El Gato Negro

Escrito por
| 62 | 3 Comentarios

Las calles de aquel lugar, a aquellas horas de la madrugada, solían ser oscuras y húmedas, y como toda ciudad grande, tenía callejones innombrables que era mejor evitar.

 

Sin embargo, el gato deambulaba con tranquilidad trotando por aquellos lugares. Tenía un andar elegante, aunque extraño para un felino. Su pelaje, de un negro brillante, había pasado por mejores momentos, y lucía más bien poco bajo las amarillentas luces de las farolas.

 

Cuando giró la esquina saltó un pequeño muro con gran facilidad, y se dejó caer al otro lado. Aquella calle sin salida era extremadamente pequeña, sucia y maloliente. La humedad que se concentraba en los adoquines de las paredes formaba grandes surcos de moho verdoso y grisáceo y las luces de las farolas, por lo general útiles en aquellos callejones de mala muerte, parecían olvidadas en aquel lugar. Tan sólo dos de ellas sobrevivían en aquella dejadez permanente, iluminando como buenamente podían el pequeño espacio que habitaban.

 

Pero había algo más. Una sensación que pesaba en los hombros y se introducía en todo ser vivo debido al hedor insufrible del azufre y la muerte. El oscuro felino se aproximó al epicentro de aquel horroroso olor: un antiguo pozo abandonado que,quién sabe, quizás proporcionó agua para alguna de las casas más viejas de aquel lugar. Muchas de esas viviendas, antaño pertenecientes a familias de poder que gozaban de grandes hogares con lujosos jardines, habían sido derruidas para construir nuevas fincas donde vivían aglomeradas muchas personas. Y algunas de las antiguas bellezas que poseían aquellos jardines, quedaban abandonadas por las nuevas plazas como un viejo recuerdo de un tiempo donde fueron algo más que un trasto inútil.

 

Pero aquel pozo era diferente, pues contaba su propia historia.

 

Como si la presencia del animal hubiese iniciado un ritual, del pozo comenzó a emanar una sustancia oscura y vaporosa, que se alzaba hacia el cielo formando surcos y dibujos en el aire. Alguien comenzó a llorar en la noche, y tras ese lastimoso quejido se unió un segundo, y después, un tercero.

 

No fue mucho después cuando del pozo comenzó a salir una procesión de almas agonizantes.

 

El gato negro estiró sus patas delanteras en una graciosa postura y se sentó a esperar. Él sabía mejor que nadie las aberraciones que venían al mundo desde ese lugar. El pozo de los condenados parecía la boca de un monstruo, escupiendo almas desechas y lamentos ahogados. Pero el gato no conocía mejor sitio para cobijarse del frío, y huir de las palizas e insultos que recibía por ser lo que era. A la larga, vivir entre muertos le llenaba de gozo más que hacerlo con los vivos…

 

Y teniendo en cuenta su columna vertebral partida desde aquel accidente de coche, era muy probable que aquel asqueroso lugar fuera su nuevo hogar…

 

Ahora, todas las almas giraban alrededor del pozo en una macabra danza, mientras algunas se desgarraban la cara con las uñas, otras se tiraban del cabello y las que menos se dejaban caer al suelo para arrastrarse por la calle como serpientes.

 

Pero tras ellas,envuelta en un haz de luz, un cuerpo esbelto oculto en un sedoso vestido salió del pozo con delicadeza. Sus finos pies descalzos tocaron el suelo, y aquella silueta quedó sentada en el pozo con una sonrisa angelical en su rostro.

 

El gato se alzó de sus patas traseras para aproximarse más a ella y frotarse en su brazo, mientras de su garganta nacía aquel ronroneo ronco que aún le quedaba tras su muerte. Una mano gentil acarició detrás de sus orejas y su cuello, haciendo que el gato se estremeciera de puro placer.

 

Jamás en toda su vida como criatura viva había recibido tanto cariño de un ser humano.

 

-Mi pequeño Bambino, hoy has venido a visitarme.- era tanta la suavidad de su voz, que algunas almas dejaron de lamentarse para parar a escuchar las palabras de aquella criatura tan diferente a ellas. Ella apartó su cabello rubio del rostro, y uno ojos del color del fuego se perdieron en las oscuras cuencas del gato.- Debes tener tanta hambre…-

 

El maullido del gato negro, pese a ser de un animal muerto, sonaba delicado, como el maullar de un gatito pequeño cuando espera ser alimentado. Las almas comenzaron a impacientarse, danzando a mayor velocidad alrededor del pozo.

 

La hermosa criatura alzó la vista al cielo, buscando una luna parcialmente cubierta por la altura de los monstruosos edificios que parecían querer tragarse el cielo.

 

En todas aquellas feas casas vivía tanto alimento…

 

Ella sonrió, mientras alzaba el pequeño cuerpo del gato y lo acunaba entre sus blanquecinos pechos. Abrió la boca, y tras aquella hilera de perfectos dientes salió  un hedor a putrefacción. Pero poco le importaba ya al gato. Él se acurrucó en su regazo, acarició con su morro la barbilla de la joven y se dejó llevar por la ternura de aquel monstruo disfrazado de virtud.

 

Ella sonrió complacida mientras se colaba en la primera casa. Esa noche había Luna de Sangre.

 

Y era la hora de alimentar a su gato.

 

Comentarios

  1. Mabel

    2 abril, 2019

    ¡Impresionante! Un abrazo Azahara y mi voto desde Andalucía

  2. Dites

    18 abril, 2019

    Me ha encantado, impresionante. Bello, hermoso y a la vez terrible, pero lleno de amor y esperanza.
    Mi voto y espero leer más cosas tuyas.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas