Que se tranquilicen los peces

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Una chica está hablando por el móvil en la entrada de la biblioteca cuando un coche se detiene a su altura. El piloto le saluda pero ella no le reconoce, así que se acerca cuando le abre la puerta para ver quién es. Entonces se acerca y descubre que es su ex al volante, que le grita que suba al puto coche. SUBE AL PUTO COCHE, escuchan los viandantes más cercanos.

Ella, con miedo de montar un espectáculo en medio de la calle, se mete en el coche con la intención de calmarle un poco. Luego cierra la puerta.

-Me han dicho que te han visto tomando café por ahí con alguien. ¿Pero tú quién te crees para hacerme esto? ¿Quién te crees?

-Sabes de sobra que acabó lo nuestro. Y sabes por qué razón…

-Y mira la manera en que te vistes, pareces una puta, sí, una puta.  Jamás te van a querer más que para un polvo. Eso es para lo que vales, nadie te va apreciar. Porque follas bien, lo reconozco, pero un hombre se cansa de eso y busca más cosas.

-Bueno, me voy, déjame en paz.

El chico ve que sus palabras han hecho efecto, puesto que la expresión de la chica se ha entristecido de repente. Sin embargo, sabe que ha perdido y da un tremendo puñetazo en el salpicadero. ERES UNA PUTA DE MIERDA, NO VALES MÁS QUE PARA ESO, grita el chico mientras ella sale nerviosa del coche y comienza a subir las escaleras de la biblioteca.

            Se detiene en un rincón tranquilo y respira hondo. Saca del bolso unas pastillas que la van a tranquilizar y se toma el doble de la dosis recomendable. ¿Y si tiene razón y nadie la va a querer?

Recoge sus libros y apuntes. Acto seguido sale de allí y comienza a caminar hacia casa por las calles. Tiene miedo, sí. Necesita compartir lo que le ha pasado con alguien pero sus padres le van a decir que es culpa de ella por meterse en el coche. Y las amigas le van a decir lo que ya espera. Toma la tercera cápsula y deja que haga efecto en su organismo. Se relaja su cuerpo y su mente. Cuando se da cuenta ha llegado a las piscinas municipales. Quizás no haya sitio más triste que unas piscinas fuera de temporada. Están vacías y llenas de hojas y basura.

Se sienta en el borde y llora como no recordaba haberlo hecho en años. Tiene que ser fuerte, se dice, consciente de que de lo contrario las cosas no van a ir mejor. Todo va a ir bien, se dice una vez y otra mientras se dirige a una pasarela ondulante que atraviesa el río cerca de la presa de Velle. Las aguas del Miño bajan relevándose infinitamente, litro por litro.

Un hombre que andaba paseando por allí la saca de su letargo al preguntarle si se encuentra bien. Ha debido de pensar que se quería tirar abajo o algo así. Ella confirma que se encuentra bien y el señor prosigue su camino no sin antes mirarla un par de veces más.

Mete la mano en el bolsillo y saca el bote de pastillas. Duda un momento, pero luego lanza el contenido a la corriente pensando que aquí quien tiene que tranquilizarse es el gilipollas de su ex y, si gustan, los peces.

 

Comentarios

  1. Mabel

    18 febrero, 2019

    Siempre habrá personas que te sometan a su voluntad, aunque tu no quieras, pero está en ti en sacar la fortaleza necesaria para demostrar que todo es posible y acabar con un pasado que quedó atrás, si no demostrándote a ti misma que tu tienes el poder suficiente para hacer y saber lo que quieres. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

  2. Esruza

    19 febrero, 2019

    Excelente relato, Andrés, me ha gustado la reacción de la chica.

    Mi voto y saludos.

    Estela

  3. Klodo

    19 febrero, 2019

    Me gustó mucho tu relato, Andrés. Me gusta mucho el ritmo de tu
    prosa. Informa, entretiene y cautiva.
    Le otorgas mucha fuerza psicológica a los personajes. La niña
    está muy bien trabajada.
    Felicitaciones y mi voto
    Sergio

  4. Gian

    19 febrero, 2019

    Excelente relato. Saludos y mi voto.

  5. Luis

    19 febrero, 2019

    Me apunto a lo que dicen todos mis compañeros, querido Andrés, no añado más por falta de ingenio. Un saludo y mi voto!!

  6. GermánLage

    21 febrero, 2019

    No me esperaba ese final, Andrés, pero es excelente. En el primer párrafo hay una expresión que se repite innecesariamente, pero, salvo eso, tan admirable como todo lo que he leído toyo.
    Un abrazo, Andrés.

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