El último mensaje en la historia – Capítulo 9: Una última charla

Escrito por
| 29 | Dejar un comentario
Despertó alterado, levantando la cabeza con fuerza y una mirada de pánico. Rápidamente estudio su alrededor preparándose para lo que vería, pero no había nada. Ni mecanismo, ni peligro y, más sorprendente, ni sonido que le hiciera frente. Estaba silencioso, solo una ráfaga de viento se hacía escuchar pero, en comparación con lo de antes, era más que agradable. Había olvidado como se sentía el silencio. Él estaba impactado, se podía notar.
 
Se levantó, lenta y débilmente, mientras buscaba explicaciones de lo que estaba pasando. Pensará “Quizás esté muerto…” o “Debo estar soñando. Debo estar tirando en aquel techo aún…”, pero era difícil luchas contra lo que veía, contra lo que sentía. No dijo nada de eso, solo continuo caminando, poco a poco, hacia el borde en donde antes había estado. Lo detuvo una molestia en los ojos, una fuerte luz que le hizo cubrírselos. Luego sintió el calor que no había sentido desde hacía ya siglos atrás. Su silencio continúo hasta el borde del precipicio, donde vio el horizonte que antes había visto.
 
Abrió la boca pero ninguna palabra salió, no tenía nada que decir ante lo que veía. Ante él se expandía el horizonte, donde antes había una ciudad, el gran leviatán, ahora había de nueves blancas a sus pies, una que se extendía hacia la lejanía. Sobre el cielo, ya no era una tempestad eterna, no, en su lugar estaba un cielo de un azul tan claro y tan puro que no parecía real. El sol, grande y fuerte, decencia hacia su crepúsculo, aunque aún faltaban horas para esto. Él joven se quedó de rodilla, bañado por el sol. Dijo, sin quitar la mirada del horizonte.
 
– Debo estar muerto… No puede ser cierto… ¿este es el cielo?
 
Se pellizco solo para soltarse rápidamente por el dolor. Ates su sorpresa dijo.
 
– No creo que estoy soñando…
 
Una sonrisa. Sus pies temblorosos pronto lo dejaron caer sobre el pavimento seco. Las lágrimas que caían de sus ojos ya no eran de agonía. Cayó al suelo boca arriba llorando y riendo como un loco. Su grito y su risa llenaron el ambiente, dejándolo en una jovial sensación. No se movió de aquel lugar por un largo tiempo ¿Quién lo haría? Cualquier ser vivo busca siempre algo tan simple como el sol. Déjenlo disfrutarlo.
El tiempo pasó rápido con la grata satisfacción que daba un baño del sol tras una eterna lluvia. Él joven, se sentó de un salto energético y alegre. Por primera vez desde que había salido del bunquer, estaba seco, caliente y feliz. Su estúpida sonrisa emanaba el cariño de un niño al solo verla. Aun así, mirando aquel horizonte con felicidad, había una duda que trastornaba su mirada alegre. La intriga, que comenzó como curiosidad, creció hasta volverse en una obsesión. Reviso su comunicador y dijo.
 
– ¿Sira, me escuchas? – pero nadie contesto – … Aun sin respuesta. Parece que iré solo desde aquí…
 
– ¿Vas a continuar?
 
Mi voz no lo distrajo ni lo perturbó. Respondió de inmediato.
 
– No puedo quedarme aquí, menos estando tan cerca del mensaje.
 
– Puedes estarlo… Ya has llegado hasta aquí ¿no es suficiente? ¿no estas feliz?
 
– No me parece… en especial estando tan cerca…
 
– De verdad eres tonto – dije tras un suspiro – ¿Olvidaste lo que te he dicho? Lo que encontraras allá arriba…
 
– No he olvidado nada de lo que me has dicho… no creo poder olvidar nada de estos últimos días…
 
– ¿Acaso no te da miedo?
 
