La rebelión de las heroínas de cuento

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A las 8 cierran la biblioteca infantil.

A las 8.35 el vigilante nocturno comienza su ronda por el colegio vacío.
A las 8.57 abre la puerta del salón de lectura, enciende las luces, se dirige hacia el cuadrado de cojines y recoge un libro con forma de abanico caído en el suelo, luego lo coloca encima de la mesa semicircular que preside la sala, apaga las luces y se va.
A las 9:45 se escucha un leve murmullo en la sala a oscuras. Pasado dos minutos, en la sección amarilla, la de los pequeños, se enciende una luz sobre un libro verde de lomo gastado. 20 segundos más tarde y siete ejemplares más allá, en la misma balda, se enciende otra luz encima de un ejemplar azul oscuro.
Dos minutos después toda la zona de libros con tejuelo amarillo destella en una fosforescencia ambarina que ha contagiado incluso a algunos volúmenes de la zona azul, la destinada a los niños de entre 7 y 9 años.
A las 10 en punto de la noche, una masa brumosa y espesa abandona las estanterías y se posa en las colchonetas de lectura.

  • ¿Estáis todas o hago recuento?
  • No hace falta, Caperucita, creo que estamos al completo.
  • Te lo he dicho muchas veces: no me llames Caperucita. No soy una niña, llevo varios siglos en leyendas. Si lo haces, te llamaré Cenicienta que siendo princesa jode mucho.
  • Bueno puedes llamarme,  Cindy, yo te llamaré… ¿Cómo debe llamarte? ¿La chica de la Capuchita Roja?
  • Ni una coña más o te recordaré que eres princesa por culpa de unos putos zapatos y unos pies deformes de tan enanos. Lástima que no te salieran callos.
  • Venga, chicas, control, que venimos aquí por cosas serias. Ya sabéis que hay una campaña contra nosotras.
  • ¿Qué pasa, Ariel, nos acusan otra vez de corromper a los niños con historias libidinosas y obscenas?
  • No, ahora les preocupa que perpetuemos los roles de género en nuestras historias. Las chicas, o sea nosotras, al parecer somos sumisas y pasivas en ellas y al parecer nuestro único objetivo en la vida es que un príncipe azul liquide a los villanos y nos salve el pellejo.
  • No entiendo nada. ¿Encima de manejar a siete enanos zopencos y convertirlos en ciudadanos limpios y respetables tengo que ponerme a matar dragones? ¿Para que coño queremos a los papanatas de los príncipes si no se encargan de hacer el trabajo sucio?
  • Idiotas, con lo que cuesta aguantar a la abuelita desde que se la zampó el lobo.
  • Ya te lo dije, métela en una residencia.
  • Para mí que detrás de todas estas censuras está el Sindicato de Malvadas de Cuento. ¿Tú que piensas, Aurora? ¡Aurora, despierta!
  • Humm. ¿Qué pasa?
  • Bella Durmiente, estamos debatiendo si puede ser verdad que las heroínas de cuento somos sumisas y sufridoras como dicen las mentes bienpensantes de ahora.  También estamos deliberando si detrás de esa idea pueden estar las maquinaciones de nuestras villanas, vaya como tu archienemiga Maléfica.
  • Humm. Lo cierto es que las chicas en estos tiempos prefieren ser brujas a ser princesas. Es lo chic, lo guay, lo que mola, como dicen nuestros lectores.
  • No lo entiendo, sencillamente no lo entiendo. Las malvadas de los cuentos son desagradables y a veces repugnantes porque representan valores negativos: codicia, ambición, vileza, egoísmo, deslealtad… Fijaos lo que nos hizo aquella tiparraca a Hansel y a mí misma. ¿Por qué gustan tanto?
  • Es que los valores positivos son tan …tan sumamente aburridos.
  • Por favor, Alicia, no frivolicemos que estamos en peligro de extinción y si les dejas, son capaces de mandarnos a la hoguera.
  • Cerillera, no te pongas tan trágica que ya sabemos lo que nos jugamos.
  • Hacedme caso que yo de fuegos y tragedias invernales entiendo un rato.
  • Entonces, chicas, tomemos una decisión antes de que venga el vigilante.
  • Larguémonos, tenemos que dejarlos con sus chorradas. Si desprecian lo que la cultura popular construyo durante siglos, si no se enteran de que en esas historias las chicas somos activas y poderosas no se merecen nuestro respeto y nuestra presencia.
  • ¿Pero que vamos a hacer?
  • Cogeremos el primer vuelo al País de Nunca Jamás y no volveremos mientras ellos no pronuncien la frase mágica.
  • ¿Pero cuál?
  • Díselo, Campanilla, tú la conoces.

(Y si no te gusta lo de arriba, siempre tienes otra posibilidad. En este enlace te la dejo)

Comentarios

  1. Mabel

    23 abril, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Beto_Brom

    9 mayo, 2019

    Hace ya tiempo que no leía algo tan pero tan original.
    Mis 12 PUNTOS quedan otorgados!!!
    Y MI VOTO por supuesto.
    Shalom amigazo

  3. Dr. Krapp

    10 mayo, 2019

    Gracias, comentarios como el tuyo me animan a seguir escribiendo. Hoy mismo publicaré una nueva entrada.
    Un saludo.

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