Suerte

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Eran las once y media, estaba tomando un cafe con una medialuna vieja y miraba la lluvia por la ventana.  A las doce salí a dar una vuelta, caminar con lluvia a la noche me gusta mucho. Iba con las manos en los bolsillos del buzo. Pasé por la casa de un amiga que cumplía años, la saludé y seguí caminando. Llegué al centro, en un kiosco de 24 horas vi que buscaban un empleado. Me quedé hablando con el dueño y me dijo que al otro día empezaba a trabajar. Turno noche. Desde las 23 hasta las 7 de la mañana.

Al otro día fui al kiosco, el dueño me explicó cómo manejar un par de cosas y se fue. Me quedé solo.

Al kiosco no pueden entrar las personas, atiendo a través de la ventana corrediza que da a la calle.

Esa noche también llovía y hacía mucho frío. Dejé la ventanita abierta para escuchar la lluvia mejor.

Me preparé el mate y empecé a tomar. Habré tomado cinco, seis termos…

Al otro día llegué a mi casa masomenos a las siete y media de la mañana y me fui a dormir. Me levanté a la una del mediodía y mientras almorzaba un pedazo de pan que tuve que tostar por lo duro que estaba me di cuenta que afortunado que soy. Además de poder comer, me quedé sin laburo como tanta otra gente pero pude conseguir uno rápido en medio de la crisis que se está viviendo. Totalmente impensado.

 

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    25 abril, 2019

    Muy buen texto. Un abrazo González y mi voto desde Andalucía

  2. The geezer

    26 abril, 2019

    Me ha encantado este relato. Tan acertado todo!! Un saludo y suerte
    César

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