Lincoln la libélula que no regresó a casa

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Lincoln era el nombre de una libélula nativa de la gran Canaria en España. Esta pertenecía a la especie Crocothemis erythraea más conocida como libélula roja. Muy común en esas islas al sur de la península ibérica frente a las costas de África.

Las canarias son un archipiélago compuesto por siete islas y se ubican un poco alejadas de la zona continental al igual que las Islas Azores parecen un territorio hostil pero no es así, son regiones llenas con vegetación de amplio follaje  y el color verde abunda.

Ese hermoso paisaje era el hogar de Lincoln, desde su nacimiento no conocía tierras más allá de las que sus enormes ojos a gran altura podían divisar. Por esa razón vivía fascinado por las historias que contaban otras osadas libélulas de aventuras vividas en el largo viaje cruzando el océano Atlántico hasta las costas del caribe en América.

Era un viaje largo y agotador contaban en esas historias llenas de fantasía, que aprovechaban las fuerzas de los vientos alisios esos  que corren de Este al Oeste bordeando la línea ecuatorial arrastrando inclusive monumentales nubes de arena del gran Sahara.

Esos relatos fueron alimentando en Lincoln un espíritu de libertad el cual hasta ese momento no poseía, el miedo y la falta de decisión lo habían detenido a realizar traslados mayores a dos o tres  días.

Una tarde de invierno Lincoln se hallaba muy aburrido porqué sanaba unas heridas causadas por unos niños que cazaban insectos voladores, para colocarles  en sus colas unos finos hilillos que según ellos eran mensaje para sus enamoradas.

Esto ocasionaba maltrato en el cuerpo de mariposas, libélulas y todo aquel insecto diestro en desplazamientos a elevadas alturas. Desde aquel momento Lincoln empezó a fantasear como sería viajar cerca de un cumulo de nubes como contaban los relatos de los intrépidos viajantes.

Durante el inicio de cada estación espacialmente en verano se reunían en un sitio estratégico de la isla natal de Lincoln un numeroso grupo de libélulas de diferentes especies.

Estas se alistaban a realizar  audaces travesías alrededor del planeta  mientras que Lincoln solo se limitaba a ver los preparativos porqué hasta el momento no se animaba a seguirlos.

¿Qué le faltaba a Lincoln para enrolarse al  grupo de viajeros? Quizás un aliciente o algo que le espantase los temores  que lo agobiaban en su interior.

Para distraerse Lincoln realizaba  paseos por los inmensos olivares de la zona mirando  el verdor de los bosques, le encantaba posarse sobre las  hermosas  palmas y ver correr las corrientes que dejaban las lluvias que llegan a la isla influenciadas por el Monzón. Ese cambio estacional de los vientos que trae consigo fuertes precipitaciones en las zonas de clima cálido.

Todo lo anterior llenaba la existencia de Lincoln pero existen situaciones que hacen cambiar de opinión en un momento determinado. Una tarde cuando el otoño finalizaba y se veían con tonos grisáceos los cielos, Lincoln ve pasar a la distancia a la más hermosa hembra que parecía danzarle un vals con el aletear de sus agraciadas alas transparentes.

Lincoln la miraba como el ejemplar perfecto para perpetuar su linaje pero no se atrevía a acercarse a ella por razones obvias. En un arranque de locura o ímpetu varonil tal vez decide llamar la atención de  aquella hembra  con acrobacias inverosímiles que nunca pensó hacer.

Esa hermosura que miraban sus ojos empezaba a desvelarlo por esa razón empieza el cortejo. Se acerca sigiloso presentándose formalmente preguntándole el nombre de la fémina que le producía  una atracción sin control.

La química fue mutua la atractiva libélula hembra le dice que se llama Abril, le cuenta que quedó impresionada con las acrobacias que él le mostró, además le dice que le gustaría tenerlo de compañero en la travesía hacía las tierras del Oeste más allá del horizonte.

Se anima a decirle que todo se está preparando para arrancar el viaje precisamente en estos días cuando el otoño cambia todo de verde a un amarillo cobrizo.

La despedida de la febril pareja terminó con un tierno abrazo como muestra de una romántica seducción que nacía sutilmente.

Un par de días después los tórtolos están listos para partir sin temor a lo desconocido porqué viajarían juntos y el grupo que los acompañaba tenía mucha experiencia en esos menesteres.

Partieron un día de noviembre con cielo despejado y un azul profundo con vientos que acelerarían su paso por el temido océano. El viaje transcurría sin novedad esto ayudó a que la pareja cayera en un desliz anunciado y la copula se realizó agradando a ambos.

Cuando la travesía llevaba más de la mitad del trayecto fueron sorprendidos por unos vientos huracanados propios del triángulo de las bermudas y fueron embestidos cruelmente.

El grupo de viajeros de dividió en varias partes dispersándose por todo el firmamento, Lincoln perdió el control de su vuelo precipitándose al vacío impactando en la popa de un buque pesquero.

Del resto del grupo y de la hermosa Abril no se supo nada, quizás esté viva y cuidando la prole de su galán en otras tierras o tal vez tuvo su misma suerte.

Algo en el interior de Lincoln guardaba temores para realizar el viaje pero a veces  la suerte le juega una mala pasada a aquellos que la retan.

En la tierra de verdes bosques  los cielos se inundaron de inmensos arreboles que afligidos sollozaban  la partida de fallido aventurero que no regresó a casa.

Comentarios

  1. Mabel

    15 febrero, 2019

    ¡Qué hermoso Cuento! Un abrazo Luis Alfredo y mi voto desde Andalucía

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