Obsesión sobrenatural

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Obsesión sobrenatural

El doctor Loann Gelman observaba con nostalgia una foto. En ella una mujer sonreía y cargaba a un bebé; a su lado derecho, un hombre la abrazaba. No se le veía el rostro. Al lado izquierdo de la mujer, un niño hacia gracia al bebé. Loann sonrió al recordar ese momento. Guardó la foto en su bolsillo. Meredy, la secretaria, entró la oficina y le informó que la paciente Lowell no asistiría a la cita. Era la última de ese día. Aún, faltaban unas horas para cerrar, pero decidió irse antes. Meredy, le dijo a Loann que descansara, que se le veía muy cansado. Él le respondió que lo haría. Salió presuroso de su consultorio. Estaba muy ansioso por regresar a su casa. Hace seis meses había viajado al África; les había dicho a sus conocidos incluido su esposa que había ido a una convención de médicos en Inglaterra. En el África, tenía consultorio clandestino o como a él le gustaba llamarlo: Centro de Investigación Genética. Estaba seguro que esta vez lograría, pero había fallado. Era la sexta vez que fracasaba. Se sintió frustrado, inútil. Le había tomado un año elaborar el SPK-6. Año que apenas había dormido. Constantemente recibía mensajes de sus compañeros del África, estaban contentos. El SPK-6, para ellos era un éxito. Según dijeron, la enfermedad había sido detenida, El paciente padecía síndrome de Proteus y parte de su cuerpo se deformaba. Pero desde que se le suministró el SPK-6, el desarrollo anormal de los huesos se había detenido en un tiempo bastante corto comparado con otros procedimientos médicos. También le pedían la autorización para suministrar el antídoto a otros enfermos, incluso los que padecían otras enfermedades. Todos le decían que era un genio. Pero él no se sentía como tal. El objetivo de crear el SPK-6 había sido revertir la enfermedad, no detenerla. De que servía para el paciente que la enfermedad se detuviera si aun así no podía valerse por sí mismo. El paciente en cuestión tenía la columna desviada en forma de S. Deformaciones en las manos y pies. Loann estaba obsesionado con lograr revertir todas las enfermedades congénitas. Sobre todo, el síndrome de Proteus. Desde que había regresado del África, había tenido varios sueños recurrentes.

Un niño regresaba a su casa, luego de haber soportado una de las clases más aburridas de su corta vida, las matemáticas. El niño a lo lejos, veía que varias personas se reunían frente a su casa; además, o estaban disfrazados con sabanas o llevaban máscaras. Portaban antorchas y gritan en coro: ¡Muerte al monstruo!

El niño no entendía que estaba sucediendo, vio a una de las personas arrojar una antorcha hacia la ventana, luego los otros lo imitaron. Corrió hacia ellos y trató de detenerlos. Sin embargo, recibió un golpe en la cabeza y cayó al suelo. Logró escuchar «Niño, allí solo vive el monstruo, no hay que preocuparse por él» y se desmayó. Al despertarse se encontró en los brazos de su madre. El niño, sollozaba y decía «Mamá, no pude detenerlos, no pude».

El otro sueño recurrente de Loann, era parecido al anterior. En este caso, el niño estaba dentro de la casa y veía a un hombre cargando a su hijo de apenas un año. Trataba desesperadamente de buscar alguna salida, pero las llamas se lo impedían. El niño trató de ayudarlo, pero el hombre no lo escuchaba, es más no lo veía. El niño entendió que era como un fantasma. Intentó tocar al hombre, sin embargo, su mano traspasó el cuerpo del hombre. Algo cayó a los pies del hombre y se incendió de inmediato junto con el bebé. Dejando huellas de cenizas en el suelo.

