La casa de la Señora Maricruz. Capitulo 2

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El Mopri se hallaba en la casa con su vecino apodado “nalga e gallo” totalmente inconsciente.  Decide asomarse a la puerta para observar el panorama cuando de repente una turba frenética corre de un lado a otro, el Mopri  pregunta;

¡Qué ocurre!

Un curioso que corre le responde;

¡Estamos así porque “mica” la vecina que  vive en la loma estaba embarazada y el doctor “José Gregorio Hernández”  invocado por la médium le hizo la cesárea!

Al parecer muchas personas del barrio eran devotas de san Gregorio, de vez en cuando se presentaban esos alborotos donde la gente especulaba  diciendo que  aparecían hasta los algodones que el santo utilizaba en las operaciones.

Eso lo podía aprovechar el Mopri para salir un momento y dejar a “nalga e gallo” fuera de su casa. Sin pensarlo mucho dejó medio cerrada la pequeña reja de madera que daba a media puerta y sale con su vecino caminando el cual parecía un sonámbulo y lo deja sentado frente a los frondosos árboles de “Clemón”, aquellos que tienen las hojas en forma de corazón que se hallaban justo en frente de su casa antes de llegar a la carretera.

En medio de la multitud deja al hombre sentado en posición boca abajo y lo recuesta. Disimulando ser otro asistente al maremágnum de san Gregorio y su supuesto milagro camina lentamente para regresar a su casa. Cuando entra ve que   la señora Maricruz ya había llegado se su diligencia y de inmediato esta increpa a su marido por dejar el negocio solo con el cuadro a merced que alguien pueda verlo.

El Mopri no le prestó atención y siguió con su descarada tarea de rendir la leche, mientras que la señora Maricruz colocaba el mencionado cuadro en el sitio de costumbre con la respectiva toalla que lo cubría. Después del incidente se san Gregorio los vecinos vieron movimientos extraños en la casa de la pareja en mención.

Ambos salían y entraban constantemente mostrando una desesperación, nadie sabía que les afligía para actuar de esa manera. Un lunes como de costumbre abrieron su ventorrillo  a las seis am pero de un momento a otro una hora después cerraron intempestivamente. Por un largo rato un silencio se sintió en las afueras de la casa cuando de pronto se escucharon unos gritos y unos quejidos espeluznantes que ponían los pelos de punta, los pocos asistentes que se acercaron a la terraza de casa no podían dar explicación de lo que pasó. Es más hubo un vecino que le tocó la puerta a la pareja pero no abrieron hasta casi el mediodía.

El día transcurrió con esa novedad y por la tarde el Mopri salió de su casa con un costal en el hombro y tomo un autobús en el paradero que se hallaba a unos metros de su casa. Se subió sigilosamente pero muchos vieron cuando se marchó en el mencionado transporte.

La ruta que tomó quizás no sería otra que la del mercado, era común ver al Mopri alzar el vuelo a esas horas para regatear los precios de las mercancías en la plaza ya que supuestamente eran más baratas. Pero la actitud del mencionado hombre era muy sospechosa contaban los que alcanzaron a verlo cuando subía sus pesadas piernas al autobús.

Luego de varias horas por fuera de su casa el hombre regresó con las manos vacías, lógicamente no estaba comprando víveres para la tienda ni mucho menos estaba de paseo, la cara que trajo fue de consternación hasta el punto de caminar con largos pasos sin saludar a nadie, en ese trayecto era azotado por un terrible ataque de tos.

Cuando entra a su casa de inmediato cerró la puerta principal y la ventana del negocio,  dando muestra de enojo o quizás algún problema que resolver. Paso seguido apagó la luz que iluminaba su terraza como también las luces del interior de la casa. Algo inusual porque por las noches ellos se sentaban en la sala, la señora Maricruz a coser con aguja en mano colchas de retazos de tela de varios colores  y el Mopri a llenar los crucigramas que no alcanzó en la mañana.

Esa noche fue algo inusual no ver a la pareja en su rutina, la calle se apagó temprano y todos los  vecinos se extrañaron con el acontecimiento. Pero esa tranquilidad pronto se rompería ya que nuevamente se escucharon los ruidos que habían roto la calma en horas de la mañana pero esta vez sonaban más espeluznantes.

¿Cuál era el origen de esos ruidos extraños?

Esa pregunta era difícil de responder, además la noche se oscurecía profundamente cosa que hacía terrorífico aquel momento, nadie se atrevía a levantarse para mirar el origen de los ruidos.

A la mañana siguiente una bruma ligera se posaba sobre las calles aledañas y como cosa rara ya pasaban más de la seis de la mañana y la señora Maricruz y el  Mopri no abrían al negocio. De nuevo los vecinos comenzaron a sospechar que algo muy extraño rodeaba a la pareja, ya eran reiterados los acontecimientos anormales en dicha casa.

