Sobre un manto blanco que cubría el caserío entero. Divise tú andar acompasado. Llevabas prisa. Alguien esperaba, tú presencia.
Capaz pensaste que era yo, en aquella sierra baja. Solíamos ver juntos los vaivenes de el gentío. Pues tenías razón. Era yo. Pero aún no estaba acostumbrado a tú ausencia. Menos aún, verte entrar a la casa de aquél, que alguna vez, fue amigo mío.
Me concentro en cada único copo. Que despide de él un inusual brillo.





Mabel
Muy buen texto. Un abrazo Juan José y mi voto desde Andalucía
Esruza
¡Qué terrible es la traición!
Mi voto