http://factorelblog.com/2016/03/30/mas-cronicas-erksianas-2/

[10] Véase: Una pagina online muy buena para descargar la app para seguimiento satelital es “Heaven Above” .Allí es posible encontrar una lista de más de 4000 satélites. También  es posible consultar el seguimiento “en vivo” de aviones y globos con la app “Flight Radar 24”. Para conocer la posición de las estrellas, constelacines y objetos estelares se recomienda consultar las apps “Sky View”, “Sky Map” y “Stellarium”.

Comentarios

  1. Horacio

    2 marzo, 2019

    El señor cuenquero hace unos tres años realizaba armonizaciones individual es de unas tres horas al módico precio de unos dos mil a tres mil pesos de hoy. Lo único que hacia era tocar los cuencos y contar anécdotas de su vida mágica en Capilla del Monte. Un gran sanatero y caro.

  2. Sergio Cossa

    7 marzo, 2019

    Capilla del Monte es un pueblo. No tiene «altos funcionarios». Ni siquiera el intendente es un «alto funcionario». Si necesitás esos términos para robustecer tu relato, es porque le falta asidero.
    Me pregunto: si dentro de tu cerrado escepticismo pagaste y subiste a las alturas que te dan vértigo… ¿Sos masoca vos?
    Hay mucha tela para responderte, pero no vale la pena. Creo que es bueno que no hayas tenido una buena experiencia. Así no volvés más.

  3. Andrea

    7 marzo, 2019

    Me encantaría comunicarle sobre la sencillez de la biodiversidad de la zona. Los aparentes eso no son el eso y las palabras no son lo mejor para estar desnudos. Pero me encantaría si vienen acá que vengan en invierno, que puedan recorrer una humilde huerta y compartir mates espirituales, no de profetas sino de espíritus que comparten sus saberes que somos nosotros, o sus silencios, o canciones ante las realidades. Que escuchara cantar la realidad compartiendo un guiso humilde en una casita de barro de la zona porque el camino espiritual es ese y cuando es verdadero no tiene marketing. Estan invitados y sobre todo no en temporada, un abrazo

  4. Mario A. Bunge

    7 marzo, 2019

    Este señor Cossa es «alguien»? Porque escribe con tono de alguien que cree serlo, pero con palabras que revelan una notoria bajeza e importantes limitaciones. (Acaso sea uno de los pícaros pseudo-esotéricos que viven de la credulidad ajena…) Se podrá o no estar de acuerdo con el Prof. Soto Roland, pero se precisa algo más que resentimiento para atacar sus escritos.

  5. Claudio

    1 julio, 2019

    Jodase, eso por andar pagando por algo que no es necesario.

  6. Fernando.Jorge.Soto.Roland

    26 diciembre, 2019

    Siempre es necesario para hablar con propiedad sobre algún tema, mi estimado amigo. Y si hay que pagar… pagaremos.
    Mis saludos.

  7. Fernando.Jorge.Soto.Roland

    26 diciembre, 2019

    ¡Pero mirá qué cosa,Cossa! Recién hoy, después de 9 meses veo tu comentario.
    Espero sepas perdonar la demora.
    De todos modos, optaré seguir tu estilo y no voy a defender lo que ya está escrito. Como los jueces:hablo a través de ellos.
    Respecto del supuesto masoquismo, no responderé sobre cuestiones que hacen a mi vida íntima.
    Por otro lado ¿quién te dijo que tuve malas experiencias? Fueron fantásticas. Me malinterpretaste, Cossa.
    Lo que sí lamento es no haber leído antes todo esto porque –mirá qué cosa– tengo varios viajes planeados a Capilla. Soy medio como McArthur, ¿vio?
    Saludos cordiales

    PD: voy a ver si en 9 meses entro de nuevo a responder mensajitos de lectores (que por suerte tengo muchos)

  8. Victor

    3 febrero, 2020

    por favor, si sos un mamarracho y un pobre tipo que quieren hacer negocio con articulos como estos. Si no te gustan lo que hacen, no vayas. Das lastima.

  9. Fernando.Jorge.Soto.Roland

    14 febrero, 2020

    No debería responderte porque no sé quién sos. ¿Sólo un Víctor? De todos modos, flaco, no entendés nada. ¿Negocio? Jajajaja… Como se ve que no escribiste un corno en tu vida.
    Ah, y la próxima vez que viaje a Capilla, te pido permiso.

    PD: Patético.

  10. Eli...

    22 junio, 2020

    ¡Ay, ay, ay! Practico varias cosas del New Age. Fui a Capilla del Monte, y la verdad que me pareció un comercio absoluto. No subí al cerro Uritorco, porque quedé a mitad de camino.
    Aclaro que es una fantochada que se siente una energía «super poderosa», yo no sentí absolutamente nada y quién fue conmigo, tampoco sintió nada.
    Hay carteles por todos lados, anunciando que ese lugar verían a los marcianos. Como el lugar al que fuiste sin creer nada. El comentario de como estaban los cerros fue genial, no quisiste ser aguafiestas.
    Cada uno cree lo que quiere creer, y ante tanta insistencia, tanto mantra y tres bichitos de luz, la mujer se hizo el día. ¡Y bueh!
    Medito, soy Reikistas, Astrologa y algunas cosas más. Primero que todo soy arquitecta.
    Es probable que no creas en ningun de esos temas, pero en lo que coincidimos absolutamente es en la payasada de ese lugar.
    Evidentemente, ese tal Victor, que ni foto tiene, se comió el sapo.
    ¡Saludos, desde City Bell!

  11. Eli...

    22 junio, 2020

    ¡Ah! Fui leyendo salteado tu texto, porque quería llegar a Capilla del Monte, me imagino que el resto también habla de «sanateros», ja, ja, ja.

  12. Fernando.Jorge.Soto.Roland

    14 julio, 2020

    Jajajajaja… Lamento no hayas podido tener ninguna experiencia trascendente en Capilla. Yo te diría que pruebes aprender Irdín (el idioma cósmica). En una de esas mantreando en la lengua de los ET podés convocar alguno.
    Gracias por tu tiempo.
    Saudos!

  13. Walter

    12 agosto, 2020

    Sos capo. Más leyendo en los comentarios al pie de tu relato el odio que despertas en toda está manga de pelotudos.
    Vengo de una familia donde desde chico mame y aprendí sobre esoterismo y Tarot. Aprendí que el mejor maestro es el silencio y la mejor charla es la de fútbol. Ninguno está a la altura de las circunstancias porque te quieren imponer su verdad y te descalifican permanentemente. Para pretender ser tan elegidos y saber tanto, a ellos los descalifica su falta de humildad y como insultan a los que se ríen de su hija putez. Son todos chorros

  14. Walter

    12 agosto, 2020

    Nada, me cague de risa con lo que contaste. Tal cual, al igual que Eli, entiendo algo del tema, tuve muchas experiencias, me tire más para el lado de la cábala al final.
    Estuve varias veces en capilla por trabajo. La verdad que nunca sentí nada ni vi nada, sólo pequeños burgueses haciéndose los iluminados, extraña iluminación. Cada vez que los veo, los vibro y los escucho, me muero de la risa. Son muy culeados. Saludos desde Neuquén

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