El último mensaje en la historia – Capítulo 6: revelación

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No hubo complicaciones en el regreso al refugio. En ningún momento aquel mecanismo dejó su actuación, nunca dejó de “sentir” y su  “dolor” por el daño en su pierna. Tonto instrumento. Al llegar, el joven lo dejó reposando sobre la pared. Este cayó al suelo, agarrando su pierna dañada, como si de verdad pudiera sentir algo ¿Cómo podía el joven dejarse convencer por una mera copia? ¿Acaso no se daba cuenta? La máquina continuo con su actuación diciendo.

–          De verdad duele ¿sabes? Ni la puedo mover.

–          ¿Dijiste que se arreglaría solo no? – preguntó.

–          Si… eso espero.

–          ¿esperas?

–          Quiero decir, así funcionaba antes, pero siempre tarda más. No sé qué le pasa – le dijo, poniendo su máscara de preocupación. Volvió a ver su pierna – ¡¿Será por la fractura?! ¡¿Qué haré si no se repara?! ¡No podré caminar! pero… ¡A mí me gusta caminar!

La máquina golpeaba y pataleaba en aquella esquina, dejando grietas y daño al suelo y la pared. El joven, atento a eso, retrocedió.

–          ¡Tranquilo! ¡Destruirás todo si no te controlas!

De inmediato paró. Vio al joven con una máscara triste, con tal detalle que agregaba las propias lágrimas.

–          ¡lo siento! ¡Lo siento! – repetía – no lo quise hacer. No fue mi culpa.

Sus llantos no paraban. Como un niño pequeño, buscaba excusas y explicaciones mientras pataleaba. El joven reaccionó, creo, de la única forma que podía. A pesar de su estado alucinado, le sonrió y se rió.

–          Tranquilo, tranquilo… De verdad eres un niño pequeño…

–          ¿Cómo?

–          Nada, nada – se acercó a él – No es para tanto, solo no rompas más nada y estaremos bien. Tienes que conservar energía para que te repare… para que te cures.

Él respondió con un movimiento de cabeza. El joven se acercó al mecanismo, arrodillándose frente a su rodilla dañada, estudiándola. Su miraba pasaba de entre la pierna y la cara de aquel mecanismo, él lo miraba con una máscara de curiosidad.

–          No puedo hacer nada para repararla – le dijo – pero quizás pueda hacer algo que te alegre.

Se levantó, arrancando un pedazo grande de tela de su ropa y le pregunto.

–          ¿Es una fractura no? Pues tenemos que tratarla.

Era ridículo. Con dos pedazos de metal y aquella tela, preparó, sobre la pierna, lo más cercano a un torniquete que pudo. Si hubiera estado vivo, aquella cosa hubiera funcionado. La banda ocultaba toda la “herida” de la pierna, manteniendo sus partes en su lugar. Luego de terminar, dijo.

–          Listo, con eso sanará tu fractura.

El mecanismo miró su pierna y volvió a él, perplejo.

–          Sé que no ayudará mucho – siguió el joven – pero quizás te haga sentir un poco…

No pudo terminar antes de que el mecanismo le saltara arriba para abrazarlo. Ambos cayeron al suelo y por un momento pensé que lo mataría. En cambio solo lloraba. Su máscara había cambiado, mostrando ahora un rostro en llantos pero alegre. Una combinación de emociones que casi parecía felicidad.

–          ¡Gracias! – le contestó – ¡Muchas gracias!

El joven solo pudo retornar el abrazo.

Las horas pasaron entre las conversaciones. El joven conoció un poco más de aquella ciudad de los recuentos del mecanismo. Lo que era estar en un lugar donde la lluvia nunca paraba. Su explicación era terroríficas, aun para una máquina. La lluvia consumía todo. A pesar de no dañar a las maquinas, poco a poco los afectaba. Describió el cambio de otros a cosas sin forma por la erosión y el deterioro que los años.

–          ¿Sabes? Muchos pierden sus funciones básicas – explico – Poco a poco, no pueden moverse más y luego quedan atrapados bajo la lluvia – la imagen del mecanismo que persiguió al

–          joven vino a la mente – hasta que los años lo terminan derritiendo. Es algo feo ¿sabes?

