La disección

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La salud es oro. No la trueques por baratijas”.

 

Bajo la bóveda del consejo de la salubridad (ASS), resplandecía la alegoría pictórica de la diosa Hígia, rodeada por las nínfulas del agua, la salud, la pureza y la continencia. Allí se preparaba la vivisección del pequeño heraldo del Mictlan, producto de los amoríos de la diosa, al que llamaban Kuranutra. Y es que a este mortal le habían encargado los dioses fomentar las virtudes de la salud en el mundo, enseñando a prevenir antes que a mutilar, adelantándose a los acontecimientos.

El pequeño Kuranutra se había convertido en un hombre humilde y sabio que, inculcando los buenos hábitos, logró que los pobladores del Altiplano se mantuvieran sanos y productivos. Las comarcas vecinas y sus gobernantes le reconocieron semejante hazaña; tomaron su ejemplo y lo inculcaron como modelo para cultivar y preservar la salud, el vigor y la productividad.

La meta era mantener a la población sana: entre más paisanos vigorosos lograba el Kuranutra y sus discípulos, más prestigio y consideraciones recibía. Esa época fue comprendida dentro del “Imperio Kiché” y se le llamó la de los espíritus libres y los hombres probos.

Con los siglos y la modernidad, los dioses antípodas de las virtudes: agua, salud, pureza y continencia, inoculados por la envidia y la codicia, fueron modificando el modelo que no les resultaba lucrativo ni favorecía el desarrollo de la tecnología, la acumulación de riqueza ni la intensificación del comercio truecado de los bienes de salud. Así que invirtieron el proceso: ahora las fuerzas del mercado, de la oferta y la demanda, prevalecieron sobre la modestia, la previsión y el sentido común solidario de la gente y dejaron que cada quien se “rascara con sus propias uñas” frente a las epidemias, el marasmo y la molicie.

Resultado: las enfermedades se apoderaron de la población y el mer­cado de las panaceas encapsuladas floreció por encima de los preceptos sanitarios y la probidad. La ganancia fue enorme; la salud en lugar de ser un don que se cultivara como la vida misma, se convirtió en un producto de cambio y lucro. El principio económico fue: entre más enfermos, malnutridos y dependientes haya, mayor será la ganancia de la industria de la salud y sus guardianes de la ASS, los polakos del gremio.

Al anacrónico Kuranutra y sus seguidores los sometieron a una paulatina y metódica reconversión o “tormento chino” con miles de trabas y tecnicalidades buro­cráticas, ahora a cargo de los expertos certificados por el ministerio de los servo morenistas: el tecnoburó de las ciencias administrativas ISO-NOM-BALAM que monopolizó las artes y oficios de los sanitaristas y su industria de patentes panaceícas.

El Kuranutra original quedó como lección viviente, –en una vitrina de vivisección–, de que el espíritu independiente y el libre ejercicio de una profesión humanista eran antagónicos a la modernidad burocrática de las cifras, las metas y los presupuestos en manos del consejo del bienestar.

Hoy en día, bajo la bóveda del salón de consejos de la ASS, se puede ver al Kuranutra disectado en mil incisiones, vivo y en perfusión, gracias a la tecnología de la inmersión por microesferas de albúmina y bombar­deo hidro-ionizante que, en términos literarios y a guisa de colofón, quiere decir: “más vale sumiso adaptado, que libre e intransigente, sometido a tormento chino”.

Como dicen los convertidos del Pejeyac: si la atención médica es cara, pues es el precio de la modernidad, porque los bienes de salud ahora se encuentran por doquier en los escaparates de las miscelaneas-boticas y demás cadenas de farmaco-tenderos.

Y basta apretar una tecla, la del canal de su preferencia, para que le vendan las últimas panaceas de la portentosa mercadotecnia curativa, al alcance de su mano e ipsofacto. No a 20 días del preinfarto, una larga espera y el vasallaje de la Mutualidad de la SS-ASS.

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CORTEX

Comentarios

  1. cruzaedo

    14 marzo, 2019

    Muy conmovedor tu relato. Tiene mucho de tradición china. Allá, en tiempos del imperio celeste, se les pagaba a los chamanes-curadores por la cantidad de habitantes sanos y productivos, no por la cantidad de enfermos y el gasto consecuente de la modernidad: personal, hospitales, insumos y administradores.

    Parece que te proyectas: a lo mejor diseñas un proyecto pa´ la 4T, en el cual, “en lugar de mandar a los enfermos al hospital de la Seguridad Social, la SuperSecre del Bienestar, les manda una cuota para que vayan a consultar con el yerbero o la botica simi de su confianza”. ¡ Ja, ja, ja !

    Mi voto, Cortex.

    CRUZAEDO.

  2. Esruza

    14 marzo, 2019

    Ilustre Cortex:

    Esto que escribes me parece un queja-reclamo contra aquellos que
    hacen competencia malsana sin bases, sin conocimientos y sin respeto,
    hacia la salud y a ojos vistas de la SSA. Antes costaba mucho trabajo
    hacerlo, lograr una fama seria.Este comentario es, si entendí bien el
    fondo de lo que aquí escribes.

    Mi voto

    Stella

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