Las callejuelas por la noche

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LAS CALLEJUELAS POR LA NOCHE

Las luces de neón de los locales nocturnos empezaban a encenderse poco a poco, las sombras que impregnarán todo el paisaje serán teñidas de colores brillantes, mientras los comercios de mercancías varias cerraban sus esteras dando por terminada la jornada por eso aseguraban las pesadas puertas con enormes candados.

El murmullo de voces que se escucha en el día por las noches se perdía sutilmente, a medida que la penumbra lunar adorna las estrechas callejuelas que muchos esquivan pero otros las deambulan buscando en ellas curas a su soledad o compañía para sus males de amor, que se supone tienen un precio determinado por el sórdido código que regenta la oscuridad de las calles después del café de cinco de la tarde.

Dice un adagio popular;

¡Después que el  crepúsculo muere todos los gatos son pardos!

Pero en los solitarios y lúgubres andenes que rodean las cantinas de mala muerte todo fulano tiene un rol conocido por la inmensa minoría que frecuenta esos lugares.

Están los infaltables vendedores de chiclets y cigarros para todos los gustos, con su chaza de madera colgada con una correa que atraviesa sus hombros y frágilmente colocada en su abdomen para que los compradores aprecien con facilidad sus productos. Estos van desde de golosinas hasta finas mentas que tienen  poca venta según ellos, pero hay que tenerlas en la chaza para darle caché al negocio.

A medida que las horas pasan las solitarias damiselas van con maquillaje de bajo presupuesto, unas muy jóvenes y hermosas para rondar por esos lares se mezclan con  otras que están cruzando la frontera del cuarto piso. Todas ellas tranzan en unas cortas palabras el contrato con sus clientes, esos que ansían sus cuerpos por unos minutos para dar rienda suelta a todos sus sueños inconclusos.

Esos mismos que no pueden o no quieren cumplir en la intimidad de sus hogares debido a la mezquindad con que tratan a sus cónyuges o compañeras de turno.

En todas esas esquinas se vive un drama diferente, mientras la música evoca para algunos gratos recuerdos para otros es una retaliación de su pasado, por eso  levantan sus copas rebosantes de licor para beberlas hasta el fondo sin pensar en  consecuencia alguna. Lo más importante es pasarla bien así sea por un instante  que los ayude a olvidar sus infortunios.

La media noche se acerca sin vacilar y el recorrido de todas esas almas noctámbulas se va amainando con el pasar de los minutos, se escucha a lo lejos el rodar de unas viejas carretas que suenan estruendosamente contra el asfalto húmedo, estas son tiradas por aquellos que viven de recoger lo que otros tiraron en las canecas del aseo horas antes, entonces sin reparo toman todo aquello que puedan vender más tarde y conseguir algo de dinero que pueda apaciguar la escasez de sus bolsillos.

Este triste lamento se ve por varios años en las mismas callejuelas hasta el punto que aquellas damiselas jóvenes y bonitas inexorablemente envejecen devaluándose en ese oscuro mercado, entre tanto las más curtidas en el oficio se niegan a jubilarse  o a retirarse de las calles argumentando que la vida las ha tratado muy mal y que no han tenido la oportunidad de abandonar el oficio más antiguo del mundo.

Mientras el alba asoma los primeros rayos y un enorme disco anaranjado se divisa emergiendo por el  Este de la ciudad todo nuevamente empieza a resurgir como el ave fénix. Las bancas de los parques aledaños se llenarán de gente y las palomas volverán a revolotear sin parar.

Un nuevo paisaje aparece dejando atrás las sombras para darle paso a un nuevo día en que los protagonistas de otras historias trenzan el presente con la esperanza de alcanzar sus metas para no ser devorados por la vorágine que se vive en las callejuelas por  la noche.

Comentarios

  1. Luis

    11 marzo, 2019

    Estuvo muy bien tu texto, nocturno, provocador y ciertamente, bastante verosímil y realista. Un saludo y mi voto!

  2. Mabel

    11 marzo, 2019

    Muy buen Cuento. Un abrazo Luis Alfredo y mi voto desde Andalucía

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