El cofre coronado

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Este pueblo era tranquilo. Los grandes espectáculos de por aquí eran niños jugando cerca de los canales de regadío, mojándose los pies, chapoteando, riendo, mientras el sol se ocultaba detrás de nubes púrpuras, el viento susurrando, acariciando, empujando con suavidad las hojas del maíz llevándose consigo el cansancio de aquellos que sólo han vivido para trabajar en los campos. Claro que había peleas, pero eran de frente, por mujeres o por el honor agraviado, pero rara vez, muy rara vez, por la espalda, por dinero, nunca por placer.

Recuerdo ese anochecer tan claramente…. porque pareciera que fuera el último, es como si nunca más hubiera salido el sol. Dos escopetazos en la vieja casa de adobe, siendo adorada, rodeada por alimañas, por verdes y fríos musgos. Algunos carabineros les dijeron a sus amigos que el que se murió no iba a ser extrañado por la sociedad, era un delincuente más, un impacto en la cabeza y en el pecho, mente y corazón negros al infierno, punto.

Meses después el asesino, que no era del pueblo, fue condenado a muerte. Ocurrió en esos años donde la justicia todavía fusilaba a aquellos que cometían horrendos crímenes. Uno de los gendarmes le contó a mi padre que el asesino no quiso confesarse con el cura cuando llegó, dijo que quería matar a ese hombre desde hacía meses, sólo porque desde niño quería matar a alguien. Sé que iré al infierno, dijo, no me importa, hice lo que quería hacer desde niño, lo elegí y lo perseguí durante semanas, desde una ciudad remota, le disparé y me sentí pleno.

Nunca lo creí, hasta que hace un par de años, en la tierra que fuera del muerto, tan muerto y olvidado como unos espinos que coronaban el diámetro del secreto, encontraron un cofre metálico con unos cincuenta mil escudos en su interior. Ese hombre fusilado ni siquiera sabía que su víctima era un ladrón, que tenía riquezas que codiciar, porque la otra posibilidad no la puedo concebir, es demasiado, como el cansancio de andar y andar…

La ciudad ahora es encerrada, los niños juegan adentro, se ríen adentro, esos atardeceres siguen pasando, los campos siguen siendo removidos por el viento, pero ese espectáculo muy pocos lo ven, casi nadie. En todas partes pelean y se matan, por mujeres, por el honor agraviado, por dinero, por drogas, por cualquier cosa, por placer… por placer.

Comentarios

  1. Klodo

    30 abril, 2019

    Inquietante relato,Chuma, pero muy bien escrito.
    Tiene mucho de denuncia social y, en eso, los chilenos
    somos buenos.
    Felicitaciones y mi voto
    Sergio

  2. Chuma

    30 abril, 2019

    Hola Klodo.
    Gracias por el comentario.
    Saludos.

  3. Mabel

    30 abril, 2019

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  4. Chuma

    30 abril, 2019

    Hola Mabel.
    Gracias por el recibimiento.
    Un abrazo.

  5. Luis

    4 mayo, 2019

    Me gustó mucho, disculpa la tardanza en responder, también, la parquedad. Un saludo y mi voto-.

  6. Chuma

    4 mayo, 2019

    Hola Luis.
    Gracias por el comentario. Con que guste a uno lo satisface.
    Saludos.

  7. Esruza

    7 mayo, 2019

    A mi también me gusto. No soy muy buena para los comentarios, disculpa.

    Mi voto y bienvenido.

    Estela

  8. Beto_Brom

    7 mayo, 2019

    Quedé atrapado desde el comienzo de la lectura. El relato posee todos los ingredientes necesarios para atraer al lector.
    MIS FELICITACIONES y MI VOTO, por supuesto.
    Shalom colega de la pluma

  9. Chuma

    7 mayo, 2019

    Gracias Beto_Brom por tu comentario.
    La verdad esa es mi intención cuando escribo: atrapar al canario y ver si encerrado un rato en mi jaula, canta feliz o no. Pase lo que pase, después se va de esa jaula, y si quiere volver, debo ser un muy buen anfitrión.
    Saludos.

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