Al ver la demora en la apertura del ventorrillo algunos  curiosos se acercaron a la casa y tocaron en varias oportunidades, pero sus llamados no tuvieron efecto nadie salió. Por ese día y los veinte días subsiguientes  la casa no se abrió más.

Al día veintiuno se reunieron una gran cantidad de vecinos para tratar de averiguar que pasaba con la pareja y si era cierto que todavía habitaban en dicha casa, nuevamente tocaron pero con mucha más insistencia y por enésima vez nadie respondía.

A esa altura se hacían conjeturas sobre lo sucedido con la pareja y como se  había aislado de la comunidad sin motivo aparente, un tufillo de misterio se posaba sobre este caso. Como de costumbre no faltó el exagerado que propuso llamar a un sacerdote para que viniera y examinara la situación.

Los demás sin pensarlo dos veces acogieron la propuesta y el encargado de buscar al clérigo no sería otro que “Nalga e gallo” ya que este quería entrar de nuevo a la casa y descifrar el misterio del cuadro que no pudo resolver la vez pasada que entró a dicha casa.

El cura solo se presentó como a las cinco de la tarde debido a sus múltiples ocupaciones, de inmediato se posó en frente de la casa y emitió la frase;

¡En este lugar, hay malas energías!

Sin perder tiempo se armó con un crucifijo en la mano derecha y un rosario en su mano izquierda, a medida que se acercaba a la entrada con sus sigilosos pasos rezaba el ave maría para protegerse.

Los presentes no daban crédito a lo que ocurrió acto seguido, el sacerdote fue expulsado varios metros cuando tocó la puerta cayéndose aparatosamente enredado con su pesada sotana.

Los vecinos trataron de levantar al cura, pero este groseramente les ordena no hacerlo y sin musitar palabra se  limpia el polvo que se le pegó en su vestidura. El religioso perturbado por lo sucedido insiste en  acercarse a la entrada y tocar otra vez a ver si alguien responde.

Pero el resultado fue el mismo, y esta vez fue sacudido con mayor brusquedad a tal punto que casi queda desmayado. Al ver esto todos salieron corriendo y dejaron solo al capellán  tirado en el piso, mientras tanto “nalga e gallo” miraba de reojo y fue el único que se acercó a él ayudándolo a incorporase luego de semejante totazo.

La situación pasó de castaño a oscuro cuando el cura dio su dictamen;

¡Aquí se necesita un exorcismo!

¡Hay que quemar mucho incienso en esta casa!

Decía en un tono muy serio el cura, además comentaba que las malas energías que rodeaban la casa hacían imposible que un hombre de dios sin la preparación suficiente no alcanzaría entrar e indagar que pasó con la pareja. Por eso cierra sus ojos y se despide de los presentes recitando un versículo de la biblia “1 de juan 3:10 En esto se reconocen los hijos de dios y los hijos del diablo: Todo aquel que no practica la justicia, no es de dios; tampoco aquel que no ama a su hermano

Aquel presagio fue aprovechado por “nalga en gallo” el cual  distorsiona el dictamen del cura y  al día siguiente reúne a los curiosos que estuvieron en la algazara  y les comenta;

¡La casa hay que “quemarla” arrojando abundante incienso!

Pocos lo apoyaron en esa idea y se preguntaban si en realidad el cura había dicho eso en serio, por más que insistía “nalga e gallo” fueron pocos los que decidieron darle una mano con ese macabro plan.

El susodicho al saber que no tenía el respaldo de los vecinos guardó silencio y se dispuso a ejecutar lo que tenía en mente, maniobró con cautela y preparó todo lo necesario para dar el golpe esa misma noche.

La noche cayó con cautela y las esquinas se hallaban opacamente iluminadas por las destartaladas pantallas que colgaban de los postes, la borrasca que se avecinaba entristecía todo el panorama. Eso no fue impedimento para que “nalga e gallo” sorteara las precipitadas gotas de llovizna que empezaban a caer y sin mostrar temor a la oscuridad  se escondió en las sombras de una maleza que se hallaba a pocos metros de la casa en mención.

En ese lúgubre sitio espero a que la oscuridad fuera su cómplice, así podía   empezar a quemar la casa arrojando Kerosene como combustible y el fuego lo sacaría de unos cerillos largos de esos que solo encienden con frotarlos en su caja.

Al parecer nadie lo vio cuando ejecuta su papel de pirómano, sin tenerle miedo a lo anunciado por el cura, aquel hombre estaba enceguecido y su única intención era quemar la casa hasta que quedara  en ruinas, de esta manera podía  entrar  para sacar el misterioso cuadro que celosamente la pareja de dicha casa guardaba con mucho misterio.

