Aromas recuerdos y sabores …

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Tarde gris oscura bien montevideana, entre pocillos de café, mi amigo Marcelo me obsequiaba esta historia de amores, recuerdos y sabores.
– Son los recuerdos de mi infancia, sabés Juan ?…
– Piedras 538, allí vivían mis abuelos, segundo piso por escalera a la derecha.
– “¿Quién es?”, decía mi abuela. “Soy yo”, le contestaba…
La puerta del edificio se abría, y los aromas de la cocina ya se sentían.
El tuco se empieza a hacer a las 9 de la mañana, lleva extracto de tomate, vino tinto, perita fresco, ajo, albahaca y un trozo de carne.
Se debe cocinar lento, muy lento, a fuego bajo y en olla de barro. “La paciencia despierta los sabores”, decía ella entre sonrisas…
De sus fuegos amanecían los perfumes del pan casero, los estofados, las sopas de invierno y el romero dorándose con las papas.
Hoy soy cocinero, sabès Juan ? …
No quise seguir arquitectura y por culpa de estas memorias trabajo en un pequeño restaurante de la Ciudad Vieja.
Cocino todas las mañanas para ella. La imagino que entra por la puerta de mis aromas y se sienta en la mesa de la ventana, esa que mira a la plaza y entra el sol, esa a la que todos los días le obsequio el sabor de mis recuerdos…

Comentarios

  1. Mabel

    9 mayo, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Esruza

    10 mayo, 2019

    Me gusta, muy evocador.

    Mi voto y saludos

    Estela

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