De silencio, sol y soledades…

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Una joven amiga me relataba, pisando arenas de playa, sus problemas para encontrar una relación estable luego de su separación, yo le bromeaba acerca de sus exigencias para aplicar al puesto y seriamente le hablaba de la necesidad a su edad, algo menos de cuarenta, de enamorarse de una mente brillante y bonita y no de un rostro armonioso como infalible fórmula.
Me decía que le gustaba un apuesto mozo de un café bar cercano, yo insistía en bromearle que se lo fuera pues a decir, que de otra forma jamás se enteraría el candidato en cuestión, espantada ella con la sola idea, abría sus enormes ojos claros …
Y allí fue cuando le conté la historia de Ringo y Gladys dos compañeros de trabajo que tuve por los años noventa.
Ringo permanentemente estuvo perdido en los ojos de la bella Gladys. Ambos jóvenes, bellos, libres y sin compromiso, pero…(siempre hay alguno) él jamás juntó el valor de declararle sus sentimientos.
Nunca pasó de acariciarla con miradas o pensamientos, cuando lo intentaba ella le robaba sus palabras…
Un día, Gladys nos cuenta que había noviado un tiempo y que el chico le había pedido casamiento al cual estábamos todos invitados…
Durante la fiesta siguiente a la ceremonia y su vals de los novios, Ringo ocupa su turno de danzar a Strauss para las fotos y en ese momento se produce la tragedia …
Gladys le dice al compás de giros y balanceos que a ella siempre le había gustado el, pero que como nunca se lo había dicho, se había cansado de esperarlo y buscado otra pareja.
Años después, ya no tan joven y apuesto, me lo contaría demacrado y devastado en un bar aferrándose fuerte y desesperadamente a una taza de café…
No volví a verlo… Un amigo común me comentó que cayó en la droga y murió de sobredosis. Prefiero creer que se fue con esa mujer atravesada en la garganta como escribiría Eduardo Galeano …
Los riesgos de no expresar sentimientos, de postergar el hacerlo sin fecha esperando esa oportunidad que quizás nunca llegue.
Debí yo mismo decirle a mis padres muchísimas veces mas cuanto los quería…
Pecado de juventud, me declaro culpable.
Decir las cosas es un arte y virtud «jabonoso», difícil de asir, sigo estudiando y reprobando en las prácticas, quizás llegue a dominarlo…quizás…

Comentarios

  1. Esruza

    29 abril, 2019

    Pero, cuando se dicen los sentimientos se corre el riesgo de que
    tomen ventaja de ello para hacer sufrir, no sé.

    Buen texto.

    Va mi voto.}

    Estela

  2. Mabel

    29 abril, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  3. Digitalk

    30 abril, 2019

    Agradezco vuestros comentarios amigos. Escribo ocasionalmente buscando equilibrar mis tareas enormemente científicas con la imprescindible dosis de espíritu. En este particular texto quise describir las diferencias entre miedo y peligro (no son sinónimos) de los silencios. Hay un epílogo a esta historia que he subido asimismo hoy para su consideración. Saludos.

  4. Dites

    7 mayo, 2019

    Muy cierto, no debemos callar lo que sentimos porque al final nos ahogará el arrepentimiento futuro.

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