Tal cual lo planeó encendió la casa y esta se quemaba lentamente esparciendo una gran nube de humo que se propagó por todo el barrio, ese olor a madera chamuscada fue la alarma para que los vecinos empezaran a acercarse para mirar como las llamas consumían la casa con todo ese arsenal de cosas interesantes que había en su interior al igual que sus dueños.

La policía fue alertada y por radioteléfono le hicieron un llamado a los bomberos que se tardarían en llegar por lo alejado que se hallaba la estación. Debido a esto los vecinos se organizaron en una cadena humana para lanzar agua con cualquier recipiente para apaciguar el fuego que consumía sin piedad la fachada, las ventanas, el techo y todo aquel material inflamable que avivaba la llama.

A pesar de la fuerza de la llamas no se observaba ningún movimiento desde el interior y los espantados vecinos veían con asombro que nadie salía como si los propietarios de la casa no estuviesen allí dentro.

Luego de unos quince minutos tal vez se presentó una pequeña máquina de bomberos  y empezaron su protocolo para aplacar el fuego que lamentablemente los vecinos no lograron apaciguar a pesar de su gran esfuerzo.

A todas estas “Nalga e gallo” observaba todo lo que sucedía escondido en la maleza y no se atrevía a presentarse en el sitio de los hechos porque su ropa y sus manos emanaban olor a Kerosene lo que lo hacía sospechoso a pesar de que la gente ya presentía quien era el responsable, sobre todo aquellos que asistieron a la jarana que se formó en la casa cuando el cura llegó a hacerse cargo del misterio que rodeaba a la pareja.

Al fin los bomberos con el agua que trajo en el tanque del carro lograron calmar un poco el incendio, en ese momento nuevamente los vecinos se acercaron ayudando arrojando agua para culminar con el fuego definitivamente. Allí en ese instante aparece “nalga e gallo” en escena y muchos vecinos se le vienen encima culpándolo de ser el responsable de la incineración  que consumió casi en su totalidad  la casa del Mopri y su esposa, que a esas alturas brillaban por su ausencia.

Varios vecinos agredieron a “nalga e gallo” por el hecho y no lo dejaron entrar a la casa, por su parte solo el encargado del carro de bomberos logro entrar a la estropeada casa y en voz alta le habla a la muchedumbre;

¡Todo está quemado!

¡Ya he revisado y no se observan restos de personas que pudieron perecer por el fuego!

¡Si ustedes quieren entrar, vengan y cerciórense ustedes mismos!

Era cierto que todo estaba quemado, pero para asombro de todos lo único que sobrevivió al feroz incendio fue el famoso cuadro que la pareja formada por el Mopri y la señora Maricruz cuidaban en exceso.

Muchos de los presentes por fin podían observar de frente la mencionada pintura que era un lienzo antiguo pintado con una técnica desconocida donde los objetos pintados parecían moverse, lógicamente eran ilusiones ópticas las cuales representaban escenas de la divina comedia la obra cumbre del poeta italiano Dante Alighieri, este afamado artista que vivió a finales del medioevo y en su obra contaba las aventuras de un viaje trascendental en el que el autor visita “El infierno, El purgatorio y el Paraíso” guiado por el poeta romano Virgilio. Esto dejó boquiabiertos a los presentes, pero uno de ellos detalló el cuadro con atención y logró mirar que en dicha pintura también se hallaban dibujados el Mopri y la señora Maricruz rodeados de varios gatos.

Era tal la finura de la obra que para observar a la pareja había que concentrase para lograr verlos, aquello no tenía explicación y de nuevo empezaron las conjeturas con respecto a la pintura. Tal vez por eso los dueños no dejaban ver dicho cuadro o acaso quizás;

¿Ellos entraban y salían cuando querían de la imagen?

Esa fue la versión que tomó fuerza aquella fatídica noche y durante mucho tiempo en el barrio no se habló de otro tema.

Eso no lo esperaban los vecinos que asombrados quedaron rodeando el cuadro mientras que “nalga e gallo” malogrado por el arrume de golpes que recibió fue el único que no logró ver la pintura. Mientras tanto un vecino se encargó de traer  nuevamente al lugar de los hechos al sacerdote y este sin pedir permiso a nadie tomó el cuadro con la excusa de llevarlo a la curia para ser estudiado por expertos en el tema.

Lógicamente quedaron muchas preguntas e interrogantes que no se pudieron resolver, como también nunca se supo del paradero de la señora Maricruz y el Mopri, es más  después de varios años de aquel acontecimiento los vecinos al pasar por el lugar aligeran el paso para no ser tocado o atrapado por las mala energías que dicen que deambulan en aquella desvencijada casa.

Comentarios

  1. gonzalez

    23 mayo, 2019

    Me gustó mucho, amigo. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

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