La montaña sagrada

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Desde la cúspide de la montaña

Desde más allá de la tierra

Y un poco más abajo del cielo

Se notaba una oscuridad galopante

Una oscuridad iluminada por la luna y las estrellas

Y para los costados, en la cúspide de la montaña,

Se notaban las siluetas de las cordilleras,

Y las pequeñas casitas adornadas por luces,

Nada más una escena que producía tranquilidad y lejanía

Lejos de una luminosidad incesante

Y una tranquilidad incandescente

El único farol era la luna

Y el leve silbido del viento corredor

Como queriendo practicar para una futura tormenta

En donde el viento si debe correr y no trotar

I

Oh, ¿qué has de esperar, amor mío?

¿Qué has de esperar?

Para llegar de una vez por todas

No me dejes plantado, al señor todopoderoso

Y les dieron horas frente a semejante tranquilidad

En la cúspide de la montaña.

Y la dama, el señor decía, ¡no ha llegado, no ha llegado!

He esperado mil horas y mil noches

Mil días y mil años

Y ella, ella, todavía no ha llegado

“No he de esperar más” grito el señor

II

Y de repente, la luna se opaco por nubes y relámpagos

Y los truenos crujían junto a ellos

En el horizonte de la cordillera

La lluvia comenzó a gotear incansablemente

Y el viento comenzó a correr, a correr con furia

Y la vida en el valle se volvió tortuosa

Y fue así que la naturaleza se opaco por el dolor del señor

Y asi la vida conoció sus designios arbitrarios

Y sus dolores personales.

Comentarios

  1. Mabel

    5 marzo, 2019

    ¡Excelente! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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