–          Nadie quisiera eso – comentó el joven

–          No es lo peor. Los años y el daño hacen cosas raras ¿sabes? mucho recordamos para lo que éramos creados, nuestra… ¿Cómo era? no me acuerdo

–          ¿Su programación?

–          ¡Eso, si! nuestra función, la razón por la que fuimos hechos. Estar ahí afuera tanto tiempo nos cambió, muchos olvidaron lo que eran otros hacían de todo para recuperarlo. Casi todos no podían con no saber qué hacer.

–          Suena a que se volvían loco… si eso es posible para un robot.

A esto la maquina solo pudo contestar con un movimiento de brazos.

–           pero ¿porque no se reparan?

–          No podíamos, no sabíamos. Muchos sabíamos muchas cosas, pero solo cosas específicas. Cosas de nosotros mismo… solo los creadores sabían eso.

–          ¿y tú? ¿nunca te paso eso? ¿volverte loco?

–          Al principio si, le tenía mucho miedo ¿sabes? Todos sufrían por eso. Pero los años pasaron ¡ahora soy feliz! Puedo hacer lo que sea ¿sabes?

–          ¡Como destruir edificios por diversión!

–          ¡Eso fue un accidente! – le reprimió – igual no hay muchos como yo. Mucho prefieren… bueno, no me gusta hablar de eso.

–          ¿tanto extrañan tener una programación?

–          No sé cómo son los creadores – su máscara se tornó preocupada – pero ¿Cómo hacemos si no tenemos función? ¿Qué hacemos? ¿sabes? esas preguntas nos asustaron mucho.

–          Pero no a ti.

–          Ya no me asusta ¿sabes? me asusta otra cosa…

–          ¿Qué?

Un momento de silencio se hizo entre los dos. El mecanismo paso un tiempo sin formar expresión sobre su rostro, solo mostraba su cara liza e inexpresiva. Luego lo miro, con una máscara seria, algo asustada, y le dijo

–          Me gusta como soy ¿sabes? quiero decir, todo eso que hice, todo eso que hago ahora. No lo entiendo bien pero… volver a mi antigua programación, me da miedo.

–          Pensé que eso era lo que querían.

–          pero no es lo único que quiero ¿sabes? Hice muchas ahora, sin programación ¿sabes? antes no podía hacerlo. No sé porque pero me gusta no tener programación. Me recuerda a ustedes, a cuando los creadores estaban.

–          Creo que te entiendo… por eso “sientes” ¿No?

–          ¡Si, exacto! ¿ves? tú me entiendes – dijo mostrando su felicidad en su máscara antes de volver a la cara seria – pero no es solo eso ¿Y si vuelvo al programa y no puedo regresar? quiero poder seguir haciendo las cosas que hago.

–          ¿Cómo derrumbar edificios?

El chiste paso sin risas. La máquina solo miraba al joven, y este, al darse cuenta, se mantuvo en silencio.

–          No quiero volver a eso… – terminó el mecanismo.

Hubo un momento de silencio entre los dos. Por un momento la fogata y la lluvia era lo único que se escuchaba. El joven miro al mecanismo, su cara seria y preocupada. Yo también la vi. Aquel rostro que tanto había visto en otros seres parecidos. Aun siendo una copia la seriedad se veía. El silencio fue cortado cuando el joven dijo.

–          Todos ser vivo… solo quiere seguir siendo. Aun contra la adversidad, hará lo que pueda para seguir siendo…

–          ¿Cómo?

–          Era algo que varios autores decían.

–          No entendí mucho ¿sabes? ¿Qué significa?

El joven respondió con una sonrisa.

–          Significa que, no importa lo que pase, solo sigue siendo tú… – tras un momento – o al menos siempre lo pensé así.

–          Eso no tiene sentido ¿sabes?

–          Me gusta pensar que lo tiene.

Y tras un momento de silencio serie, ambos estallaron de risa. El humano y el mecanismo pasaron las horas hablando. Un ambiente de tranquilidad se formó entre ambos, pero no solo entre ellos. De repente todo alrededor pareció tener esa atmósfera de “todo estará bien”. La he visto una infinidad de veces, repetida una y otra vez antes de grandes triunfos o grandes tragedias. Quizás sea la última vez que se sienta… era mi intención averiguar cuál sería.

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