A Loann Gelman, ambos sueños lo atormentaban, pero no tanto como su fracaso. El día que regresó del África, se sintió derrotado. Impotente. Lloró como un niño en los brazos de su esposa. Ella le pedía que le contara que le sucedía, pero él no dijo nada. Loan se preguntaba cómo era posible que la naturaleza, la vida, el destino o dios permitiera que el hombre sufriera ciertas enfermedades. Había visto la gran mayoría de enfermedades genéticas y el sufrimiento en cada uno de los pacientes. Era horrible. Loann no soportaba verlos sufrir. Algunos hasta soportaban el dolor que conllevaba su enfermedad, puesto que, sus ganas de vivir eran más fuerte. Eso era digno de admirar. Loann Gelman estaba decepcionado de la medicina y de la ciencia; así que acudió a la brujería. Era descabellado, lo sabía. Pero estaba desesperado. Leyó todos los libros sobre brujas, satanismo e incluso logró ubicar una secta que alardeaba poder realizar poderosos hechizos, pero resultó en puras patrañas. Hace dos meses, una joven de unos veinte y dos años; se acercó a Loann mientras almorzaba en un restaurante cerca de su consultorio. Se presentó como Katrina. Le dijo que estaba buscando en el lugar incorrecto. Las verdaderas brujas, pertenecían a familias nobles y que ella era una de ellas. Loann le sorprendió la actuación de la muchacha, era muy convincente. Días antes, una anciana se le había acercado diciéndole que era una poderosa bruja y que por precio un justo podía darle lo que él quisiera. Loann se había hecho conocido por buscar verdaderas brujas. Pero resultaron que eran estafadoras. Loann, elogió los dotes actorales de la muchacha y le dijo que él no se dejaba engañar con facilidad. La joven sonrió y le dijo que no lo estaba engañado y le tocó la mano. Las escenas de sus sueños se visualizaron en su mente como una película. Incluso le dolía la cabeza como si lo hubieran golpeado en ese momento. Loann sorprendido y eufórico por haber encontraba a una verdadera bruja le ofreció una cantidad considerable de dinero con tal de resolver su problema. Para sorpresa de Loann, la joven rechazó la oferta y expresó que ella no buscaba dinero. Sacó de su bolso dos libros y se lo entregó a Loann y le dijo: «Son grimorios, libros que te dotaran de conocimientos excepcionales».

Loann al revisar los libros vio que estaban escritos en una lengua antigua. Sin embargo, lograba entenderlo. Katrina se levantó de su asiento y se alejó lentamente. Antes de salir del restaurante Katrina guiño el ojo. Loann reaccionó en cuanto se fue Katrina. De pronto no podía dejar ver esos ojos cafés. Cogió los libros y la siguió por una avenida, hasta que le perdió de vista. Confundido miraba a todos lados. «Cuando necesite de tu ayuda, me la darás» escuchó a su espalda. Al girarse, un hombre caminaba tomado de la mano su hija y cruzaban calle. Esa misma noche y las noches posteriores, el doctor Loann Gelman leía ambos grimorios con avidez sobrenatural. No dormía, pero no se sentía cansado a pesar que compañeros de trabajo le decían que se veía agotado. Más bien, se sentía vivo.

Loann entró a su casa de inmediato y se dirigió al sótano. Allí realizaba sus experimentos. Su esposa, Amber, aún no llegaba del trabajo y su hija al verlo entrar corrió a saludarlo, pero él la no le hizo caso. Le cerró la puerta en la cara. Ese día en especial iba a realizar algo muy complicado. Nadie debía interrumpirle. Horas después tocaron la puerta del sótano, era la esposa de Loann. Intentó abrir la puerta, pero tenía el seguro puesto. Fue hasta su habitación y regresó con la llave del sótano. Estaba molesta. Abrió la puerta y llamó a su esposo desde las escaleras.

—Loann, puedes subir un momento —dijo Amber.

—¡Estoy ocupado! ¡En otro momento conversamos! —gritó Loann.

—¿Loann, que te está pasando?, Lucy está llorando me dijo que la ignoraste.

—¡Amber no bajes, ya subo!

—¡Dios mío! ¡Pero que esto…!

Varios gatos muertos yacían en suelo. Otros, con deformaciones en sus cuerpos se arrastraban. Una masa de carne con dos enormes ojos se desplazaba por la mesa y derramaba por el suelo.

Lectores de Falsaria les agradezco haber leído este cuento. Espero que les haya gustado y entretenido. Les pido que, en caso de encontrar alguna falla en el relato, algún error ortográfico o tienen un consejo que brindarme háganlo. Quiero mejorar en mis relatos. Así que espero sus críticas.

¿Les parece el título del cuento idóneo? ¿Qué título le pondrían ustedes?

Saludos:

Gian

Comentarios

  1. Esruza

    23 marzo, 2019

    ¡Hola, Gian! Increíble relato. Yo creo que el título está bien.

    Mi voto y saludos.

    Estela

  2. gonzalez

    24 marzo, 2019

    Me gustó mucho, Gian. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  3. Santiago Etcheverry

    31 marzo, 2019

    Me gustó mucho el cuento. Como crítica lo único que se me ocurre es que en algunas partes repites mucho la misma palabra, como «el hombre» en el párrafo del segundo sueño , o SPK-6 al principio del cuento.
    Un abrazo grande, quedo al pendiente del próximo cuento.

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