¿Y la autoridad?

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“La manca autoridad que hoy vemos en CdMx u Oaxaca, Acapulco o en Morelia, no es más que el extremo de lo que ha sucedido desde hace ya 20 años.”

 

A veces cuando uno se despierta por la mañana y ve por la tele que una de las avenidas más importantes de la capital es un gran campamento o que en Oaxaca un grupo tiene el control de la ciudad o que los narcos pueden despacharse a gusto entre sí en Gto o Pue o Jal, ejecutando milites y judiciales, acaba uno pregun­tándose si tenemos Gobierno.

Los episodios que menciono son simplemente los casos agudos de un mal que ha estado presente endémicamente en el País a lo largo de 20 años, y que el presidente Fox en sus postrimerías, ilustró con el célebre: “¿y yo por qué?” que sigue resonando.

El problema de los plantones en Reforma es del Gobierno moreno local y federal; el de la toma de buena parte de Oaxaca es del Gobierno de Ulises y Murat; el de la violencia en Acapulco es de Zeferino y Salgado Macedonio; el de Sicartsa es de Michoacán de los Aureoles y los Batel, y así nos pode­mos seguir con los Cabeza de Baca de Tamaulipas, el Bronco en NL y un largo etcétera.

Pero hay algo peor. Cuando los Gobiernos han usado la autoridad lo han hecho tan mal que a veces hasta piensa uno que es mejor que no lo hagan.

Por ejemplo, cuando el Gobierno de Oaxaca quiso desalojar a los maestros, no pudo hacerlo y en cambio radicalizó su movimiento: un muerto. Cuando el de Michoacán, junto con la PFP, trató de recuperar las instalaciones de Sicartsa, no lograron hacerlo y en cambio ocasionaron una treintena de muertos en Tanhuato y Apatzingan con el alargamiento del conflicto que acabó con el bloqueó de la Cnte sobre los ferrocarriles.

Y así podríamos seguirnos con ejemplos de lo más diverso en materia de ineficacia de la autoridad cuando pretende actuar: la huida graciosa del Secreta­rio del Trabajo en la mina Pasta de Conchos, Coahuila de 2006.

Hay una segunda agravante. Si la falta de autoridad se compensara con una extraordinaria capacidad de diálogo y negociación, entonces tal vez podría justi­ficarse el que no se usara la fuerza. Pero, cuando no se tiene ni una ni otra, pero, ¡ah, como nos cuestan!, entonces sí que estamos en el peor de los mundos: entre los pitones y el redondel.

Así quedamos atrapados en una doble compuerta: padecemos por la inac­ción de los Gobiernos, pero también padecemos cuando actúan sesgadamente.

Pero hay otro caso que vemos por aquí y por allá como verdolagas: los infor­males y huachicoleros.

Quienes realizan una actividad económica fuera de los canales legales eva­den impuestos, invaden la vía pública y abonan a la delincuencia. En muchas ocasiones se saltan toda una serie de regulaciones que los convertirían en infractores de la ley.

Pero como se piensa que realizar esa actividad es sólo por sobrevivencia, en­tonces se justifica la inacción de la autoridad señalando que representan un pro­blema social. Cuando se decretó la legalización de los autos “chocolate” tam­bién se argumentó que ya estaban aquí y que no había manera de confiscarlos. El caso es que se siguieron autorizando y hoy son una plaga de chatarra y tianguis, igualita que su sucedánea del huachicol.

Si esta permisividad se extrapola y se lleva al extremo, prácticamente cual­quier infracción o incluso delito, podría caracterizarse como un problema social y por tanto justificarse la no aplicación de la ley y su fuerza disuasiva.

¿Usted cree que LO y su coalición hubiera llamado a la instalación de planto­nes si hubiera sabido que iba a enfrentar una acción de la fuerza pública? ¿Hubieran hecho destrozos los maestros de Oaxaca si supieran que una eficaz policía los iba a poner en la cárcel por los delitos cometidos? ¿Para qué se compró el equipo antimotines con tanquetas que disparan chorros de agua, si ni siquiera lo han estrenado?

Estamos atrapados por infractores de la ley o de plano delincuentes que no son castigados porque se teme a la consecuencia –electoral– de la acción disuasiva… pero tampoco se resuelven los problemas de fondo a través de la negociación, el diálogo o los dispositivos políticos de tanto graduado y chuchas cuereras del gobierno.

¿Cómo se le encuentra la cuadratura a esta soga perniciosa? Por el mo­mento no hay ninguna receta tangible capaz de resolver semejante entuerto, ni yendo a rezar al Pejeyac

Hasta hoy pareciera que no habrá negociación posible, puesto que la actitud de la 4T y los maistros de Oaxaca es de todo o nada, así que se está perfilando un dilema en el que la autoridad tendrá que someterse o bien deberá emplear la fuerza: ¿o la famosa GuaNal servirá solo para los desfiles como las tanquetas de los chorros de agua?

La principal razón de que existan Gobiernos es que la democracia les concede el monopolio del uso legal de la fuerza para salvaguardar seguridad y liber­tad del Pueblo. Se puede pensar en que un Gobierno deje de hacer cualquier otra cosa, pero no en que deje de hacer que se cumpla la ley y para ello es ineludible que aplique algo que se llama orden constitucional y fuerza pública…

Aunque pueda aparecer como “políticamente incorrecto” a los ojos de los encaramados sobre la res pública sin rienda ni estribo, pero con muchos votos.

 

CORTEX

 

 

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