Yo que tanto fui, ahora no soy nada, pues el poeta que me engendró está a punto de perecer para siempre. Trataré de hacerme visible mediante el simple acto de la generación espontánea, en ese lugar profundo del corazón donde habita la ilusión del miserable, ya que debo habitar con urgencia otro lugar, para evitar la desaparición del elemento que nos hace verdaderamente humanos.




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Rafa y mi voto desde Andalucía