Hospitalidad o industria de ofertas

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“Fomentar el turismo es hacer puentes que atraigan a la gente a visitarnos… y regresen

 

Si un viaje ilustra, imaginemos cientos de ellos en cada visitante; en cada atención o servicio otorgada a los turistas. Ellos tienen una historia, un origen o una len­gua distinta a la nuestra … y quieren contrastarlo. Eso requiere preparación para escuchar, entender y entretenerlos, en una palabra, cultivar hacia ellos una atracción inolvidable que be­neficie la estructura de servicios establecida y la infraestructura de los atractivos turísticos.

El turismo interno es un fenómeno social que se ma­nifiesta de manera espontánea (la curiosidad o el inte­rés de conocer a la gente de una localidad o país) y que se fortalece por la presencia de los llamados “atracti­vos turísticos” naturales, étnicos, gastronómicos, floklóricos, históricos y artís­ticos de una determinada región,

En el caso de Aguascalientes este fenómeno se in­tensifica en el periodo de las fiestas de abril por la Fe­ria Nacional de San Marcos -con su portentosa organi­zación etílico gastronómica que incluye –la jugada-casino, el palenque, el serial taurino y el reventón de la farándula a su máxima expresión— y también sus tradiciones de la coronación de la reina, el popular ferial coreográfico y las audiciones y espectáculos ar­tísticos y populares celebrados en plazas y recintos.

Pero la tambora de la feria cesa y esta eufória decrece en una meseta uni­forme de paz chicha, quizá levantada por la otrora festi­vidad de la vendimia —engullida por la febril acometida de la marcha urbana que agoto las huertas y las vides —tomando su lugar la Romería de la Asunción y el Fetival de las Calaveras, cuya organización compite, con su devoción mariana, al rito pagano de la vendimia alambicada de abril.

Por encima de ello, la entidad y la capital ofrecen una serie de atractivos —no por más modestos, menos importantes— que no han sido suficientemente identifi­cados y que requieren una reactivación interna: el Cristo cojo del lago; Tepezalá y sus carvernas preciosas y los mitos de la mil y una leyendas como la apuesta de Garcíarojas y Santana por el beso emblemático.

Me refiero también al turismo campestre y de excursión montañeza representado por las fincas de las viejas haciendas; de las ganaderías de reses bravas con su tentaderos y tauromaquia. De los lugares históricos como Pabellón de Hidalgo o el Tea­tro Morelos o los baños de los Arquitos —último vestigio de la Villa de las Aguas Calientes— o la vieja Estación del Tren y sus talleres ahora convertidos en la Universidad de las Artes, espléndido campus de magnitud impresionante.

Hay otros sitios en donde se forjaron las dinastías taurinas (los Armilla, Barba, Calesero) y la crianza de reses bravas como la Hacienda de Peñuelas, así como innume­rables lugares en donde la tradición y el folklore (grutas, presas, minas; crianza de gallos de pelea, canes y aves­truces) son mantenidas vivas por los luga­reños que organizados y refaccionados debidamente podrían ser el detonador para reactivar esa veta de la hospitalidad para convertirla en un factor de cohesión so­cial multiplicador de empleos.

Yo recuerdo que en España—cuya industria turística contribuye con un 18% a la factura nacional— se esta­bleció un programa hace 30 años denominado “Turismo de Excursión a Fincas Campestres” dotado de un inventarío con 400 páginas de datos pertinentes editado por el Minis­terio de Cultura y Turismo y fondeado con los recursos financieros para apoyar a los propietarios, a fin de ponerlas en condi­ciones mínimas de operación, capacitando a las familias para alojar y entretener a los visitantes. Ese programa innovador lo­gró incorporar el “Boom Turístico Social” a las pro­vincias de España…  generando riqueza para la patria chica.

Es indudable entonces que la naturaleza diferente, la gente y sus tradiciones, la historia y su floklore, junto al talento emprendedor de las mujeres, forman un crisol de posibi­lidades turísticas que incrementarán el patrimo­nio cutural y económico de la estidad.

¿Y cómo? Es cuestión de estar preparados para extender los honores de la casa a los turistas. Como se hacía antaño, cuando Agüitas era una plácida ciudad campirana dispuesta a dar el corazón a sus visitantes.

 

*EI autor fue Coordinador Federal de Turismo en Michoacán en los 80´s.

 

CORTEX

 

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