– Nunca he estado tan aterrado…
 
Con eso y una simple tos, terminó nuestra conversación. Él se levantó, y sin mirarme, solo siguió su camino lento hacia arriba. Ya no había vuelta atrás, nada lo detuvo, nada de lo que yo intentara funciono. Abandonó la habitación, el lugar de su descanso, para seguir con la misión… una misión que ya le pedio demasiado. No tenía forma de cambiar su opinión. Ya no había palabras que lo detuvieran. Decidí no seguirlo, ya conocía la historia en adelante. Solo lo vi desaparecer de la habitación, una habitación que tenía una sola mancha de sangre donde había tosido.
No tardo tanto en alcanzar la puerta. El camino hacia arriba estaba libre de todo obstáculo. Solo hacía falta voluntad para subir. Y al ver aquel joven llegar a los últimos escalones del piso setenta y seis, ya no tenía más duda sobre su voluntad. Lo había logrado. Todo lo que había pasado había llegado a este punto. Lo vi subir las escaleras cansado y sin aliento, algo pálido y adolorido. Su ropa estaba llena de sangre fresca, de heridas viejas que nuevamente se habían abierto. Pero igual mantenía su sonrisa. Su recompensa fue verme nuevamente. Me dedico una sonrisa tierna la cual no pude evitar devolverle. Me dijo caminando hacia mí.
 
– Me imagine que estarías aquí, aunque no esperaba una bienvenida tan bella.
 
– Me alagas – respondí – No podía abandonarte, no cuando falta tan poco.
 
Sentí el silencio incómodo. No pude evitar hablar.
 
– … ¿sabes? al pasar esta puerta terminará todo.
 
– Eso espero. Honestamente, me estoy cansando de subir escaleras.
 
Me reí.
 
– De verdad eres tonto – le dije entre risas.
 
– ¡Creo que es la primera vez que te veo reír!
 
– No tengo tantas oportunidades de hacerlo.
 
Le dije devolviéndole la sonrisa. Se dejó caer sobre la pared frente a mí. Miraba la puerta con intensidad, llenando su mente de cualquier número de preguntar. Luego me miro a mí y su sonrisa volvió. Una sonrisa cansada pero honesta. Cualquier chica se sonrojaría al verla.
 
– Creo que me equivoque sobre ti – me dijo.
 
– ¿A qué te refieres?
 
– No creo que seas un ángel de la muerte. No creo que pude haber llegado tan lejos con un ángel de la muerte acompañándome.
 
– Yo no he hecho nada – le dije con una voz suave – Tu llegada aquí es por tu propia fuerza y tu propia voluntad. Lograste dominar todo lo que se te oponía.
 
– Suena muy agresivo si lo dices así – dijo riendo.
 
– Ustedes siempre fueron así. Lograban cosas magnificas a pesar de las circunstancias. Quizás la voluntad era su única motivación… tengo que preguntar ¿por qué hacen las cosas que hacen?
 
– No sabría decir… ¿por eso me acompañaste?
– En parte….
 
Se dirigió hacia mí. Dejándose caer en la pared a mi lado. Siguió hablando.
 
– Si tuviera que decir… creo que no hay un gran secreto. Solo no perdí las esperanzas. O por lo menos en mi caso… por los demás no puedo hablar. Pero creo que todos hacemos algo por que tenemos esperanza en ello.
 
– ¿Entonces tienes esperanza? – pregunte – ¿algo de fe de lo que hay detrás de esa puerta?
 
No respondió. Solo miró aquella puerta esperando la respuesta de ella pero el silencio pronto se hizo insoportable para él.
 
– Tengo esperanza… de encontrar algo del otro lado. Sea lo que sea, tendrá que ser suficiente…
 
– Yo te he dicho lo que hay del otro lado.
 
– Bueno… nadie es perfecto.
 
El silencio volvió. Cubriéndonos a los dos mientras él buscaba las palabras correctas.
 
– ¿Sabes que es lo peor de todo? Que te creo… Ya entrando por esa puerta, espero lo peor.
 
– Entonces ¿Por qué sigues?
 
– No quiero que eso sea el final ¿sabes? Ya todo lo demás termino. Lo vi yo mismo. No queda más nada allá afuera… Pero no puedo no hacer nada. Si yo también tengo que irme, al menos quisiera ver un futuro antes de irme… A este punto aceptare cualquier cosa, pero quiero pensar que las cosas seguirán aun después ¿sabes?
 
– ¿aunque nadie lo recuerde?
 
– Habrá alguien, siempre hay alguien… Además, pienso sobrevivir después de esto.
 
– Yo…
 
– No… ya no necesitas decir nada… Ya has hecho suficiente.
 
Con algo de esfuerzo se levantó de la pared. Elevándose todo lo que podía y dirigiéndose a la puerta. Su rostro se tornó serio. La miraba casi como un guerrero ve a su enemigo eterno, preparados para matarse entre sí. Pero aún no entraba. Volteo a mirarme, relajando su rostro y dedicándome una sonrisa.
 
– Pero gracias por acompañarme. Creo que voy a extrañar a mi alucinación.
 
Con esas palabras entró al piso setenta y seis

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas